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Lecturas 2.0 esenciales: Newpaper, de Albert Montagut

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Newpaper

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Leyendo Newpaper: Cómo la revolución digital transforma la prensa de Albert Montagut, siento mucha envidia, pues este es el libro que me habría gustado escribir si hubiese completado el libro de EScomunicación, hace algo más de un año. Pero también soy realista, jamás habría podido escribir un texto de la calidad de Newpaper. Aún habiéndolas vivido, me faltan muchos elementos para poder explicar todo lo que ha pasado en las últimas dos décadas desde que internet entró en nuestras vidas y las redacciones de los periódicos de todo el mundo.

Esa disrupción ha transformado por completo la industria del periodismo y la crisis económica ha precipitado ese cambio de paradigma hacia lo digital. La prensa se resiste al cambio digital, pero es un cambio inevitable y, como dice Montagut, no es un debate entre la rentabilidad de los medios, la independencia periodística y la calidad de los textos. Éste no es un debate entre editores, directores, reporteros y financieros. Es un debate existencialista: ser o no ser, vivir o morir.

La revolución de internet ha sido imparable e incluso hoy, cuando la sociedad vive cada vez más conectada, muchos siguen mirando hacia otro lado, ajenos a lo que ocurre. Nos encontramos en un nuevo mundo, un nuevo escenario en el que el rol del periodista ha cambiado por completo y donde el lector, hasta ahora protagonista testimonial del debate informativo, asume un papel protagonista al querer y poder intervenir en ese, hasta ahora, exclusivo juego.

Newpaper nos relata cómo hemos llegado a ese punto y cómo los medios de comunicación se enfrentan a los nuevos retos de la sociedad de la información. A través de entrevistas y declaraciones de más de treinta periodistas y profesionales de la información, Montagut nos da una lección de historia de los medios de comunicación, con especial énfasis en los medios españoles, contándonos los hitos más importantes de los últimos 20 años.

En el principio

En los primeros tiempos, la mayoría de los periodistas consideraba que el periodismo de internet era un género menor en relación con el de los diarios de papel., pero aún así todos los diarios españoles importantes abrieron sus dominios propios en la red durante los años 94 y 95, historia que Montagut nos cuenta con todo lujo de detalles. Algunos lectores más jóvenes pueden incluso encontrar términos que ya no existen, como las BBS, o conceptos hoy en día descabellados, como que un periódico creara un navegador propio para desarrollar todo el proyecto online del diario. Así eran aquellos primeros años.

Entonces, igual que ahora, lo importante era que el periodismo que se haga sea un buen periodismo. Su formato ahora ha cambiado, cambió en el pasado y previsiblemente volverá a cambiar en el futuro al hilo de la evolución tecnológica que se produzca. Pero las reglas permanecen, a pesar de la vertiginosidad de la sociedad de la información, que ha hecho que todo cambie.

La rápida transición hacia la pantalla ha difuminado los ciclos de trabajo periodístico. Un diario, como su propio nombre indica, es el resultado de un proceso que dura veinticuatro horas. Si se arroja en manos de la inmediatez de internet, con ciclos que vienen a durar un minuto o menos, el diario se transforma en otra cosa: lo que gana en rapidez, lo pierde en reflexión y en perspectiva. Su esencia desaparece. Lo único que no debía hacerse es lo que han venido haciendo muchos medios: dar al print la urgencia y la superficialidad del online.

La historia de la creación de las versiones web de El País y El Mundo, y del pulso entre ambas, es un paso por aquellos últimos años del siglo XX y primeros del XXI, que protagonizaron periodistas que hoy son referentes como Mario Tascón y Gumersindo Lafuente, que, en diferentes etapas, pasaron por ambos periódicos y sentaron las bases sobre las que descansan ahora sus páginas web. El experimento de El País en 2002 por el que se convirtió durante tres años en un medio de pago también es uno de los hitos de esa historia, explicando las razones por las que el diario de Prisa optó por esa vía, y cómo El Mundo aprovechó esa coyuntura para convertirse en la web en castellano más visitada del mundo.

El nacimiento de los llamados confidenciales es otro de los aspectos tratados por Montagut en Newpaper. Desde el Drudge Report estadounidense hasta elconfidencial.com español, estos medios nativos de internet han pasado de ser una recopilación de rumores a empresas periodísticas de pleno derecho, y lo son gracias a la vocación de hacer información propia. Quienes en la red se dedican al cotilleo político-financiero o, en el mejor de los casos, a cambiar de titular noticias de agencia, son “confidenciales” más o menos puros pero no periódicos digitales. A través de declaraciones de gente como Fernando Jáuregui, Alfonso Rojo, Arcadi Espada, Ignacio Escolar o Jesús Cacho,  se hace un mapa de los medios puramente digitales de nuestro país, que es donde descansa buena parte del futuro de la profesión.

En el futuro

La tecnología tiene una gran influencia en el futuro del periodismo, en la forma de redactar y comunicar, la distribución de la información, la configuración de las empresas periodísticas, el concepto de periodismo, así como la responsabilidad social del periodista y de las empresas periodísticas. Poca gente duda de que a nivel técnico el futuro del periodismo escrito reside en los soportes electrónicos -tabletas, móviles…- y que el papel es un dinosaurio en peligro de extinción, pero ese debate no es el importante, sino quiénes van a ser los periodistas del futuro y qué van a hacer las empresas del sector para financiarse.

La crisis económica ocupa los últimos capítulos de Newpaper, en los que Montagut analiza el ocaso de los periódicos de papel y el auge de tabletas y smartphonesEstos dos aspectos han configurado la mayor revolución periodística de la historia, imposible de resistir por nadie. Por ello, como indica Juan Antonio Giner, uno de los entrevistados, “lo que hay que salvar no son los periódicos, sino el periodismo; y la mejor forma de hacerlo es con más y mejor periodismo, sin complejos, con talento, pasión, creatividad e innovación”.

Ese nuevo periodismo debe tener en cuenta el cambio en la ecuación periodista/lector, que se encuentran en el mismo nivel, horizontal, cara a cara. Los lectores quieren leer sobre los temas que les interesan y sobre los que ya tienen información y opinión, y lograr que sea el periodista quien siga marcando la jerarquía editorial es el gran reto. Para eso, el periodista debe tener un conocimiento profundo de la tecnología, una habilidad que se puede adquirir y perfeccionar igual que la buena escritura.  Y hay que asumir que casi nada de lo que comunican los periodistas constituye ya una novedad para el público.

