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Causas y consecuencias de la pérdida de valor de la información periodística

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Uno de los fenómenos por los que la industria del periodismo se encuentra en su actual crisis es por la pérdida de valor de la información periodística. Ya hemos hablado alguna vez de ello, por ejemplo aquí o aquí, y es que cada vez hay menos gente dispuesta a pagar por las noticias, al menos en esta primera fase del cambio de paradigma hacia la red. Sobre este asunto, queremos destacar el excelente estudio publicado hace poco en ThinkEPI La pérdida de valor de la información periodística: causas y consecuencias, realizado por Andreu Casero-Ripollés, profesor titular del Departamento de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Jaume I de Castellón, donde, además, es vicedecano y director de la titulación de Comunicación Audiovisual.

Entre las causas de la pérdida de valor de la información periodística, Casero-Ripollés destaca:

  • La enorme cantidad disponible de información en internet ha provocado una sobreabundancia de la misma y ello ha motivado un descenso en el nivel de exigencia del consumidor, llegando al extremo de que “la profundidad, la interpretación, el análisis o la calidad de la expresión lingüística se han convertido en aspectos secundarios para una parte de la audiencia”.
  • La pérdida de la credibilidad de los medios periodísticos convencionales, motivada principalmente por la mercantilización y politización de los medios. Los ciudadanos dejan de confiar en los medios convencionales y buscan alternativas en “los soportes digitales, el periodismo ciudadano y alternativo y los medios sociales”.
  • La ausencia de un modelo de negocio del periodismo digital en internet. Más de quince años después de que los primeros medios abrieran sus páginas web, todavía están buscando un modelo de negocio viable que les permita conseguir beneficios en cantidad suficiente para compensar las pérdidas del offline. Ese modelo viable tiene que contemplar cómo motivar a los lectores para que paguen, algo a lo que no están muy dispuestos, pues “la abundancia de información disponible en línea unida a la igualdad excesiva de oferta entre los diferentes medios agudiza esta escasa disposición al pago”.

Esa pérdida de valor de la información periodística trae consigo una serie de consecuencias:

  • Pérdida de calidad de la información periodística. Parece algo evidente que si juntamos un público poco exigente y puede que aún menos dispuesto a pagar por las noticias, la calidad de la información periodística se va a ver resentida, dando paso a “noticias de bajo coste, poco densas, insuficientemente relevantes y orientadas en términos comerciales”.
  • Fragilidad de las empresas periodísticas en términos de negocio. El “producto” ofrecido por las empresas periodísticas es la información periodística y cuando ese producto pierde valor, la sostenibilidad de la industria del periodismo está en duda, máxime cuando “la respuesta dada por las organizaciones mediáticas a esta situación de dificultad, centrada en la reducción de costes, lejos de ser una solución profundiza en esta debilitación”
  • Acentuación de la concentración de las audiencias en las marcas periodísticas más fuertes. Aquí, Casero-Ripollés nos explica la paradoja de que la sobreabundancia de información está favoreciendo la concentración de medios, antes que la diversificación, como parecería lógico. Esto es así porque, en última instancia, la marca sigue siendo muy importante y aquellos medios globales y con prestigio son los que siguen arrastrando a los lectores en detrimento de los medios pequeños, y este fenómeno pone en peligro la pluralidad informativa.
  • Debilitación de la profesión periodística. Ser periodista es hoy en día más complicado que nunca, tanto por la fuerte crisis del sector que está deteriorando las condiciones laborales de los periodistas profesionales como por “la proliferación de nuevos actores informativos en línea que amenaza el monopolio de los periodistas sobre las noticias”.
  • Abandono de algunas de las funciones sociales y democráticas del periodismo. Con el periodismo luchando por su supervivencia, es difícil que pueda cumplir con su función social. “Por lo tanto, la pérdida de valor de la información periodística no sólo conlleva efectos económicos sino también democráticos”, apunta Casero-Ripollés.

Un texto muy recomendable que puedes leer íntegro en este enlace.

 

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Cómo organizar y gestionar tus fuentes de información

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Es bien sabido por todos los lectores del blog que nos encontramos en la era de la sobreabundancia de información, por lo que es una cuestión vital saber cómo organizar y gestionar tus fuentes de información. Lo que antes de internet se podía conseguir conservando recortes de periódico o fotocopias, ahora se convierte en una tarea mucho más exigente; decenas o cientos de blogs, columnas de opinión, artículos, tuits, infografías, archivos de audio y vídeo… Consumimos muchos contenidos a lo largo del tiempo y es necesario disponer de herramientas para poder archivar, organizar, compartir y recuperar esos contenidos cuando sea necesario. Para un periodista, es una labor incluso más crítica, pues debe poder acceder a toda la información de su archivo de forma rápida y sencilla; no es algo que podamos confiar exclusivamente a nuestra memoria.

No es la primera vez que hablo de este asunto. Hace algo más de un año, hablaba de mi dieta informativa y unos meses después de ese post,  de algunas herramientas para procesar, compartir y archivar información; desde entonces he ido perfeccionando el método y creo que ya está lo bastante maduro para poder hablar de ello en el blog.

