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Textos y reflexiones sobre periodismo, tecnología y la relación entre ambos

Archive for the ‘tecnología’ Category

Descárgate el libro Herramientas Digitales para Periodistas

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Ya está disponible la segunda edición actualizada del libro Herramientas Digitales para Periodistas, escrito por la periodista Sandra Crucianelli con el apoyo del Centro Knight para el Periodismo en las Américas de la Universidad de Texas. Este libro electrónico, disponible en formato PDF, es un excelente compendio de herramientas para cualquier periodista que deba desenvolverse en un entorno digital, lo que significa que todo periodista que se precie debería echarle al menos un vistazo.

Pistas para sacar el máximo partido de los buscadores y las redes sociales, consejos para iniciarse en el periodismo de datos, y listados de herramientas de audio y vídeo y de otras para poder crear encuestas en línea, enviar mails anónimos o con adjuntos de gran tamaño son solo algunos de los puntos destacados de este libro. Una lectura totalmente recomendada para aquellos periodistas que no sepan manejarse en internet y también para aquellos periodistas experimentados que quieran tener un manual de referencia y consulta rápida siempre a mano.

Puedes consultar en línea el libro a continuación, y también puedes descargarlo desde la página del Centro Knight en este enlace o a través de la biblioteca virtual de Escomunicación.

Herramientas Digitales Para Periodistas – Segunda Edición.pdf by Miguel Ángel Alonso Pulido

 

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Los buenos viejos tiempos del periodismo no existen

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El público está cada vez menos familiarizado con el mundo print que existía antes de internet. Cualquier persona menor de cuarenta años en el mundo desarrollado no ha conocido jamás un mundo sin internet. Y cualquier persona por debajo de los treinta años nunca ha conocido un mundo sin noticias realmente de gran alcance provenientes de otras redes que las online. Para estos consumidores, no hay posibilidad de evocar los “buenos tiempos”, cuando las noticias estaban en la jurisdicción de los directores de medios, los políticos y editores. Estos consumidores nunca vivieron en tales “buenos viejos tiempos”, que para ellos nunca fueron buenos. Se trata simplemente de los “viejos tiempos”.

 

Craig Forman, en el libro Newpaper de Albert Montagut.

 

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Publicado por Miguel Ángel Alonso Pulido

13 de Diciembre de 2013 a las 9:09 pm

Seis motivos para que los periodistas pierdan el miedo a programar

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No es la primera vez que trato en EScomunicación sobre los periodistas y la programación; en mayo pasado ya hablé sobre este tema, que en el mundillo del periodismo hispanoamericano parece que no tiene el mismo alcance que en el periodismo anglosajón, donde cada cierto tiempo resurge el tema, con sus defensores y detractores. Más allá de repetir los argumentos que usé en su momento, me gustaría destacar los seis puntos que ha usado recientemente Paul Bradshaw en Online Journalism Blog para demostrar que aprender a programar, en el sentido de conocer los fundamentos del código, es esencial para los periodistas en la era de internet.

  • Afecta directamente a la información a la que puedes acceder. Si saber cómo usar las funciones avanzadas de búsqueda de Google puede marcar la diferencia a la hora de encontrar información en la red, imagina qué podrías conseguir si añadimos el aprendizaje de otros conceptos como una API o la red profunda.
  • Afecta a cómo puedes filtrar y procesar toda la información que te llega, una habilidad inapreciable ante la sobreabundancia de información en la que vivimos. Hace poco hablé de ello y cómo organizar y gestionar tus fuentes de información, pero si además de saber usar esas herramientas puedes añadir códigos personalizados a tus necesidades, nunca te verás afectado por una sobrecarga informativa.
  • Afecta a tu capacidad de verificar fuentes y documentos. Saber cómo conseguir los metadatos de un documento de Office, un PDF o una imagen puede ser la clave para detectar una falsificación y saber cómo conseguir el Whois o verificar la caché de un sitio web pueda darte información muy valiosa sobre los propietarios de ese sitio.
  • Afecta a cómo puedes proteger tus fuentes. Para todo periodista, proteger la identidad de una fuente es esencial y hay ocasiones en las que solo se habla con esas fuentes mediante correos electrónicos, por lo que saber cómo navegar de forma anónima, cómo usar clientes seguros de mensajería instantánea o los fundamentos de la encriptación de e-mails es un conocimiento cada día más necesario.
  • Afecta a tu habilidad para aprovechar el conocimiento de los usuarios. En el año 2009, el periódico The Guardian pidió ayuda a sus lectores para examinar los 700.000 documentos sobre gastos de los miembros del Parlamento Británico, permitiendo que cualquier ciudadano pudiera examinar esos archivos, anotarlos y comentarlos. No todos los periodistas se verán en esa tesitura y normalmente podrán hacer su trabajo solos, pero nunca hay que olvidar que siempre hay alguien que sabe más que tú; aprovechar su conocimiento solo puede beneficiarte y para ello necesitas saber cómo y qué herramientas debes desarrollar.
  • Finalmente, afecta a cómo puedes conseguir que los usuarios se involucren. ProPublica tiene en su web una base de datos en la que se puede comparar diferentes escuelas e institutos de todo Estados Unidos. Cualquier usuario puede buscar la escuela a la que va su hijo y compararla con el resto de las de la ciudad, o incluso del estado, para comprobar las diferencias entre las mismas: cuál tiene el profesorado más experto, dónde hay más becas de comedor, etc… Una herramienta como esta es un gran ejemplo de servicio público y para ello también hay que saber cómo desarrollarla.