Hay muchos más temas en Newpaper, como el relato de la irrupción de los blogs o lo que fue Wikileaks para el periodismo, pasando por la explosión de las redes sociales o el caso Megaupload; también se habla y mucho del periodismo en España, con hitos como el proyecto del diario Público, el crecimiento y caída de los periódicos gratuitos o cómo se vivieron los atentados del 11-S y el 11-M. Pero creo que ya te habrás hecho una idea de por qué considero Newpaper una lectura esencial.

Si necesitas una historia de internet y los grandes cambios que ha propiciado en el mundo de la comunicación, si necesitas un estudio sobre la evolución de los medios de comunicación en España en las últimas décadas y si quieres conocer la opinión de muchos de los periodistas y comunicadores que han estado en el centro de la revolución digital, debes leer Newpaper.

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Nuevas páginas en EScomunicación

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Blog Marketing Up Close Blue Pen Graphic

Hoy es día festivo en España, así que hoy tendremos un post corto, en el que simplemente quiero dejar constancia de algunos cambios en EScomunicación, para mejorar y actualizar su organización interna. A la derecha de este texto podrás ver que he añadido dos nuevas páginas, una referida a Lecturas 2.0 y otra a Estudios sobre periodismo. Después de casi cuatro años escribiendo, hay muchos textos que pueden perderse si no están fácilmente accesibles, y con esas dos páginas fijas doy más visibilidad a esos apartados (aprovecho para anunciar que la próxima reseña de Lecturas 2.0 será del excelente Newpaper de Albert Montagut). También he actualizado la página de Enlaces de interés, añadiendo nuevas fuentes y eliminando algunas que, por una u otra razón, ya no están en activo.

Estos trabajos, aunque parezcan triviales, son muy importantes para asegurar la organización interna del blog y su navegabilidad tanto para los usuarios como para los buscadores. Como decía antes, hay mucho contenido en Escomunicación -más de 160.000 palabras escritas en todo este tiempo- y cada día más gente descubre el blog en sus búsquedas en Google o a través de las redes sociales, así que añadir esas nuevas páginas permite poner a la vista algunas de las entradas de las que me siento más orgulloso. Y todo esto es solo el principio…

 

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Publicado por Miguel Ángel Alonso Pulido

6 de diciembre de 2013 a las 9:09 pm

Lecturas 2.0: The cult of the amateur, de Andrew Keen

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Reconozco que no sabía que esperar del libro The Cult of the Amateur de Andrew Keen. ¿Sería un análisis de cómo el contenido generado por los usuarios ha transformado todas las industrias de contenidos culturales o más bien un manifiesto en defensa del actual status quo y un ataque a los aficionados? Con el subtítulo de Cómo los blogs, MySpace, Youtube y el resto de contenido generado por los usuarios está matando nuestra cultura y economía, la segunda opción era la más plausible, y su lectura no ha hecho más que reafirmarme en esa opinión. El libro de Keen tiene algunos puntos válidos, pero su tesis principal es elitista y no es más que una versión moderna del ludismo, obviando todas las cosas buenas que la popularización de la tecnología ha hecho posible. Además, es un libro terriblemente anticuado y no solo porque se escribiera en 2007; la perspectiva del tiempo ha hecho lo que quizás pudieran ser puntos válidos en su momento, hayan sido completamente superados por el paso de los años.

Para Keen, la palabra amateur es un adjetivo peyorativo, en el que los aficionados nunca están a la altura de los profesionales. Es cierto, como él afirma, que el talento es y siempre será algo escaso, pero de ahí a sostener la postura elitista de que quiere ser informado y entretenido tan solo por profesionales entrenados y con talento hay un abismo. Utiliza el teorema del mono infinito para afirmar que los millones de usuarios conectados en sus ordenadores son esos monos aporreando máquinas de escribir, creando un infinito bosque digital de mediocridad, desde comentarios políticos sin fundamento hasta vídeos caseros insulsos, música amateur vergonzosa y poemas, ensayos o novelas ilegibles. La tecnología no ha traído más cultura a las masas, y la audiencia y el autor se han convertido en uno y el mismo, transformando la cultura en cacofonía.

El autor considera que la democratización de los contenidos, a pesar de su idealización, está socavando la verdad, agriando el discurso cívico y empequeñeciendo los conocimientos, la experiencia y el talento. La revolución de la web 2.0 tiene como consecuencia menos cultura, menos noticias confiables y un caos de información inútil; cada anuncio gratuito en Craigslist supone un anuncio menos en un periódico local; cada visita a Wikipedia supone un cliente menos para una enciclopedia editada e investigada profesionalmente como Britannica; cada canción o vídeo gratuito es un CD o DVD vendido menos, y menos royalties para el artista que lo creó. El talento requiere trabajo, capital, conocimientos e inversión, requiere la compleja infraestructura de los medios tradicionales: agentes, editores, publicistas, técnicos, comerciales… Para Keen, el talento es construido por los intermediarios y si los eliminas, también estás eliminando el desarrollo del talento. Por eso, afirma que en en un mundo en el que todos somos amateurs, no hay expertos.

INTERNET NO ES EL PROBLEMA, ES EL MAL USO QUE SE PUEDA HACER

Llegados a este punto, creo que no hace falta que siga resumiendo el libro, pues la postura de Keen ha quedado más que clara, una postura con lo que no podría estar más enfrentado. Keen reniega de todo lo que suponga contenido generado por los usuarios y responsabiliza a internet de todos los males; el ejemplo más flagrante es al principio del libro es cuando recuerda la masacre del instituto Jokela y dice que la historia del asesino había sido si no causada directamente por la web 2.0, al menos facilitada. Argumentos de ese tipo, en los que se culpa no al autor si no a cualquier circunstancia que le rodea, hacen que sea muy difícil hacer caso a Keen cuando intenta posteriormente razonar sus tesis.

Tampoco ayudan algunas asunciones que hace en el libro, que son fruto de la época en que se publicó, como dar por buena la predicción de que MySpace valdría 15.000 millones de dólares en 2011, pero hay otras que simplemente se caen por su propio peso. Por ejemplo, menosprecia la compra de Youtube por Google y la califica como el negocio de dos veinteañeros que han conseguido 1.600 millones de dólares por un sitio con 18 meses de vida que no da beneficios. Algunos años después, su error y el acierto de Google han quedado más que demostrados. O igual que cuando toma como ejemplo de la popularidad de los juegos online a Second Life. No importa que incluso en 2007, otros juegos como Lord of The Rings Online o, sobre todo, World of Warcraft tuvieran muchos más usuarios que Second Life; Keen lo usa porque así puede relacionar los juegos online con los vicios y perversiones que podían realizar los usuarios en aquel juego, como si en la vida real no se pudiera.