Recibir y clasificar la información

El primer paso es elegir una buena plataforma para en la que unificar tus fuentes y tus lecturas. Yo he apostado por Feedly, que se ha convertido en el heredero más aventajado del Google Reader. A través de Feedly recibo las actualizaciones de más de 70 fuentes diferentes de comunicación y tecnología, que puedo consultar desde mi smartphone, la tablet o cualquier PC con conexión a internet. He terminado tan a gusto con Feedly que incluso me he suscrito al servicio Premium, que por poco más de 35 euros al año me permite buscar entre los feeds archivados y se integra con Evernote, como explicaré más adelante. Además de Feedly, Twitter es la otra gran herramienta con la que accedo a la información. Con más de 175 cuentas seguidas y subiendo poco a poco, mi timeline está salpicada de grandes y pequeñas historias, e intento consultar Twitter tan a menudo como puedo. Y por supuesto, sigue quedando el descubrimiento a través de recomendaciones de los amigos en redes sociales o la navegación sin rumbo en la que acabas llegando a textos interesantes.

En cualquiera de los casos, es necesaria una manera de poder guardar y recopilar aquello que me interese conservar y Evernote se ha convertido en la aplicación de referencia donde archivo todo lo que leo y considero que puede ser de interés. He creado una estructura de libretas en las que dentro de la carpeta de tareas, incluyo tres libretas con las tres acciones más comunes cuando encuentro un texto de interés: Para leer significa que merece una segunda lectura más atenta, pues puede ser materia para un post; y las carpetas Para Hootsuite y Para Spundge donde mando aquellas entradas que quiero compartir en el futuro. Como a Evernote también puedo acceder desde cualquier dispositivo, puedo consultar todas esas notas cada vez que tengo un momento libre.

Compartir y archivar la información

El siguiente paso es compartir esa información que he considerado de interés. Para eso, sigo usando Hootsuite, que me permite con apenas dos o tres clics, programar contenidos y enlaces que considere interesantes para los seguidores del blog en redes sociales. Durante estos primeros días de septiembre aún no he comenzado a compartir enlaces, pero a partir de esta semana retomaré el hábito así que si quieres recibir contenidos de calidad, no dudes en seguirme en Twitter o Facebook.

Además de Hootsuite, también continúo usando Spundge, en la que mantengo el cuaderno Periodismo sobre periodistas, con una recopilación de entrevistas, vídeos y tuits en los que los periodistas son los protagonistas. Lo que me gusta de Spundge es su facilidad a la hora de añadir contenidos al cuaderno y que es muy visual, como puedes comprobar en la captura que acompaña este post. Pienso que aún quedan cosas por mejorar en la plataforma, como el tema de los idiomas, pero creo que tiene mucho futuro para crear este tipo de archivos visuales, que es la idea detrás de Periodismo sobre periodistas: mantener un archivo continuado de enlaces en los que poder leer y escuchar a periodistas hablando sobre periodismo.

Esa función, la de archivo, no solo la realizo a traves de Spundge; tanto Evernote como el propio Feedly me sirven como archivo para todo aquello que quiero conservar. Gracias a la función de búsqueda del Feedly premium y a la potente búsqueda en las notas de Evernote, estoy seguro de que podré encontrar cualquier cosa aunque hayan pasado meses o años… siempre que lo haya archivado correctamente, claro. Además de eso, Scrivener sigue siendo la herramienta donde escribo cada post y el repositorio en el que puedo encontrar rápidamente una cita de Pepe Cervera sobre la que escribí hace dos años o lo que publiqué en junio sobre el futuro del periodismo. Algo esencial para no repetir temas innecesariamente en el blog.

Con todas estas herramientas puedo decir que me mantengo informado y que controlo todo lo que leo, clasificando, compartiendo y archivando la información. Espero que te haya sido de ayuda y si conoces alguna otra herramienta que pueda ser útil para organizar y gestionar tus fuentes de información, no dudes en compartirla en los comentarios.

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Tres herramientas para procesar, compartir y archivar información

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Leo el post de Enrique Dans sobre el RSS que se resiste a morir y su defensa del Google Reader y recuerdo cuando hablé de mi dieta informativa, donde señalé que el Reader constituía el plato principal de la misma y mi fuente primaria de información. Hoy, eso no ha cambiado en absoluto y el Reader es de consulta diaria obligada para poder procesar toda la información acerca de los temas que me interesan. Pero algo sí ha cambiado desde que escribí sobre mi dieta informativa, y es que ahora uso dos herramientas nuevas para compartir y archivar aquellos items informativos que me parecen de especial interés: Hootsuite y Spundge.

 

 

Ya había configurado mi cuenta de Hootsuite antes del verano, y ha sido a partir de septiembre que he empezado a usarla con asiduidad. Primero para poder compartir las actualizaciones del blog en redes sociales y después, y cada vez con más frecuencia, para compartir contenidos relacionados con el periodismo en las cuentas de EScomunicación en Facebook, Twitter y Google+. Creo que ahora ya he empezado a coger el truco a este último uso, y llevo unos días con un ritmo regular de publicación de mañana y tarde, gracias a la facilidad con que se pueden programar las publicaciones en Hootsuite.