Todas estas razones son más que suficientes para perder el miedo al código. No tienes por qué tener el nivel de un programador, porque como periodista no es tu trabajo; pero sí te ayudará mucho tener las nociones necesarias para saber qué puedes pedir y qué se puede conseguir a partir de la información que obtienes. Además, gracias a ese conocimiento, podrás obtener más y mejores informaciones. En la licenciatura de periodismo, al menos cuando yo la estudié hace unos cuantos años, hay asignaturas como Principios de economía o Introducción a las ciencias jurídicas; ya es el momento de que haya una o más asignaturas dedicadas a conocer fundamentos de programación y todas las herramientas que hay en la red. Parafraseando a Woody Allen, es el sitio donde vamos a pasar el resto de nuestra vida.

 

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Publicado por Miguel Ángel Alonso Pulido

18 de Noviembre de 2013 a las 9:09 pm

Pedro J. Ramírez habla sobre el cambio de piel de El Mundo

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Desde EScomunicación vamos a observar con mucho interés cómo funciona la iniciativa del diario El Mundo, ese “cambio de piel” con el que el diario fundado por Pedro J. Ramírez quiere ponerse en vanguardia del cambio de paradigma digital. Habrá tiempo para valorar y estudiar en profundidad su estrategia, en la que aumenta los diferentes modos de cobro para aquellos lectores que deseen suscribirse y mantiene el acceso gratuito a sus informaciones hasta cierto límite. El Mundo puede triunfar o fracasar con este experimento, pero nadie puede negar que es una apuesta valiente por conseguir nuevas fuentes de financiación para paliar las pérdidas de la edición impresa.

Por su interés, reproducimos el hangout que tuvo el director de El Mundo con sus lectores el pasado lunes, en el que explica las claves de esa estrategia.

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Publicado por Miguel Ángel Alonso Pulido

8 de Noviembre de 2013 a las 9:09 pm

Lecturas 2.0: The cult of the amateur, de Andrew Keen

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Haz clic en la imagen para comprarlo en Amazon. No hay edición en castellano

Reconozco que no sabía que esperar del libro The Cult of the Amateur de Andrew Keen. ¿Sería un análisis de cómo el contenido generado por los usuarios ha transformado todas las industrias de contenidos culturales o más bien un manifiesto en defensa del actual status quo y un ataque a los aficionados? Con el subtítulo de Cómo los blogs, MySpace, Youtube y el resto de contenido generado por los usuarios está matando nuestra cultura y economía, la segunda opción era la más plausible, y su lectura no ha hecho más que reafirmarme en esa opinión. El libro de Keen tiene algunos puntos válidos, pero su tesis principal es elitista y no es más que una versión moderna del ludismo, obviando todas las cosas buenas que la popularización de la tecnología ha hecho posible. Además, es un libro terriblemente anticuado y no solo porque se escribiera en 2007; la perspectiva del tiempo ha hecho lo que quizás pudieran ser puntos válidos en su momento, hayan sido completamente superados por el paso de los años.