Los únicos puntos en los que puede uno estar de acuerdo con Keen son los relativos a la pornografía y la protección de datos. En el primer caso, es totalmente cierto que hay que buscar e implementar todos los medios posibles para que ese material no llegue a los menores de edad, y eso debe incluir por fuerza a las familias y los padres, que deben enseñar a sus hijos a usar internet de forma responsable. En el segundo, también estoy de acuerdo en que hay que establecer límites legales al tipo de datos que pueden ser almacenados sobre nosotros, además del tiempo que pueden ser guardados, para poder protegernos contra filtraciones de datos que pueden acabar en humillaciones públicas o, en el peor de los casos, robos de identidad.

LA CRISIS DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN

¿Y qué tiene que decir Keen sobre los medios de comunicación? Pues, oh sorpresa, que los periódicos y revistas, que para él son una de las fuentes de información más fiables de nuestra época, están en decadencia gracias a la proliferación de blogs gratuitos y sitios como Craigslist que ofrecen anuncios clasificados gratuitos, minando una de sus principales fuentes de ingresos. Por supuesto, que la caída de ventas viniese de muchos años antes de que hubiese internet no tiene nada que ver, toda la culpa de la caída de los periódicos es culpa de Craigslist y de los blogs, así en general. No se qué hacen tantos expertos estudiando la desaparición de la prensa escrita, cuando Keen resolvió el dilema hace años.

En opinión de Keen, la democratización de los medios implica que nos encontramos en un mundo sin editores donde vídeos, podcasts y blogs pueden mostrar sus creaciones amateur a voluntad al mundo, y nadie comprueba sus credenciales o evalúa ese material; por ello, afirma, los medios son vulnerables a contenido no fiable de todo tipo y condición. Cuando cada vez hay menos editores y críticos profesionales ¿cómo vamos a saber qué y a quién creer? Vamos, que para Keen es mejor que los “profesionales” les digan al resto del mundo lo que deben creer. Puede que yo sea muy optimista, pero confío en el sentido común de la gente y que sabrá distinguir informaciones de opinión; es cierto que habrá muchos que no, pero la alternativa supondría demasiado control por parte de unos pocos y pérdida de libertad para todos.

Para concluir, simplemente diré que es un libro interesante de leer y puede que hasta necesario, aunque esté profundamente en desacuerdo con las tesis de Keen; The Cult of the Amateur ha sido superado por los años, pero es un buen recordatorio de los argumentos que algunos usan contra la red. Ya hoy se pueden leer como una curiosidad histórica, así que dentro de unos cuantos años, estarán totalmente superados por el paso del tiempo, en el que los avances tecnológicos habrán traído nuevas ventajas y también nuevos problemas, que sería de tontos negarlo. Pero es imposible poner puertas al campo y la red, con todo lo que conlleva, está aquí para quedarse.

 

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Publicado por Miguel Ángel Alonso Pulido

1 de noviembre de 2013 a las 9:09 pm

Lecturas 2.0 esenciales: Riptide: Una historia oral del choque entre periodismo y tecnología

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Hace algunas semanas, hablamos aquí de Riptide, un estudio del Laboratorio de Periodismo Nieman de la Universidad de Harvard en el que se ha realizado una historia oral de los cambios que ha experimentado el negocio del periodismo en los últimos treinta años. Escrito por John Huey, Martin Nisenholtz y Paul Sagan, creo que es uno de los proyectos más interesantes que se han hecho sobre el cambio de paradigma de la industria periodística hacia internet, y todos los altos y bajos que ha habido en ese camino. Después de haberlo leído, aquí tenéis mi reseña del mismo.

La caída en desgracia de la industria del periodismo no es un tema nuevo (desde luego no para los lectores del blog) y otros textos, como Periodismo Post-Industrial, también han analizado el cambio de paradigma hacia lo digital y la disrupción generada por las Tecnologías de la Información y la Comunicación en los medios de comunicación. La diferencia fundamental entre Riptide y otros estudios es que se basa en más de 60 entrevistas a personalidades de todos los ámbitos de la comunicación y la tecnología; en dichas entrevistas se recogen todos los hitos de la caída de la industria del periodismo, creando una línea de tiempo desde los principios de internet hasta la actualidad.

Aunque en el periodismo siempre ha habido mentes innovadoras y visionarios que podían imaginar el futuro, es evidente que no se les ha hecho caso, cumpliendo la denominada Ley de Amara (por Roy Amara): Tendemos a sobreestimar el efecto de una tecnología en el corto plazo y subestimar su efecto en el largo plazo. La historia reciente de la industria periodística en todo el mundo es buena prueba de ello.

Durante el siglo XX, cada nuevo medio de comunicación de masas aprendió a coexistir con el anterior. La radio convivió con los periódicos y la televisión con la radio; cada medio tenía su mercado y su target claramente diferenciado. La llegada de internet como plataforma transmedia que absorbe a todas las demás ha roto ese equilibrio y de todos los medios, ha sido la prensa escrita el más afectado. Riptide es un paseo histórico por ese fenómeno, comenzando con los primeros experimentos con teletexto y el nacimiento de AOL, con el que muchos estadounidenses comenzaron a navegar por internet. En aquella época, uno de los mayores retos para las compañías ya establecidas que querían entrar en la red no era encontrar modelos de negocio exitosos, sino establecer una cultura online dentro de ellas.

Al tiempo que AOL comenzaba a introducirse en todos los hogares, Tim Berners-Lee desarrollaba los protocolos de la World Wide Web, creando en la práctica internet como la conocemos hoy. El primer sitio web fue puesto en línea en 1991 y un par de años después nacieron los primeros navegadores, como Mosaic o Netscape, que hicieron internet accesible para todos, introduciéndola en la cultura popular y el comercio masivo. El concepto de una red libre y sin limitaciones era algo nuevo y aparentemente incompatible con el negocio de la prensa escrita. Los periódicos, a pesar de ser muy rentables, estaban llenos de limitaciones: las limitaciones en la fabricación y distribución, las limitaciones de espacio para contar historias o las limitaciones que imponían los anunciantes para colocar sus anuncios. Internet ofrecía todas las ventajas y ninguna de las limitaciones, o al menos, eso parecía. En todas las compañías de medios, surgieron los primeros entusiastas que saltaron a las aguas de la red con entusiasmo. El futuro estaba al alcance de la mano, y fue cuando muchos medios cometieron su pecado original en la red.