 

 

Al mismo tiempo, continúo usando Spundge, que me parece una herramienta con mucho futuro a poco que empiece a extenderse su uso entre los periodistas, que por algo está pensada para ellos. Ya hablé en su momento de Spundge en este post y en este otro usé un cuaderno creado para hablar sobre el Meeting Point By Ono de Periodismo 2.0. A su vez, en la columna derecha tenéis El cuaderno de EScomunicación, donde recopilo noticias de interés y que me está sirviendo para crear un gran portafolio con entrevistas, noticias y vídeos sobre el cambio de paradigma del periodismo que me está siendo de gran utilidad para tener ordenadas mis ideas y poder archivar información.

 

Procesar información, compartir información y archivar información. No sólo los periodistas del futuro tendran que saber cómo hacerlo, cualquier profesional deberá tener esas habilidades digitales si quiere prosperar en la era de la sobreabundancia de información, y Google Reader, Hootsuite y Spundge son tres herramientas que te permitirán hacerlo.

 

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Por qué el precio de la información es cero

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Durante cientos de años, nos han enseñado que todo tiene un precio y que lo barato sale caro. Por eso, estamos condicionados para sentir rechazo hacia el regalo y lo gratuito. Todo ello tenía su sentido en una economía de la escasez. Pero, en lo que a producción intelectual se refiere, hemos entrado en una economía de la abundancia. Vivimos en una era de sobreabundancia de información.

Es Economía básica. Si un bien es escaso, su precio crece. Si un bien es abundante, su precio disminuye. En el caso de la información, no hay bien más abundante en la era del zettabyte.  Su precio ha bajado a cero, pero su valor no hace más que crecer. Consumimos más información que nunca en todos los soportes imaginables. El público demanda información, pero a su precio, y el precio que ha fijado el mercado es cero.

Esto va a transformar el panorama de los medios de comunicación y los proveedores de información. El modelo que ha funcionado desde finales del siglo XIX ya no funciona. Las grandes infraestructuras de los mass media ya no son ni operativas ni rentables.

Pero va a costar cambiar nuestra mentalidad. Se va a hacer lo imposible por seguir cobrando por la información. Se va a justificar el cobro por mantener infraestructuras obsoletas e imperios mediáticos. Se va a intentar limitar la libre circulación de la información. La lucha va a ser feroz entre quienes quieren mantener lo que hay y quienes apuesten por lo nuevo y lo único seguro es que nada volverá a ser lo mismo.

El problema ya no es llegar al público, es conseguir que te encuentren

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Los medios de comunicación han funcionado durante cientos de años en base a un paradigma unidireccional, ejerciendo de gatekeepers entre un emisor y un receptor bien diferenciados. Hasta no hace mucho tiempo, aquello no aparecía en los medios no existía y el problema con el que se enfrentaba cualquier organización era cómo llegar al gran público. La irrupción de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) ha dinamitado ese paradigma.

En la última década hemos asistido a la irrupción de distintas plataformas de publicación, que han acercado al emisor y al receptor del paradigma tradicional más que nunca. Al mismo tiempo, la popularización de los smartphones y las tabletas han hecho que el uso de internet sea cada vez más móvil y menos en el ordenador, y ha sumado a la red a un sector de la población que, si no fuese por sus dispositivos móviles, seguiría desconectado. En resumen, cada vez hay más gente conectada y cada vez es más fácil llegar a ella.

Para los medios de comunicación, esto ha supuesto perder el monopolio del público. No es necesario comprar un anuncio a toda página en el diario para llegar a un millón de personas, puedes conseguir el mismo impacto con una campaña en youtube. Para las marcas, los medios se han convertido en un canal más, y no siempre el principal. Y ocurre lo mismo con los periodistas.

Ante la crisis generalizada de los medios tradicionales, muchos periodistas se están lanzando a la aventura de construir sus propios medios de comunicación. Los avances de la tecnología han derribado las barreras económicas: un medio digital hoy en día puede funcionar por menos de un millón de euros, una cantidad muy alejada del capital que habría que desembolsar por una licencia para radio o televisión, o los costes fijos de un periódico de papel.

Y tampoco es necesario llegar a esos niveles. Un periodista puede tener su bitácora personal y funcionar como un medio de comunicación, bien afiliándose a un medio más grande o trabajando en solitario gracias a herramientas como el crowdfounding. Jordi Pérez Colomé es el ejemplo más destacado que me viene a la mente en nuestro país. No está de más recordar que publicar ya no es un trabajo, es un botón.

El problema ahora ya no es llegar al público, sino conseguir que el público te encuentre. Ante la sobreabundancia de información, hay que buscar la forma de conseguir llegar a la audiencia, y eso se consigue con periodismo contrastado y trabajado. Igual que se ha hecho toda la vida. No hay atajos fáciles para construir una audiencia y tanto para un medio como para un periodista singular, la única receta es trabajo, trabajo y más trabajo. Solo generando una huella digital profunda y basada en los elementos esenciales del periodismo, podrás conseguir que te encuentren.