Para Keen, la palabra amateur es un adjetivo peyorativo, en el que los aficionados nunca están a la altura de los profesionales. Es cierto, como él afirma, que el talento es y siempre será algo escaso, pero de ahí a sostener la postura elitista de que quiere ser informado y entretenido tan solo por profesionales entrenados y con talento hay un abismo. Utiliza el teorema del mono infinito para afirmar que los millones de usuarios conectados en sus ordenadores son esos monos aporreando máquinas de escribir, creando un infinito bosque digital de mediocridad, desde comentarios políticos sin fundamento hasta vídeos caseros insulsos, música amateur vergonzosa y poemas, ensayos o novelas ilegibles. La tecnología no ha traído más cultura a las masas, y la audiencia y el autor se han convertido en uno y el mismo, transformando la cultura en cacofonía.

El autor considera que la democratización de los contenidos, a pesar de su idealización, está socavando la verdad, agriando el discurso cívico y empequeñeciendo los conocimientos, la experiencia y el talento. La revolución de la web 2.0 tiene como consecuencia menos cultura, menos noticias confiables y un caos de información inútil; cada anuncio gratuito en Craigslist supone un anuncio menos en un periódico local; cada visita a Wikipedia supone un cliente menos para una enciclopedia editada e investigada profesionalmente como Britannica; cada canción o vídeo gratuito es un CD o DVD vendido menos, y menos royalties para el artista que lo creó. El talento requiere trabajo, capital, conocimientos e inversión, requiere la compleja infraestructura de los medios tradicionales: agentes, editores, publicistas, técnicos, comerciales… Para Keen, el talento es construido por los intermediarios y si los eliminas, también estás eliminando el desarrollo del talento. Por eso, afirma que en en un mundo en el que todos somos amateurs, no hay expertos.

INTERNET NO ES EL PROBLEMA, ES EL MAL USO QUE SE PUEDA HACER

Llegados a este punto, creo que no hace falta que siga resumiendo el libro, pues la postura de Keen ha quedado más que clara, una postura con lo que no podría estar más enfrentado. Keen reniega de todo lo que suponga contenido generado por los usuarios y responsabiliza a internet de todos los males; el ejemplo más flagrante es al principio del libro es cuando recuerda la masacre del instituto Jokela y dice que la historia del asesino había sido si no causada directamente por la web 2.0, al menos facilitada. Argumentos de ese tipo, en los que se culpa no al autor si no a cualquier circunstancia que le rodea, hacen que sea muy difícil hacer caso a Keen cuando intenta posteriormente razonar sus tesis.

Tampoco ayudan algunas asunciones que hace en el libro, que son fruto de la época en que se publicó, como dar por buena la predicción de que MySpace valdría 15.000 millones de dólares en 2011, pero hay otras que simplemente se caen por su propio peso. Por ejemplo, menosprecia la compra de Youtube por Google y la califica como el negocio de dos veinteañeros que han conseguido 1.600 millones de dólares por un sitio con 18 meses de vida que no da beneficios. Algunos años después, su error y el acierto de Google han quedado más que demostrados. O igual que cuando toma como ejemplo de la popularidad de los juegos online a Second Life. No importa que incluso en 2007, otros juegos como Lord of The Rings Online o, sobre todo, World of Warcraft tuvieran muchos más usuarios que Second Life; Keen lo usa porque así puede relacionar los juegos online con los vicios y perversiones que podían realizar los usuarios en aquel juego, como si en la vida real no se pudiera.

Los únicos puntos en los que puede uno estar de acuerdo con Keen son los relativos a la pornografía y la protección de datos. En el primer caso, es totalmente cierto que hay que buscar e implementar todos los medios posibles para que ese material no llegue a los menores de edad, y eso debe incluir por fuerza a las familias y los padres, que deben enseñar a sus hijos a usar internet de forma responsable. En el segundo, también estoy de acuerdo en que hay que establecer límites legales al tipo de datos que pueden ser almacenados sobre nosotros, además del tiempo que pueden ser guardados, para poder protegernos contra filtraciones de datos que pueden acabar en humillaciones públicas o, en el peor de los casos, robos de identidad.

LA CRISIS DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN

¿Y qué tiene que decir Keen sobre los medios de comunicación? Pues, oh sorpresa, que los periódicos y revistas, que para él son una de las fuentes de información más fiables de nuestra época, están en decadencia gracias a la proliferación de blogs gratuitos y sitios como Craigslist que ofrecen anuncios clasificados gratuitos, minando una de sus principales fuentes de ingresos. Por supuesto, que la caída de ventas viniese de muchos años antes de que hubiese internet no tiene nada que ver, toda la culpa de la caída de los periódicos es culpa de Craigslist y de los blogs, así en general. No se qué hacen tantos expertos estudiando la desaparición de la prensa escrita, cuando Keen resolvió el dilema hace años.