EL PECADO ORIGINAL

En esa época fue cuando comenzó a verterse el contenido de los medios en la red de forma gratuita, lo que para muchos es el origen de todos los males que aquejan hoy a la industria periodística. Todo comenzó con la creación de Yahoo News, que usaba los teletipos de Reuters para ofrecer noticias gratis a sus visitantes; en aquel momento, nadie se planteó cobrar por los contenidos, lo que quería Yahoo era aumentar su audiencia lo más rápidamente posible. El resto de medios le siguió, gracias a la expansión del lenguaje HMTL, que permitía hacer nuevas páginas dinámicas e interactivas en mucho menos tiempo de lo que hasta entonces era posible. De repente, gracias a internet los editores no tenían que pasar por AOL o Compuserve y podían, en cierto sentido, “poseer” a sus lectores y generar ingresos publicitarios directamente. Y todos ellos ofrecieron sus contenidos gratuitos para conseguir la mayor cantidad de visitantes y, a través de ellos, los mayores ingresos publicitarios.

En aquellos mediados de los 90, la mayoría de los grandes medios de comunicación establecieron sus páginas web y pronto se hizo evidente una tendencia: las grandes empresas de medios no apreciaron el valor de los ingenieros en lo que esencialmente fue una revolución tecnológica y, como consecuencia, la innovación era prácticamente inexistente. Sin ingenieros que entendieran las particularidades de la industria periodística, ésta no podía innovar y ofrecer nuevos productos, así que en cuanto otras compañías más innovadoras comenzaron a hacerlo, la industria periodística pasó a un segundo plano. Clayton Christensen lo resumió en el dilema de los innovadores: incluso la empresa más brillante vacila ante la innovación, porque en un primer momento esa innovación parece inferior al actual producto, pero a medida que la innovación mejora y gana cuota de mercado, ese producto original pierde valor y puede desaparecer. Eso es lo que ha ocurrido con internet y la prensa escrita.

Nadie ejemplifica mejor ese proceso que Google. Lo que comenzó como un mero buscador más logró, gracias a la eficacia de su algoritmo de búsqueda, ascender a los primeros puestos en su categoría; con los Adwords y la posibilidad de insertar anuncios adecuados a las búsquedas que uno realiza, Google se ha transformado en una nueva empresa de medios, y ha sido gracias al mismo elemento que hizo tan rentable a las antiguas empresas de medios: el dinero proveniente de la publicidad. Cuando los ingresos publicitarios de Google superan los de la industria periodística en su conjunto, no es de extrañar que los medios vean peligrar su antaño estable negocio; y es que, como negocio, la industria periodística ha girado siempre en torno a la publicidad, pero pocos en los medios lo han visto desde esa perspectiva, y es una de las causas por las que los medios están como están.

EL DESPLOME DE LA PUBLICIDAD

La publicidad cayó, como todo lo demás, a causa de la crisis financiera de 2008, pero al contrario de lo que ocurrió en la recesión de Estados Unidos de 2003-2004, donde la publicidad en internet también se desplomó, en esta ocasión se mantuvo e incluso creció, frente a la publicidad en prensa escrita que no ha hecho más que caer desde esa fecha. De ahí que los medios de comunicación, particularmente los periódicos, estén inmersos en un proceso de recortes, expedientes de regulación de empleo o incluso ventas a magnates de la red.

El nacimiento de los blogs permitió que algunos periodistas pioneros pudieran librarse de ese destino. Gracias a la tecnología de WordPress, Blogger y tantas otras plataformas, cualquiera podía publicar fácil y rápidamente sus contenidos en la web y los periodistas comenzaron a usarlo para acceder a los lectores sin la intermediación de las empresas de medios y algunos de ellos, como Andrew Sullivan u Om Malik se han convertido en marcas en sí mismos. Esto es así porque la red ha permitido que los costes de empezar un nuevo proyecto periodístico hayan bajado; la barrera está en un punto tan bajo que cada vez hay más medios nativos de internet, y la prensa como medio de comunicación de masas está en declive. Medios como The Economist o el New York Times pueden sobrevivir, pero el resto está abocado a reconvertirse por completo y redefinir su esquema.

Los periodistas se han caracterizado siempre por su habilidad para hacer análisis en profundidad y ricos en contenido pero se priorizaba el ser el más rápido, el primero, el que suelta el scoop. Ahora, esa prioridad no tiene ningún sentido, porque las TIC han hecho que todos tengamos las mismas posibilidades de ser los primeros; pero no todos podemos ofrecer análisis contrastados y bien investigados de la realidad, ahí es donde el periodismo tiene su baza para reinventarse en esta nueva era.

Esto es solo un pequeño resumen de lo que nos podemos encontrar en Riptide; a la espera de una versión en castellano, podéis descargarlo en inglés en este enlace, o a través de la biblioteca virtual de EScomunicación. Os animo a ello, pues, a pesar de estar excesivamente centrado en Estados Unidos, Riptide es una lectura esencial para comprender cómo ha llegado la industria de los medios de comunicación a la situación en que se encuentra.

 

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Publicado por Miguel Ángel Alonso Pulido

4 de octubre de 2013 a las 9:09 pm

Lecturas 2.0 esenciales: Los elementos del periodismo, de Bill Kovach y Tom Rosenstiel

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En EScomunicación hablamos constantemente de periodismo (y de algunos otros temas) pero hay veces en las que puedes perder de vista qué es el periodismo; por eso libros como Los elementos del periodismo son una lectura esencial. Escrito por los periodistas estadounidenses Bill Kovach y Tom Rosenstiel en 2001, establece una serie de características fundamentales para poder definir el periodismo, nueve elementos de los que ya hemos hablado en el blog. Ahora, finalizada la relectura, es cuando toca una reseña más extensa de un libro que todo periodista debe leer.

Qué es periodismo

Muchas veces da la impresión de que la definición de periodismo es circular: periodismo es lo que los periodistas dicen que es periodismo, y por esa regla de tres solo los periodistas pueden decidir qué es buen periodismo o mal periodismo. Esta pretensión perversa no dice nada bueno de algunos profesionales, y hay quien sostiene que definir el periodismo puede resultar peligroso en cuanto que sería limitarlo. Pero en el caso del periodismo definir no es limitar y lo cierto es que hace falta definir qué es el periodismo, y podemos hacerlo a través de su función: El propósito principal del periodismo es proporcionar a los ciudadanos la información que necesitan para ser libres y capaces de gobernarse a sí mismos.