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La mínima unidad informativa y el umbral de saciedad

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Después de leer a Jeff Jarvis y su post Past the page me he quedado pensando en cuál es la mínima unidad informativa. Jarvis sostiene en su texto que los modernos sistemas de búsqueda por voz modifican por completo la actual estructura en la que esa unidad es la página. Los medios de comunicación han pasado de vender al público paquetes de información -periódicos, boletines de radio, informativos de televisión- a intentar que accedan a una página, cualquier página, y que de ahí pasen a otra, permaneciendo en la web el tiempo suficiente para justificar las tarifas que cobran a los anunciantes. Pero al igual que la red ha dinamitado el modelo del paquete de información, la búsqueda por voz dinamita el de la página como unidad informativa. Para Jarvis, la posibilidad de conocer, por ejemplo, el resultado del partido de ayer a través de estos sistemas supone una pérdida para los medios de comunicación, cuyo valor de cara al usuario cada vez se reduce más. Creo que es un poco exagerado, pero no le falta parte de razón. Eliminado el paquete y eliminada la página, ¿qué unidad informativa mínima nos queda?

Pensemos fríamente. Usamos los medios de comunicación para estar informados, pero en muchos casos es por pura inercia, ya que estamos acostumbrados y condicionados a informarnos a través de ellos, después de más de un siglo de medios de comunicación de masas. Hoy en día, se puede estar informado sin necesidad de recurrir a los medios de comunicación tradicionales, y esto es así porque la unidad mínima informativa es cada vez menor. Lo dije hace año y medio: “Antes, para estar “informado”, había que consumir un producto informativo cerrado y delimitado en espacio y tiempo, léase telediario, periódico o boletín radiofónico. Hoy, cualquier persona que desee estar informada sólo ha de elegir con cuidado las fuentes de su dieta informativa y lo estará dónde y cuándo desee, sin necesidad de señales horarias o primeras ediciones”. El paquete informativo ya ha perdido su sentido. ¿Qué unidad nos queda que sea inferior?

[pullquote]El umbral de saciedad informativa marca el punto a partir del cual uno puede considerarse informado y es siempre una consideración subjetiva de cada uno[/pullquote]

Esa unidad sería la página, la noticia singular que consultamos en un momento dado. Pero si aceptamos la tesis de Jarvis de que la página pierde su valor, ¿cuál es la siguiente unidad informativa? El titular. Es algo lógico que el titular sea la mínima expresión a la que puede reducirse una noticia, ya que de siempre ha sido el resumen máximo de la misma. Por tanto, a nadie debe sorprender que sea la mínima unidad informativa, pero quizás sí cuando diga que se puede estar informado a través de titulares.

Puede que esto resulte una aberración para muchos, pero permitid que intente explicarme, porque cuanto más lo pienso, más sentido tiene. Partimos de un hecho conocido como es la sobreabundancia de información, tantas veces tratada en el blog. Esa sobreabundancia hace que tengamos acceso a la información a través de múltiples canales, uno de los cuales son los medios de comunicación, pero no el único. En nuestro quehacer diario, estamos expuestos a todos esos canales y cada uno de nosotros elige a través de cuál de ellos se informa y en qué cantidad; esto es, sacia su necesidad de información. Antes, cuando había pocos canales, el umbral de saciedad informativa -si lo podemos denominar así- se alcanzaba con pocas fuentes de información, que estaban muy aprovechadas; hoy, cuantas más fuentes incorporamos a nuestra dieta informativa, menos podemos aprovechar cada una de ellas individualmente antes de llegar a ese “umbral de saciedad” en el que nos consideramos informados. En otras palabras, consumir un poco de varias fuentes de información es como consumir mucho de pocas fuentes.

[pullquote]Seleccionando bien las fuentes de información, uno puede estar informado sobre un asunto determinado a base de titulares y enlaces[/pullquote]

Si aceptamos ese hecho, entonces podemos estar informados a través de titulares. Twitter es un ejemplo claro de cómo se puede uno informar a través de titulares: si tienes bien seleccionadas las cuentas que sigues, con los tuits y enlaces que publiquen, puedes estar perfectamente informado sobre un asunto determinado. O si lo prefieres, haz un experimento. Accede a la página principal del medio que prefieras y lee los titulares. ¿En cuántos de ellos quieres ampliar la noticia? Repite la misma operación en otro medio y luego en otro, y si quieres en otro más. A medida que vas sumando medios y titulares consultados, el número de titulares que querrás ampliar irá descendiendo, hasta que alcances ese umbral de saciedad del que hablaba anteriormente. Puedes hacerlo igual con periódicos impresos, el resultado será el mismo. Si eres un ávido consumidor de información -tienes un umbral alto-, llega un momento en el que los titulares te bastan y te vuelves más selectivo con aquellos en los que quieres ampliar información. Si no eres un gran consumidor de información, con más razón te bastarán unos titulares para considerarte informado.

Porque la clave final de todo esto está en que es el usuario el que decide, partiendo de la unidad mínima de información. Conociendo los titulares, mi propio criterio informativo es el que me dirá si quiero ampliar la noticia o no; no es necesario que me lo diga el periodista, que puede tener unos criterios muy diferentes de los mios. Este cambio de foco en el que la audiencia gana poder de elección es una de las características del cambio de paradigma en que nos encontramos, y ha motivado una trivialización de la información para poder llegar al mayor número posible de personas, de la que hablaremos en el próximo post. ¿Es la audiencia la que demanda información basura o la audiencia traga información basura por que no tiene otra opción?

