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Los internautas ya no existen, siempre fueron personas

Cuando el debate sobre la Ley Sinde estuvo en su apogeo, uno de los argumentos más comunes usados por los defensores de la misma era qué quiénes eran las asociaciones de internautas para hablar en su nombre, que ellos eran tan internautas como el que más. Este argumento degeneraba rápidamente en acusaciones a estas asociaciones de oscurantismo, ansía de poder o afan de protagonismo, cualquier cosa con tal de defender una ley inútil desde su concepción.

Esta discusión sobre quién es internauta ha sido superada ya, en mi opinión, desde el momento en que el número global supera los dos mil millones y aquí en España internet ha alcanzado una penetración del 63 por ciento. Los internautas ya no existen, ahora somos, y siempre fuimos, personas que coincidía que teníamos acceso a internet, y desde el momento en que esa característica ha dejado de ser un lujo para convertirse en algo tan ubicuo y normalizado como tener carnet de conducir, la etiqueta de internauta ha perdido todo su sentido.

La metáfora del carnet de conducir es muy apropiada. ¿Cuántos de vosotros os presentáis como conductores? Exceptuando a los que lo hagan de manera profesional o pertenezcan a alguna asociación, apuesto a que ninguno lo hace. En el caso de los internautas, es lo mismo. No conozco a internautas profesionales, pero hay gente que vive de la red y no es nada extraño tampoco que el presidente de la asociación de internautas se presente como tal, pero yo no puedo presentarme como internauta, y seguro que tú tampoco.

No es que tengamos una vida offline más rica que la online o viceversa, es que esos supuestos ya no tienen sentido. Los que hemos vivido la introducción de internet desde el principio recordamos el concepto de ciberespacio, hecho famoso por las novelas cyberpunk o películas como Matrix o El cortador de Cesped. La idea de ciberespacio tenía sentido cuando internet lo usaban cuatro y las relaciones online eran totalmente distintas de las offline, mundos separados por completo. Hoy, eso ya no es así.

Para un veinteañero típico, hay un solapamiento sustancial en sus amistades y relaciones online y offline y, como ha crecido con ese solapamiento, el mismo concepto de ciberespacio le resulta extraño (a no ser que sea fan de la ciencia-ficción). De hecho, lo raro es ya no estar conectado, y de ahí la brecha digital entre generaciones. En lugar del espacio separado que fue en sus comienzos, internet y todo lo que ha traído consigo ha entrado profundamente en nuestra vida cotidiana de formas que sólo ahora podemos empezar a estudiar. Por eso, los internautas han dejado de existir y podemos empezar a vernos como lo que siempre fuimos, personas.

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Modernizarse no es tener un iPhone 4

Ayer terminó el debate de las enmiendas al articulado de los Presupuestos Generales del Estado. Por mi trabajo y posición, he tenido que seguir ese trámite parlamentario y, tanto el miércoles por la tarde-noche como el jueves por la mañana y tarde, estar pendiente de las votaciones.

No se me ocurre un proceso que necesite ser informatizado con más urgencia que esas votaciones. Para quien no sepa cómo se hacen, le invito a que acuda a este enlace, se salte las primeras 8 horas del vídeo y vea unos cuantos minutos de la votación. Si no tiene ganas de verlo, ya lo resumo yo. Durante una hora larga, 38 diputados se dedican a votar (por separado, en bloques y casi cualquier combinación que se te ocurra) las enmiendas de los Presupuestos, a las que se identifica tan sólo por el número, con lo que más vale que tengan clarito a qué se refiere y qué debatieron en su momento, horas antes. Los momentos de confusión pueden producirse muy fácilmente y sólo el buen hacer de los letrados de la Cámara permite que ésta (y otras votaciones) puedan producirse.

La legislatura pasada hubo un plan de modernización tecnológica en la Cámara Baja, en las reuniones de la Junta de Portavoces se ha eliminado el papel, y la noticia surgió este verano cuando se dio la posibilidad a los diputados de adquirir un iPhone 4 institucional. Incluso Rajoy ha aparecido usando un iPad (aunque no a cuenta del Congreso, pero sí en el hemiciclo). Muy modernos, sí, pero nuestros diputados, con honrosas excepciones, no son muy amigos de las nuevas tecnologías.