Partiendo de esa función, vemos la principal característica del periodismo es el servicio que presta a los ciudadanos. Hasta este siglo, esa función incluía decidir qué noticias eran dignas de ser publicadas y cuáles no, pero en la era de la sobreabundancia de información esa labor de gatekeeper ya no constituye una cualidad definitoria. Ahora, cuando los ciudadanos tienen a su disposición más información que nunca en la historia, el periodismo no necesita reinventarse como puedan pensar algunos. Las tecnologías de la información y la comunicación no han cuestionado la función del periodismo, tan solo han modificado la manera en que los periodistas deben llevarla a cabo. Ya no es labor de los periodistas decidir qué debe o no debe saber el ciudadano, sino ayudarle a poner en orden la información que le llega.

El periodismo intenta llegar a la verdad en un mundo confuso procurando discernir en primer lugar lo que es información fidedigna de todo lo que son informaciones erróneas, interesadas o simplemente desinformación”

Así, la era digital no provoca ningún cambio fundamental en la función del periodismo. Puede que las técnicas hayan variado, pero los principios subyacentes siguen siendo los mismos y la primera obligación del periodismo es la verdad. Las discusiones filosóficas sobre la verdad no corresponden al periodismo, sino a la semántica, por eso los periodistas deben buscar una forma práctica o funcional de verdad, no la verdad en un sentido absoluto o filosófico, no la verdad de una ecuación. El periodismo puede -y debe- buscar la verdad en un sentido que nos permita gestionar nuestra vida cotidiana; no basta con reproducir los hechos verazmente, hay que informar de la verdad que encierran los hechos. La fidelidad a los hechos importa, por supuesto, es el cimiento sobre el que se construye todo lo demas: el contexto, la interpretación, el debate… El periodismo intenta llegar a la verdad en un mundo confuso procurando discernir en primer lugar lo que es información fidedigna de todo lo que son informaciones erróneas, interesadas o simplemente desinformación, para luego dejar que la comunidad reaccione y el proceso de discernimiento continúe.

Esta búsqueda de la verdad ha sido sustituida a veces por conceptos como imparcialidad o equidad, pero la imparcialidad es un concepto demasiado abstracto y hasta más subjetivo que la verdad, y la ecuanimidad también es subjetiva. Si las partes implicadas en una noticia no tienen el mismo peso, ser equitativo e imparcial puede equivaler a no ser fiel a la verdad. La necesidad de verdad es hoy mayor que nunca y no puede ocultarse tras artificios o juegos lingüísticos; es lo que debe buscar el periodista ante todo y sobre todo.

Lealtad a los ciudadanos

El periodismo debe su lealtad a los ciudadanos y por eso nunca debe aislarse o encerrarse en una burbuja, y mucho menos considerar a los ciudadanos como clientes a los que presta sus servicios. El periodismo establece una relación con su audiencia muy distinta a la de cualquier otra empresa de la economía de consumo tradicional, y en algunos aspectos mucho más compleja. El público no es un cliente que compra bienes o servicios, pero el anunciante sí lo es, y en muchos casos las empresas periodísticas han priorizado al anunciante sobre los ciudadanos, un error que ha costado muy caro. El periodismo debe restablecer el compromiso con el pueblo que la industria periodística ha contribuido de manera tan errónea a subvertir.

La noción de libertad de prensa se basa en la independencia. Solo una prensa libre de censura puede contar la verdad”

La esencia del periodismo es la disciplina de verificación, es lo que le diferencia del entretenimiento, la propaganda o las obras de ficción, el centrarse en el relato fidedigno de los hechos. Verificar no es limitarte a comprobar que todo lo que cuentas es verdad, que también, sino aplicar los principios correctos para que las noticias que elaboras contengan solo hechos: No añadir nada ni maquillar los hechos; no engañar a tu público con técnicas narrativas o dramáticas que se aparten del relato de los hechos; ser transparente, decir por qué la información nos parece fiable y qué has hecho para conseguirla, y con eso, además, mostrarás a tu público que lo respetas; y ser humilde, especialmente en lo que refiere a tu propia capacidad, para no perder nunca de vista que tu trabajo es buscar la verdad para informar a los ciudadanos.

Los periodistas deben mantener su independencia con respecto a aquellos de quienes informan. Es un gesto de arrogancia, ingenuidad y autoengaño pensar que se puede informar de una noticia al tiempo que se forma parte de ella, y es uno de los mayores males a los que se enfrenta el periodismo. La noción de libertad de prensa se basa en la independencia. Solo una prensa libre de censura puede contar la verdad y, en la actualidad, esa libertad se extiende para significar también independencia de otras instituciones, como partidos políticos, anunciantes, empresas…

Para poder asegurar esa independencia es importante la transparencia. Como ciudadanos merecemos saber si un reportero mantiene una implicación directa con los asuntos o las personas sobre quienes informan. Pero siendo importante, no basta con la transparencia, es crucial mantener cierta distancia personal a fin de mantener la claridad de ideas y hacer valoraciones independientes. Cada vez más, se percibe a la prensa no como una institución representante del pueblo y que actúa en su nombre, sino como parte de un poder establecido; por eso los periodistas están tan mal valorados. Por desgracia, hay muchos periodistas que no son lo bastante sinceros o inteligentes para reconocer que una opinión debe basarse en algo más sustancial que las creencias personales si es que ha de tener un valor periodístico.

Control del poder

Y la independencia es aún más importante porque el periodismo debe ejercer un control independiente del poder. Los periodistas deben ejercer su vigilancia no solo sobre el Gobierno, sino sobre el mundo empresarial, el ámbito cada vez mayor de las actividades sin ánimo de lucro y el foro de debate cada vez más amplio creado por las tecnologías de la información. Dentro de esa labor de control, además, el periodismo tiene que proporcionar un foro público para la crítica y el comentario. En esta nueva era de los medios es más importante, no menos, que ese debate público se construya sobre los mismos principios que el resto del periodismo, empezando por la necesidad de atenerse a la veracidad, los hechos y la verificación.

Los periodistas han de esforzarse para que el producto periodístico sea atractivo y relevante. El periodismo es una narración con un propósito, proporcionar al ciudadano la información que necesita para comprender el mundo; el primer desafío es encontrar la información precisa para los ciudadanos; el segundo, que sea significativa, relevante y atractiva. Estos desafíos no imposibilitan la labor del periodista, solo la hacen más difícil y sirven para distinguir el periodismo de éxito del periodismo perezoso, el buen periodismo del malo, el ecuánime del sensacionalista.