 

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Written by MAAP

diciembre 9th, 2013 at 9:09 pm

Seis motivos para que los periodistas pierdan el miedo a programar

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Coding

No es la primera vez que trato en EScomunicación sobre los periodistas y la programación; en mayo pasado ya hablé sobre este tema, que en el mundillo del periodismo hispanoamericano parece que no tiene el mismo alcance que en el periodismo anglosajón, donde cada cierto tiempo resurge el tema, con sus defensores y detractores. Más allá de repetir los argumentos que usé en su momento, me gustaría destacar los seis puntos que ha usado recientemente Paul Bradshaw en Online Journalism Blog para demostrar que aprender a programar, en el sentido de conocer los fundamentos del código, es esencial para los periodistas en la era de internet.

  • Afecta directamente a la información a la que puedes acceder. Si saber cómo usar las funciones avanzadas de búsqueda de Google puede marcar la diferencia a la hora de encontrar información en la red, imagina qué podrías conseguir si añadimos el aprendizaje de otros conceptos como una API o la red profunda.
  • Afecta a cómo puedes filtrar y procesar toda la información que te llega, una habilidad inapreciable ante la sobreabundancia de información en la que vivimos. Hace poco hablé de ello y cómo organizar y gestionar tus fuentes de información, pero si además de saber usar esas herramientas puedes añadir códigos personalizados a tus necesidades, nunca te verás afectado por una sobrecarga informativa.
  • Afecta a tu capacidad de verificar fuentes y documentos. Saber cómo conseguir los metadatos de un documento de Office, un PDF o una imagen puede ser la clave para detectar una falsificación y saber cómo conseguir el Whois o verificar la caché de un sitio web pueda darte información muy valiosa sobre los propietarios de ese sitio.
  • Afecta a cómo puedes proteger tus fuentes. Para todo periodista, proteger la identidad de una fuente es esencial y hay ocasiones en las que solo se habla con esas fuentes mediante correos electrónicos, por lo que saber cómo navegar de forma anónima, cómo usar clientes seguros de mensajería instantánea o los fundamentos de la encriptación de e-mails es un conocimiento cada día más necesario.
  • Afecta a tu habilidad para aprovechar el conocimiento de los usuarios. En el año 2009, el periódico The Guardian pidió ayuda a sus lectores para examinar los 700.000 documentos sobre gastos de los miembros del Parlamento Británico, permitiendo que cualquier ciudadano pudiera examinar esos archivos, anotarlos y comentarlos. No todos los periodistas se verán en esa tesitura y normalmente podrán hacer su trabajo solos, pero nunca hay que olvidar que siempre hay alguien que sabe más que tú; aprovechar su conocimiento solo puede beneficiarte y para ello necesitas saber cómo y qué herramientas debes desarrollar.
  • Finalmente, afecta a cómo puedes conseguir que los usuarios se involucren. ProPublica tiene en su web una base de datos en la que se puede comparar diferentes escuelas e institutos de todo Estados Unidos. Cualquier usuario puede buscar la escuela a la que va su hijo y compararla con el resto de las de la ciudad, o incluso del estado, para comprobar las diferencias entre las mismas: cuál tiene el profesorado más experto, dónde hay más becas de comedor, etc… Una herramienta como esta es un gran ejemplo de servicio público y para ello también hay que saber cómo desarrollarla.

Todas estas razones son más que suficientes para perder el miedo al código. No tienes por qué tener el nivel de un programador, porque como periodista no es tu trabajo; pero sí te ayudará mucho tener las nociones necesarias para saber qué puedes pedir y qué se puede conseguir a partir de la información que obtienes. Además, gracias a ese conocimiento, podrás obtener más y mejores informaciones. En la licenciatura de periodismo, al menos cuando yo la estudié hace unos cuantos años, hay asignaturas como Principios de economía o Introducción a las ciencias jurídicas; ya es el momento de que haya una o más asignaturas dedicadas a conocer fundamentos de programación y todas las herramientas que hay en la red. Parafraseando a Woody Allen, es el sitio donde vamos a pasar el resto de nuestra vida.

 

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Written by MAAP

noviembre 18th, 2013 at 9:09 pm

¿Y si estamos interpretando mal los estudios sobre el consumo de medios de comunicación?

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Es una pregunta que me surge tras leer este texto de Jeff Jarvis. En él, Jarvis apunta que podemos estar malinterpretando los resultados de los estudios sobre el consumo de medios de comunicación y cita el reciente estudio de Pew Research, que puedes consultar resumido aquí. Sí, las nuevas generaciones cada vez pasan menos tiempo consumiendo noticias, pero ¿y si lo estamos interpretando mal? ¿Y si esas nuevas generaciones simplemente hacen un consumo más eficiente?

Cuanto más lo pienso, más creo que Jarvis tiene razón. Considerar que el éxito de un medio de comunicación se basa en la cantidad de tiempo que invierten en él sus usuarios es algo que tenía su sentido en la era de los medios de comunicación de masas. Mayor tiempo y, por tanto, mayor atención, funciona cuando los medios operan bajo la premisa de que todos los lectores/oyentes/espectadores ven todos los anuncios del medio, con lo que el medio puede cobrar a los anunciantes por la cantidad de lectores/espectadores, con unos precios controlados por los medios en base a su monopolio de la producción y distribución.

