Ayer fue el día internacional de la libertad de prensa, una efémerides que fue aprovechada por la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE) para convocar concentraciones de periodistas en defensa de la profesión, que no atraviesa uno de sus mejores momentos. El hashtag #periodigno concentró las manifestaciones en las redes sociales, siendo trending topic durante buena parte del día.
Pero hay algo que me asusta de las concentraciones de ayer. Parte de los lemas era que sin periodistas no hay periodismo y sin periodismo no hay democracia. De ello se sigue que sin periodistas no hay democracia, lo cual me parece un poco exagerado.
En sus inicios, el periodismo buscaba lo que busca toda empresa: beneficios. Y no tenían reparos a hacer lo que fuera para aumentarlos. No fue hasta los años 70 cuando las empresas periodísticas comenzaron a actuar realmente como un cuarto poder (y el caso del Watergate es el más destacado en ese sentido). Pero de eso hace ya cuarenta años, el mundo ha cambiado mucho y el negocio del periodismo ha cambiado aun más.
Manteniendo la vocación de servicio público, los periodistas tienen que actualizarse y seguir aprendiendo.
Estamos entrando en una nueva era en el que ya no importa ser el primero, sino ofrecer informaciones diferentes a las de los demás, que aporten algo distinto. Es un nuevo periodismo en el que los periodistas no son ya los únicos dueños de la información ni los gatekeepers de la misma, controlando y decidiendo lo que sale a la luz. Es este cambio de paradigma el que está haciendo que muchos periodistas corran el riesgo de quedarse desfasados.
No se puede trabajar de la misma manera ahora que en el siglo pasado, a pesar de que sólo llevemos doce años del siglo XXI. Todo ha cambiado y aunque por desgracia eso supone un empeoramiento de las condiciones de la profesión, es algo imparable. Y para luchar contra el cambio hay que adaptarse, no hay que intentar mantener las mismas viejas estructuras. Se puede trabajar como periodista dignamente, pero comprendiendo que no puede ser como antes y que esas condiciones nunca volverán.
Sabiendo eso, hay que luchar para defender la profesión y que los periodistas tengan un trato digno. Estamos en una nueva era, un territorio aun inexplorado en el que hay muchas oportunidades y las reglas no se han escrito. Manteniendo la vocación de servicio público, los periodistas tienen que actualizarse y seguir aprendiendo. Para que una empresa periodística prospere, el periodista debe perder el miedo a los números e implicarse en la empresa, conociendo sus entresijos como si fuera el gerente. Y sobre todo, hay que renovarse, mezclando la experiencia de los más veteranos con la osadía de quien no teme fallar, porque quien cree que ya sabe todo lo que necesita, no sabe nada.






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