El periodismo es una narración con un propósito, proporcionar al ciudadano la información que necesita para comprender el mundo”

La responsabilidad del periodista no se limita únicamente a conseguir y ofrecer información, sino a hacerlo de tal modo que la gente quiera prestarle atención, buscando el equilibrio entre los dos extremos de información y entretenimiento. Una noticia que se limite a enumerar datos o sucesos resulta tan poco natural como otra que por entretener abandone cualquier información relevante. Y sobre todo no hay que olvidar que sea cual sea el tratamiento de una noticia, su mayor atractivo es que sea cierta.

Todos estos son solo algunos de los aspectos tratados en el libro, una lectura obligada para todo aspirante a periodista o profesional del periodismo. Kovach y Rosenstiel han creado un manual y un manifiesto para que el periodismo pueda volver a ser un instrumento al servicio de los ciudadanos y no de otros intereses. Aunque no entran de lleno en el cambio de paradigma del periodismo hacia el digital y la crisis de los periódicos, Los elementos del periodismo es un espejo de lo que son los componentes clave del periodismo, que todos los nuevos medios nacidos en la red deben interiorizar y respetar, para que el periodismo del siglo XXI no cometa los errores del periodismo del siglo XX.

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Publicado por Miguel Ángel Alonso Pulido

16 de septiembre de 2013 a las 9:09 am

Lecturas 2.0 esenciales: Free, de Chris Anderson

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Free, de Chris Anderson

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Free, de Chris Anderson

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Chris Anderson es uno de esos autores que todos deberíamos leer. Su primer libro, The Long Tail, es una lectura muy esclarecedora, tal y como reseñé en su momento. En este su segundo libro, Free: The future of a radical price (Gratis: El futuro de un precio radical) nos habla sobre el concepto de gratuidad y cómo está cambiando poco a poco nuestra percepción de todo. Que nadie se lleve a engaño, es posible ganar dinero, mucho dinero de hecho, sin cobrar nada. No es cobrar nada por cualquier cosa, sino por las suficientes para que en torno al precio cero se haya creado una economía más grande que la de muchos países.

Uno de los primeros apuntes que hace Anderson es que apenas hay modelos económicos que estudien la gratuidad, mas allá de teorías olvidadas del siglo XIX o discusiones académicas. Por tanto, ha surgido una economía alrededor de la gratuidad antes que un modelo económico que sea capaz de describirla. Todos sabemos lo que es gratis, pero nada tiene que ver el gratis del siglo XX con el gratis del siglo XXI. El siglo pasado una de las herramientas de marketing más poderosas era regalar una cosa para crear demanda de otra y esa técnica ha aguantado mucho tiempo: regala el teléfono móvil, cobra una tarifa mensual; haz la consola de videojuegos a precio de coste y vende los juegos a precio de oro. Por eso existe tanta desconfianza con el precio cero. Pero el gratis del siglo XXI no tiene nada que ver con trucos o engaños, sino con la posibilidad de reducir los costes de bienes a servicios a precios tan cercanos a cero que es más fácil redondear hacia abajo. Y eso es así porque la nueva gratuidad se basa en la economía de los bits y no en la de los átomos.

En la economía de los átomos, las cosas tienden a encarecerse con el tiempo, mientras que en la economía de los bits, la tendencia es a abaratarse. Las personas suelen sospechar de los productos gratuitos en la económica de átomos, pero confía en los productos gratuitos de la economía de bits. Instintivamente, entienden la diferencia entre las dos economías, y aun lo hacen más los nacidos en el último cuarto del siglo XX. Para las generaciones anteriores, la escasez (de comida, trabajo, ropa u otro bien) era una preocupación constante. Por el contrario, para los nacidos en los últimos 30-35 años la abundancia ha sido la norma.

Está ocurriendo en todos los ámbitos donde los bits sean el elemento predominante. Y a medida que la abundancia pasa a ser la norma, el valor se desplaza a otro lugar. Hace algunas décadas, el mayor valor de los productos residía en el proceso de fabricación. Pero llegó la globalización y la fabricación se convirtió en un bien común y abundante y el precio cayó. Así que el valor se ha movido hacia otras áreas que aún no son comunes, alejándose del trabajo manual y acercándose al trabajo mental. Los trabajadores del conocimiento de hoy en día son los obreros del ayer (y los granjeros del antes de ayer), y buscan la escasez para poder aportar valor.

Nuestros propios sentimientos hacia lo gratuito también juegan un papel importante. Si algo solía costar dinero y ahora ya no cuesta nada o cuesta menos de lo que costaba antes, tendemos a relacionarlo con una pérdida de calidad. Pero si algo nunca ha costado dinero, no sentimos lo mismo. Desde el punto de vista del consumidor, hay una gran diferencia entre barato y gratis. Un producto gratis puede hacerse viral. Cobra un solo céntimo y ya estás en un negocio diferente, en el que tienes que luchar con uñas y dientes por cada cliente. Cero es un mercado y todos los demás precios son otro.

Y como todo, lo gratis también tiene sus riesgos. El precio cero es la mejor manera de maximizar el alcance de un producto o servicio pero, a no ser que maximizar el alcance sea tu objetivo principal (como puede ser en el caso de Google), puede tener efectos contraproducentes. Como cualquier otra herramienta, la gratuidad debe usarse con cuidado para evitar que cause más perjuicios que beneficios.

La Ley de Moore multiplicada por tres

La Ley de Moore juega un importante papel en la economía de los bits, ya que afecta a tres aspectos clave de internet: la capacidad de procesamiento, la capacidad de almacenamiento y el ancho de banda. En los tres casos, más o menos cada año y medio se duplica la capacidad o, lo que es lo mismo, el coste se reduce a la mitad. Un centro de datos de Google cuesta ahora la mitad que a finales de 2011, y esa caída de los precios es la clave y el motor del gratis del siglo XXI. El coste de cualquier cosa relacionada con esos tres aspectos siempre bajará y continuará bajando hasta llegar tan cerca de cero como sea posible.

Y si los aspectos físicos están viajando hacia el precio cero, ¿qué ocurre con los contenidos? Pues que las ideas son el bien más común que hay, y se difunden y propagan a coste cero. Una vez concebidas, las ideas buscan diseminarse en todas las direcciones, son los memes. Pero en el mundo de los negocios, las compañías ganan su dinero creando una escasez artificial de ideas a traves de patentes, copyrights y leyes de propiedad intelectual. Todas esa trabas legales tuvieron su razón de ser en la economía de la escasez para dar a los creadores un incentivo par seguir creando, pero en la economía de la abundancia han perdido su sentido y deben reformularse. Las ideas no pueden ser controladas por siempre.