Pero ese tiempo ya ha terminado, a causa de la sobreabundancia de información.

Cada vez hay más información disponible para todos nosotros, ya no es un bien escaso. Por tanto, los usuarios (un término en el que englobo a los antiguos lectores/oyentes/espectadores) ya no necesitan leer un periódico completo o ver un informativo entero para poder acceder a la información que les interesa. La red es un nuevo canal en el que hay muchas herramientas que, debidamente configuradas, permiten consultar de manera rápida todo aquello que nos interesa. Nuestro consumo es más eficiente gracias a esas herramientas, porque aunque ahora hay más información que nunca, el día sigue teniendo solo 24 horas. Y en eso puedo citar mi caso personal, que creo es el de muchos.

Creo que nunca he leído un periódico entero y no conozco a nadie que lo haga. Me limito a las noticias que realmente me interesan, que siempre serán un pequeño porcentaje de las que ofrezca el diario. Puedo escuchar en su integridad un boletín horario de la radio, pero nunca escucharé el informativo de mediodía completo, por ejemplo; cuando hayan dado la noticia que me interesa, o hayan dado los titulares, que para mí cumplen el mínimo exigible, apagaré la radio. Y en televisión, aunque tenga puesto en mi tele el telediario completo, mi atención no estará puesta en él salvo en las noticias que me interesen, y el 99% de las veces habré apagado la tele antes de que acabe.

Nuestro tiempo es limitado, siempre lo ha sido. Pero es ahora, ante una multiplicación de la oferta, cuando los medios de comunicación ven como su porción del pastel de nuestra atención disminuye cada vez más. Eso se ve como una mala noticia porque seguimos anclados en la presunción de que más tiempo equivale a más atención, y los medios de comunicación siguen vendiendo nuestra atención para conseguir publicidad. Por eso hay que darle la vuelta a esa presunción.

Los medios de comunicación del siglo XXI no deben trabajar para retener a los usuarios, deben trabajar para dar a los usuarios lo que quieren: información, unas veces en cápsulas, otras en artículos más largos, pero siempre con la vista puesta en el usuario, no en sacar beneficio del tiempo que emplea en ello. El medio que da a los usuarios lo que quieren puede cobrarles por ello, y con mayor motivo si les da algo que no pueden encontrar en ningún otro sitio; eso es igualmente válido para internet y si lo hacen consumiendo menos de nuestro tiempo, mucho mejor. Como dice Jarvis, la eficiencia no es el enemigo de las noticias, debería ser el objetivo.

 

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Lecturas 2.0 esenciales: Los elementos del periodismo, de Bill Kovach y Tom Rosenstiel

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En EScomunicación hablamos constantemente de periodismo (y de algunos otros temas) pero hay veces en las que puedes perder de vista qué es el periodismo; por eso libros como Los elementos del periodismo son una lectura esencial. Escrito por los periodistas estadounidenses Bill Kovach y Tom Rosenstiel en 2001, establece una serie de características fundamentales para poder definir el periodismo, nueve elementos de los que ya hemos hablado en el blog. Ahora, finalizada la relectura, es cuando toca una reseña más extensa de un libro que todo periodista debe leer.

Qué es periodismo

Muchas veces da la impresión de que la definición de periodismo es circular: periodismo es lo que los periodistas dicen que es periodismo, y por esa regla de tres solo los periodistas pueden decidir qué es buen periodismo o mal periodismo. Esta pretensión perversa no dice nada bueno de algunos profesionales, y hay quien sostiene que definir el periodismo puede resultar peligroso en cuanto que sería limitarlo. Pero en el caso del periodismo definir no es limitar y lo cierto es que hace falta definir qué es el periodismo, y podemos hacerlo a través de su función: El propósito principal del periodismo es proporcionar a los ciudadanos la información que necesitan para ser libres y capaces de gobernarse a sí mismos.

Partiendo de esa función, vemos la principal característica del periodismo es el servicio que presta a los ciudadanos. Hasta este siglo, esa función incluía decidir qué noticias eran dignas de ser publicadas y cuáles no, pero en la era de la sobreabundancia de información esa labor de gatekeeper ya no constituye una cualidad definitoria. Ahora, cuando los ciudadanos tienen a su disposición más información que nunca en la historia, el periodismo no necesita reinventarse como puedan pensar algunos. Las tecnologías de la información y la comunicación no han cuestionado la función del periodismo, tan solo han modificado la manera en que los periodistas deben llevarla a cabo. Ya no es labor de los periodistas decidir qué debe o no debe saber el ciudadano, sino ayudarle a poner en orden la información que le llega.