Lo fácil que sería implementar una wiki interna para facilitar todo el proceso de enmiendas y transacciones, y acceder a ella en los ordenadores eliminando el uso de miles de hojas de papel. Se podría trabajar directamente sobre el texto original del Gobierno, incorporando todos los cambios que cada grupo considere necesario. El debate continuaría siendo igual, defendiendo cada cual sus enmiendas e incorporando transaccionales al instante y sin necesidad de tener que pasarlas a limpio y trasladárselas a los demás. Las votaciones también serían mucho más rápidas y sin confusiones ni necesidad de leer largas listas de cifras, y el resultado final sería accesible mucho más rápido que en la actualidad, que todavía se tarda días en organizar y editar los textos legales.

Qué fácil sería si hubiese un poco de voluntad para mejorar los procedimientos y humildad para aprender, pero creo que todavía queda mucho hasta que la primera generación de nativos digitales llegue a la política.

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La brecha tecnológica y generacional

Me pasa mi colega Juan la siguiente noticia del diario Público: Las redes sociales no convencen a los españoles. Tras leerla, busco el teletipo original de Europa Press y el Eurobarómetro al que hace referencia y compruebo que, una vez más, un titular polémico y muy interpretable vende más que un titular puramente informativo.

Por lo que se ve, que un 28% de los españoles participe en las redes sociales no debe ser algo digno de destacar. Según el Instituto Nacional de Estadística, somos casi 47 millones de españoles, con lo que el 28% equivale a 13.160.000 personas. Más de 13 millones de personas haciendo uso de las redes sociales es mucha gente conectada, un mercado muy grande para cualquier empresa y cinco veces más que la población de Letonia, el país de la UE con más participación en redes sociales segun el Eurobarómetro.

Y eso por no hablar de otra cifra del estudio, la del 47% de penetración de Internet en nuestro país. Cada cual verá el vaso a su manera, medio lleno o medio vacío, pero nadie puede negar que tener más de 22 millones de personas conectadas en España, a pesar de tener tarifas más caras que la media de Europa, es un paso muy grande para nosotros. O también podemos citar otro estudio del Observatorio Nacional de las Telecomunicaciones y la Sociedad de la Información, que da la cifra de 27 millones de internautas, todavía más gente conectada.Pero hay una cifra en el Eurobarómetro que no aparece en el teletipo de Europa ni, por tanto, en la noticia de Público que lo reproduce, y que me preocupa.

Age seems to be the biggest socio-demographic factor distinguishing those who use social networking websites. Among those who use social networking websites every day, 15-24 years olds and students are most prevalent, whilst among those who would never use a social networking website the most prevalent are over 40 year olds and the retired.

Si ya existe una brecha tecnológica y generacional entre quienes usan Internet y quienes no, esta nueva brecha que se abre entre los que están en las redes sociales y los que no piensan usarlas la va a hacer aún mayor. Tenemos a una generación de trabajadores jóvenes que, con suerte, han encontrado un puesto de trabajo y que ven como a sus tareas habituales se le suman una serie de obligaciones online (y no me refiero sólo a gestión de redes sociales) sin que se reconozca en su sueldo, frente a las generaciones anteriores, que tienen mejores sueldos (en general) pero están totalmente incapacitadas, y hasta orgullosas de ello, para realizar cualquier trabajo online.

Esta brecha digital sí va a ser un problema real en los próximos años, a medida que la red se haga cada vez más omnipresente en nuestras actividades y en la economía, y cambie, en mayor o menor medida, nuestras costumbres y usos sociales. Se podrá pensar que soy un visionario, que he leído mucha ciencia ficción, que exagero, pero la realidad irrefutable es que no hay marcha atrás en el cambio, en ningún cambio. La gente no va a dejar de conectarse a Internet ni de usar redes sociales y la inexorable Ley de Moore hará posible que cada vez haya más dispositivos conectados a través de los cuales podamos interactuar. Más allá de estudios y encuestas sobre los que se puede discutir hasta el fin de los tiempos, hay que preguntarse si estamos preparados para ese cambio.