Y cuantos más productos están hechos de ideas antes de que materia, de bits antes que de átomos, más rápido se abaratan y buscan el precio cero. De ahí viene la abundancia que lleva a lo gratis en el mundo digital y que resumimos como la Ley de Moore. Pero no se limita a la red, cualquier industria en la que la información se convierta en la materia prima seguirá esa misma curva y tenderá a cero con el tiempo. Ocurrirá por ejemplo en la medicina, en la que cada vez más servicios médicos y de diagnóstico serán realizados por software (que también se abarata con el tiempo, hasta llegar a ser gratis) en vez de por doctores (que serán cada vez más caros).

Una lectura imprescindible

Estos son solo algunos de los aspectos relacionados con la gratuidad y el precio cero que Anderson examina en su libro. Al igual que The Long Tail, Free es un libro visionario que abre los ojos sobre las nuevas relaciones que se establecen entre las tecnologías de la información y la economía. Desde la la desaparición del mercado de las enciclopedias hasta las luchas de Microsoft contra el software libre, pasando por la situación de los medios de comunicación y cómo el precio cero afecta a las industrias editorial o de la música. También estudia el surgimiento de nuevas formas de valorar las cosas cuando el dinero ya no forma parte de la ecuación, como son la reputación, la atención o la repercusión, además de cómo usar la escasez en el nuevo entorno de abundancia.

Para los periodistas, Free es un libro que ayudará a entender el ecosistema digital en el que nos movemos y que va a ser donde los estudiantes de periodismo de hoy desarrollen su carrera. Además les servirá para desmontar muchos mitos sobre la gratuidad que todavía hoy existen, como el afirmar que internet no es gratis porque pagas a tu proveedor de internet. Aparte de que eso significa equiparar el contenido al contenedor, es confundir el coste de transmitir cada mega de información con el coste de crearlo y el valor que tiene para el un receptor. Son dos cosas totalmente distintas y se rigen por economías distintas.

En resumen, considero que Free es una lectura imprescindible. Tanto si quieres ahondar en el desarrollo del precio cero a lo largo de la historia, como si quieres conocer diferentes ejemplos de cómo se pueden construir negocios rentables y exitosos partiendo de la gratuidad, en Free tendrás muchas, si no todas, de las respuestas que necesitas. Este es uno de esos libros que abren tu mente a nuevos conceptos e ideas y solo por eso deberías leerlo cuanto antes. Pero además estoy convencido que será una lectura de referencia dentro de unos años. Si quieres saber antes que nadie cómo será parte de la economía del futuro, debes leer Free, de Chris Anderson.

 

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Publicado por Miguel Ángel Alonso Pulido

6 de mayo de 2013 a las 9:09 am

Lecturas 2.0 esenciales: El último que apague la luz, de Lluís Bassets

5 comentarios

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Cuando supe que el director adjunto de El País Lluís Bassets había publicado un libro titulado El último que apague la luz: Sobre la extinción del periodismo, lo compré en Amazon en ese mismo momento. Un periodista de la talla y de la experiencia de Bassets, que está viviendo en primera persona la desaparición de la prensa escrita y el cambio de paradigma en que nos encontramos, tiene por fuerza que tener ideas muy claras y una visión interesante sobre el futuro del periodismo. Y puedo decir que no me ha defraudado en absoluto.

El último que apague la luz se compone de cinco grandes capítulos o meditaciones en los que Bassets habla del pasado, presente y futuro de la profesión periodística, con especial atención en los periódicos, como no podía ser de otra forma. Y lo hace de una manera más pesimista de lo que me pensaba, dando por hecho la desaparición de la prensa escrita. “Nada hay tan deprimente como la noticia de que ya no volveremos a dar noticias”, afirma.

LA CONQUISTA DE LA LIBERTAD

En la primera parte, Bassets rememora la última época del franquismo y la transición para contarnos cómo se consiguieron las libertades de las que llevamos disfrutando en España desde hace décadas. Con tintes autobiográficos, nos relata cómo la Ley Fraga supuso un balón de oxígeno para “un sector comatoso” y permitió la aparición de numerosas iniciativas, la puesta en marcha de otras y la preparación de toda una clase profesional para la democracia.

Con la muerte de Franco, se intensificó la conquista de nuevos márgenes y espacios de expresión y las elecciones generales del 77 fueron las primeras en las que los medios jugaron, con amplios márgenes de libertad, un papel relevante. La prensa y la radio proporcionaron la legitimidad imprescindible a la democracia que estaba naciendo. Así, cuando se redactó la Constitución, no hubo ninguna dificultad especial para incorporar en el articulo 20 no sólo las libertades de expresión e información sino reivindicaciones más periodisticas, como la claúsula de concencia y el secreto profesional.

Durante la década de los 80, la sociedad española se saltaba toda una etapa de fuerte alfabetización y de masiva lectura de prensa para pasar directamente a la cultura audiovisual, con la llegada de las televisiones autonómicas primero, y de las televisiones privadas después. Los años pasaron y los medios de comunicación se fueron concentrado en grandes grupos de comunicación, cada vez más politizados. Y de esta forma, el periodismo y los medios que participaron en el impulso reformista de la transiación son ahora victimas y a la vez responsables de la falta de impulso democrático de nuestras sociedades en otro momento de transición tecnológica y crisis económica.

PERIODISTAS Y BLOGUEROS

En la segunda meditación, Bassets analiza el cambio de paradigma al que se enfrenta el periodismo, una revolución en la comunicación que confunde todas las fronteras y límites entre tres colectivos antes claramente diferenciados: periodistas, lectores y protagonistas. Los ritmos pautados en que el ciudadano recibía la información, con diarios matutinos y vespertinos e informativos de radio y televisión a horas concretas, han sido sustituidos por la información continua y la conexión permanente.

La crisis ha hecho que cada vez haya menos dinero en las viejas empresas de medios para invertir en contenidos: los ingresos disminuyen en todos los frentes y el negocio se hace más inviable a cada cuenta de resultados. Y así, tenemos la paradoja de que estamos más cerca que nunca del paraíso de la información en cuanto a acceso y disponibilidad de medios para informarse, pero queda limitado o incluso entre grandes interrogantes por el desplome del precio de la información y la correspondiente expansión de la cultura de la gratuidad, que sitúa al borde de la extinción a los medios de comunicación tradicionales.