[pullquote]El periodismo intenta llegar a la verdad en un mundo confuso procurando discernir en primer lugar lo que es información fidedigna de todo lo que son informaciones erróneas, interesadas o simplemente desinformación”[/pullquote]

Así, la era digital no provoca ningún cambio fundamental en la función del periodismo. Puede que las técnicas hayan variado, pero los principios subyacentes siguen siendo los mismos y la primera obligación del periodismo es la verdad. Las discusiones filosóficas sobre la verdad no corresponden al periodismo, sino a la semántica, por eso los periodistas deben buscar una forma práctica o funcional de verdad, no la verdad en un sentido absoluto o filosófico, no la verdad de una ecuación. El periodismo puede -y debe- buscar la verdad en un sentido que nos permita gestionar nuestra vida cotidiana; no basta con reproducir los hechos verazmente, hay que informar de la verdad que encierran los hechos. La fidelidad a los hechos importa, por supuesto, es el cimiento sobre el que se construye todo lo demas: el contexto, la interpretación, el debate… El periodismo intenta llegar a la verdad en un mundo confuso procurando discernir en primer lugar lo que es información fidedigna de todo lo que son informaciones erróneas, interesadas o simplemente desinformación, para luego dejar que la comunidad reaccione y el proceso de discernimiento continúe.

Esta búsqueda de la verdad ha sido sustituida a veces por conceptos como imparcialidad o equidad, pero la imparcialidad es un concepto demasiado abstracto y hasta más subjetivo que la verdad, y la ecuanimidad también es subjetiva. Si las partes implicadas en una noticia no tienen el mismo peso, ser equitativo e imparcial puede equivaler a no ser fiel a la verdad. La necesidad de verdad es hoy mayor que nunca y no puede ocultarse tras artificios o juegos lingüísticos; es lo que debe buscar el periodista ante todo y sobre todo.

Lealtad a los ciudadanos

El periodismo debe su lealtad a los ciudadanos y por eso nunca debe aislarse o encerrarse en una burbuja, y mucho menos considerar a los ciudadanos como clientes a los que presta sus servicios. El periodismo establece una relación con su audiencia muy distinta a la de cualquier otra empresa de la economía de consumo tradicional, y en algunos aspectos mucho más compleja. El público no es un cliente que compra bienes o servicios, pero el anunciante sí lo es, y en muchos casos las empresas periodísticas han priorizado al anunciante sobre los ciudadanos, un error que ha costado muy caro. El periodismo debe restablecer el compromiso con el pueblo que la industria periodística ha contribuido de manera tan errónea a subvertir.

[pullquote]La noción de libertad de prensa se basa en la independencia. Solo una prensa libre de censura puede contar la verdad”[/pullquote]

La esencia del periodismo es la disciplina de verificación, es lo que le diferencia del entretenimiento, la propaganda o las obras de ficción, el centrarse en el relato fidedigno de los hechos. Verificar no es limitarte a comprobar que todo lo que cuentas es verdad, que también, sino aplicar los principios correctos para que las noticias que elaboras contengan solo hechos: No añadir nada ni maquillar los hechos; no engañar a tu público con técnicas narrativas o dramáticas que se aparten del relato de los hechos; ser transparente, decir por qué la información nos parece fiable y qué has hecho para conseguirla, y con eso, además, mostrarás a tu público que lo respetas; y ser humilde, especialmente en lo que refiere a tu propia capacidad, para no perder nunca de vista que tu trabajo es buscar la verdad para informar a los ciudadanos.

Los periodistas deben mantener su independencia con respecto a aquellos de quienes informan. Es un gesto de arrogancia, ingenuidad y autoengaño pensar que se puede informar de una noticia al tiempo que se forma parte de ella, y es uno de los mayores males a los que se enfrenta el periodismo. La noción de libertad de prensa se basa en la independencia. Solo una prensa libre de censura puede contar la verdad y, en la actualidad, esa libertad se extiende para significar también independencia de otras instituciones, como partidos políticos, anunciantes, empresas…

Para poder asegurar esa independencia es importante la transparencia. Como ciudadanos merecemos saber si un reportero mantiene una implicación directa con los asuntos o las personas sobre quienes informan. Pero siendo importante, no basta con la transparencia, es crucial mantener cierta distancia personal a fin de mantener la claridad de ideas y hacer valoraciones independientes. Cada vez más, se percibe a la prensa no como una institución representante del pueblo y que actúa en su nombre, sino como parte de un poder establecido; por eso los periodistas están tan mal valorados. Por desgracia, hay muchos periodistas que no son lo bastante sinceros o inteligentes para reconocer que una opinión debe basarse en algo más sustancial que las creencias personales si es que ha de tener un valor periodístico.

Control del poder

Y la independencia es aún más importante porque el periodismo debe ejercer un control independiente del poder. Los periodistas deben ejercer su vigilancia no solo sobre el Gobierno, sino sobre el mundo empresarial, el ámbito cada vez mayor de las actividades sin ánimo de lucro y el foro de debate cada vez más amplio creado por las tecnologías de la información. Dentro de esa labor de control, además, el periodismo tiene que proporcionar un foro público para la crítica y el comentario. En esta nueva era de los medios es más importante, no menos, que ese debate público se construya sobre los mismos principios que el resto del periodismo, empezando por la necesidad de atenerse a la veracidad, los hechos y la verificación.

Los periodistas han de esforzarse para que el producto periodístico sea atractivo y relevante. El periodismo es una narración con un propósito, proporcionar al ciudadano la información que necesita para comprender el mundo; el primer desafío es encontrar la información precisa para los ciudadanos; el segundo, que sea significativa, relevante y atractiva. Estos desafíos no imposibilitan la labor del periodista, solo la hacen más difícil y sirven para distinguir el periodismo de éxito del periodismo perezoso, el buen periodismo del malo, el ecuánime del sensacionalista.

[pullquote]El periodismo es una narración con un propósito, proporcionar al ciudadano la información que necesita para comprender el mundo”[/pullquote]

La responsabilidad del periodista no se limita únicamente a conseguir y ofrecer información, sino a hacerlo de tal modo que la gente quiera prestarle atención, buscando el equilibrio entre los dos extremos de información y entretenimiento. Una noticia que se limite a enumerar datos o sucesos resulta tan poco natural como otra que por entretener abandone cualquier información relevante. Y sobre todo no hay que olvidar que sea cual sea el tratamiento de una noticia, su mayor atractivo es que sea cierta.

Todos estos son solo algunos de los aspectos tratados en el libro, una lectura obligada para todo aspirante a periodista o profesional del periodismo. Kovach y Rosenstiel han creado un manual y un manifiesto para que el periodismo pueda volver a ser un instrumento al servicio de los ciudadanos y no de otros intereses. Aunque no entran de lleno en el cambio de paradigma del periodismo hacia el digital y la crisis de los periódicos, Los elementos del periodismo es un espejo de lo que son los componentes clave del periodismo, que todos los nuevos medios nacidos en la red deben interiorizar y respetar, para que el periodismo del siglo XXI no cometa los errores del periodismo del siglo XX.

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Written by MAAP

septiembre 16th, 2013 at 9:09 am

La crisis de la prensa escrita en once apuntes

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Redacciones vacías ¿el futuro de los periódicos?

 

  • El siglo XXI nació con una industria muy poderosa y respetada, la de la prensa escrita, que tenía más de cien años de experiencia en crear periódicos y revistas. Es un arte tan perfeccionado y estudiado que los beneficios son inmensos, tanto económicamente como en reputación.
  • Los avances tecnológicos cambian poco a poco la forma en que los lectores consumen información. En poco más de de una década, nos hemos convertido en una sociedad hiperconectada con sobreabundancia de información, mientras que la industria de la prensa sigue trabajando exactamente igual a hace 20 años.
  • La prensa escrita intenta entrar en internet y volcar sus contenidos. Es un mundo nuevo y extraño en el que no sabe manejarse y se nota. Solo con el tiempo va cogiéndole el tranquillo y comienza a experimentar con formas de pago, pero sin agobios, pues sus mayores ingresos están en algo tan seguro como es la publicidad en papel.
  • La crisis económica mundial rompe todas las reglas y castiga duramente las economías de medio mundo. La clase media es una de las más perjudicadas y en España el paro llega a cifras nunca antes vistas. En estas circunstancias, el periódico ya no es una prioridad en los hogares.
  • Las visitas en internet crecen. Los nuevos smartphones con conexión a la red hacen que muchos los usen para informarse. Las redes sociales se convierten en un agregador que a veces es más poderoso que Google a la hora de llevar tráfico. La industria de la prensa empieza a prestar más atención a la red, aprendiendo conceptos como viralidad, botones sociales, métricas o SEO. 
  • La crisis económica hace que las empresas ya no puedan anunciarse como antes. Los ingresos por publicidad caen en picado en la prensa escrita y los directivos de las grandes empresas de medios ven como los beneficios desaparecen y se transforman en pérdidas millonarias.
  • Espoleados por las cuentas de resultados, periódicos y revistas buscan formas de equilibrar los balances. Acometen jubilaciones anticipadas, recortes de plantilla y expedientes de regulación de empleo. Optimizan procesos y unifican redacciones para disminuir los gastos. Los periodistas se convierten en uno de los colectivos más afectados por la crisis.
  • Los ingresos publicitarios en la red aumentan, pero no son suficientes para cubrir la sangría del papel. Se experimenta con nuevos formatos para su visión en tablets y smartphones, se buscan nuevas formas de ingreso cobrando por hemeroteca, por noticias destacadas o por acceso puntual. Se hacen ofertas por captar lectores, en una suerte de zoco marroquí parecido a lo que fue el kiosko hace unos años, con la explosión de coleccionables y promociones en los periódicos.
  • Nada de eso consigue equilibrar las cuentas de resultados. La prensa escrita y la profesión periodística claman por ayudas estatales y buscan convencer a su antigua audiencia de que deben pagar por las noticias. La audiencia está cambiando y ya no es la misma que hace una década. No quiere pagar por noticias que puede encontrar gratis en otros lados.
  • Muchos de los periodistas que han sido despedidos de diarios y revistas montan nuevos medios nacidos y enfocados a la red. Se produce un baby boom de medios de comunicación en la red, desde los más grandes y ambiciosos hasta los más modestos y locales. Todos ellos se caracterizan por estructuras más ligeras y ágiles, y por buscar nuevas formas de ingreso más allá de la publicidad.
  • Ahora entramos en el sexto año de crisis y la situación no ha cambiado para la prensa escrita. La antaño poderosa industria se ha convertido en una patata caliente que ninguna gran empresa quiere comprar y periódicos ilustres son vendidos a precio de saldo. Los nuevos medios en internet todavía no se han convertido en referentes como lo es aún la prensa escrita y nadie parece saber qué hacer para enderezar el rumbo. Lo único seguro es que todo ha cambiado y la prensa escrita nunca volverá a ser lo que fue.

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