Pero a pesar de eso, vivirá el periodismo y vivirán los periodistas. Quizás serán menos que ahora, pero volverán a ser muchos más en el futuro, hasta alcanzar potencialmente a todos los ciudadanos con derechos activos y pasivos a gozar de la libertad de expresión. Mariano José de Larra se veía a sí mismo “periodista por mí y ante mí”. Eso mismo pueden decir los blogueros y es por eso que la naturaleza de periodista no te la dará ya el sitio donde trabajes, sino tu trabajo.

ESTA CRISIS ES NUESTRA

El tercer capítulo está dedicado a la doble crisis de la prensa, la que sufre como efecto de la crisis general y la propia, una crisis interna de los medios, la prensa y el periodismo. Esa crisis propia afectará a todos los medios de comunicación, aunque de distinta forma y con ritmos muy distintos. Es una crisis profunda, transformacional, puesto que la integración multimedia en plataformas digitales accesibles a través de ordenadores, lectores o móviles es el horizonte tecnológico de todos los medios y será la base de los futuros modelos de negocios que sustituyan a las actuales empresas de prensa y de medios audiovisuales.

Bassets recuerda la predicción hecha por Philip Meyer en su libro The Vanishing Newspaper, que situaba en 2043 la fecha en la que saldrá el último periódico impreso. Hoy, es bien claro que se trataba de un cálculo optimista y que hay que adelantar esta fecha como mínimo en dos décadas. Para los periódicos, la doble crisis les ha castigado de forma triple: la crisis económica hace que caigan las ventas y los ingresos publicitarios, caiga el valor de los activos y de las acciones y crezca el nivel y el coste del endeudamiento; la crisis propia hace que prolifere el periodismo fácil y sensacionalista para atraer desesperadamente a la audiencia, que los periódicos pierdan su credibilidad y su crédito ante la sociedad, y que la audiencia descubra que ya no necesita el periódico del día para estar bien informado.

Las empresas de medios se han protegido en las ultimas décadas en la dinámica del too big to fail (demasiado grande para dejarlo caer), pero nada es demasiado grande ante un cambio de paradigma como el que estamos viviendo. El fondo de la crisis está en la radicalidad del cambio tecnológico y social que está conduciendo a un erosión de la intermediación, al acceso gratuito a los contenidos y a la ruptura de todos los monopolios de producción y distribución. Será difícil que en el nuevo siglo existan empresas periodísticas que alcancen las cotas de exceleción profesional, prestigio politico y social, y altos niveles de ingresos que han caracterizado a las grandes editoras del último siglo y medio. Pero seguirá pesando su historia y ese extraño ideal de unas instituciones de naturaleza doble, que viven tanto de sus beneficios como de su influencia.

CHASCO Y FIASCO DE WIKILEAKS

Wikileaks y otras páginas e iniciativas similares son una nueva especie en el ecosistema informativo, que ha nacido gracias a que cualquier ciudadano tiene la posibilidad de acceder personalmente a unos nuevos instrumentos de poder y tiene a su disposición los instrumentos tecnólogicos y la preparación para convertirse en comunicador y hacer perfectamente prescindible el oficio retribuido y diferenciado del periodista. La profesión se diluye y la capacidad de contar la realidad ya no es una exclusiva de una profesión o de un grupo humano, sino que se extiende al menos virtualmente a todos.

Así y todo, Wikileaks no ha cambiado la historia de la humanidad. Las relaciones internacionales quedaron intactas, no cambiaron ni siquiera los comportamientos diplomáticos. Ni tan solo la forma de trabajar de los periódicos tradicionales. Fue un extraordinario ejercicio periodístico y un colosal chasco comunicativo, reducido al final a la aventura personal, mezcla de coraje y de megalomanía, de Julian Assange, el hacker que llegó a codearse con los periodistas más poderosos del mundo antes de caer por su mala cabeza en las redes de la Justicia británica.

ANTES DE LA EXTINCIÓN

La meditación final de Bassets es la más clara y pesimista, partiendo con la frase brutal de Juan Luis Cebrián en su entrevista a Jot Down: “Estamos muertos pero todavia no lo sabemos”. No es muy difícil demostrar que el periodismo tal y como lo hemos conocido ha pasado a la historia, ni siquiera es díficil justificar la dureza de la metáfora de Cebrián. Y todo por la aparición de internet, un objeto nuevo e invasivo en el paisaje de los medios, una tecnología disruptiva que trastoca y cambia todos los esquemas tradicionales.

Internet no es un medio, es un entorno tecnológico en el que convergen todos los medios existentes. No los sustituye, sino que los destruye como negocio y los absorbe e integra como medios en un entorno único. Para los periódicos, internet es un instrumento de excelencia y su tumba, una oportunidad y una ruina, su salvación y su némesis. Mejora y liquida el oficio simultáneamente, algo insólito en la historia de la tecnología.

Se han roto dos de los pilares del sistema de medios. Hemos pasado de conexiones singulares a la información durante el día a la conexión permanente. Ya no esperamos conectarnos con el mundo al leer el periódico, al contrario, estamos todo el tiempo enchufados. Y si la pauta temporal desaparece, también está quedando obsoleto el cierre o deadline, ese concepto inscrito a fuego en cada periodista. No hay acumulación diaria de acontecimientos para su destilación cada 24 horas, sino un flujo continuo que exige realizar continuamente todas las operaciones antaño sometidas al ritmo diario.

La teoría de la noticia queda subvertida. En la red, la información está lista en cuando se considera que tiene suficiente cuerpo como para ver la luz, y esto sucede en estado muy germinal, cuando todavía no es noticia y no se ha comprobado del todo. Porque el público quiere acceder a todo y enseguida, sin nadie que ejerza una autoridad intermediaria de filtro y de ratificación. El rumor no era noticia en la era periodística. En la era del periodismo post-industrial es noticia todo lo que colgamos en la red y alguien considera que es noticia. No hay noticias sino versiones sucesivas e instantáneas de una información que van tomando cuerpo y solapándose hasta conformar la noticia que se instalará en la actualidad como tal.

UNA LECTURA ESENCIAL

Si has llegado hasta aquí, comprenderás por qué considero El último que apague la luz una lectura esencial, tanto que he escrito el post más largo de la historia del blog para hacer esta reseña. Junto a Periodismo Post-industrial (que reseñé aquí), creo que es el libro que más claro aborda el futuro del periodismo y la prensa escrita, reconociendo los problemas, apuntando los orígenes, las causas y analizando las consecuencias, aunque sin llegar a proponer soluciones, más allá de reivindicar el auténtico periodismo, el de toda la vida. Como ya he apuntado alguna vez, el futuro del periodismo pasa por volver a las raíces del periodismo, y libros como El último que apague la luz son los que nos indican el camino para ello. 

 

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