En opinión de Keen, la democratización de los medios implica que nos encontramos en un mundo sin editores donde vídeos, podcasts y blogs pueden mostrar sus creaciones amateur a voluntad al mundo, y nadie comprueba sus credenciales o evalúa ese material; por ello, afirma, los medios son vulnerables a contenido no fiable de todo tipo y condición. Cuando cada vez hay menos editores y críticos profesionales ¿cómo vamos a saber qué y a quién creer? Vamos, que para Keen es mejor que los “profesionales” les digan al resto del mundo lo que deben creer. Puede que yo sea muy optimista, pero confío en el sentido común de la gente y que sabrá distinguir informaciones de opinión; es cierto que habrá muchos que no, pero la alternativa supondría demasiado control por parte de unos pocos y pérdida de libertad para todos.

Para concluir, simplemente diré que es un libro interesante de leer y puede que hasta necesario, aunque esté profundamente en desacuerdo con las tesis de Keen; The Cult of the Amateur ha sido superado por los años, pero es un buen recordatorio de los argumentos que algunos usan contra la red. Ya hoy se pueden leer como una curiosidad histórica, así que dentro de unos cuantos años, estarán totalmente superados por el paso del tiempo, en el que los avances tecnológicos habrán traído nuevas ventajas y también nuevos problemas, que sería de tontos negarlo. Pero es imposible poner puertas al campo y la red, con todo lo que conlleva, está aquí para quedarse.

 

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Publicado por Miguel Ángel Alonso Pulido

1 de Noviembre de 2013 a las 9:09 pm

7 claves sobre el uso de tabletas en España

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Esta semana hemos conocido el #InformeTAB realizado por la Universidad Internacional de La Rioja, realizado para conocer el uso que los españoles hacemos de las tabletas. Aquí tienes algunas claves de ese informe.

  • Las tabletas más comunes en España son los diferentes modelos de Samsung (32%) y Apple (28%). Fuera de estas dos marcas, existe una gran dispersión del resto de dispositivos, con muchos fabricantes y modelos con escasa penetración en el mercado.
  • El uso entre hombres y mujeres es muy parecido y ronda las 2 ó 3 horas diarias, aunque los jóvenes las usan más intensivamente que los más mayores.
  • El uso más común de una tableta es la comunicación (por mail o redes sociales), tanto para hombres como mujeres. Tras la comunicación, la información y los juegos son los usos más extendidos. Hay muchos otros usos, pero tienen más que ver con lo original de las aplicaciones instaladas que con las características del dispositivo.
  • La gente más joven lo que hace principalmente es leer su correo electrónico cuando se levanta. Los usuarios de 25 a 34 años son más precavidos y lo que más hacen es consultar el tiempo cuando se levantan. A las personas de más de 35 años les gusta estar más informadas que al resto de grupos, y usan la tableta para leer el periódico por la mañana. Los mayores de 55 años lo que más hacen es conectarse a las redes sociales cuando llegan a casa.
  • El análisis de las aplicaciones instaladas muestra que las más descargadas son redes sociales, juegos y utilidades, aunque estas últimas se descargan mucho pero se usan poco. Las aplicaciones de prensa no aparecen en los primeros puestos de descarga a pesar de ser el segundo contenido más consumido en las tabletas. Seguramente, la mayoría de la gente prefiere consumir ese contenido a través del navegador antes que en una aplicación.
  • El 56% de los usuarios reconocen emplear la tableta para comprar por Internet, casi el doble que la tendencia de compra normal del resto de internautas (31%). La mayoría de los productos que se compran son productos electrónicos, viajes y ropa.
  • El 77% de estos usuarios prefieren comprar en los sitios de comercio electrónico con el navegador antes que con una aplicación específica. Una posible explicación es que con las aplicaciones sienten el riesgo de consultar solo una selección de la oferta total que hay en los sitios web.

Puedes descargar el informe completo aquí, o consultarlo en la biblioteca virtual de EScomunicación.

 

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Publicado por Miguel Ángel Alonso Pulido

25 de Octubre de 2013 a las 9:09 pm

Lecturas 2.0 esenciales: Riptide: Una historia oral del choque entre periodismo y tecnología

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Hace algunas semanas, hablamos aquí de Riptide, un estudio del Laboratorio de Periodismo Nieman de la Universidad de Harvard en el que se ha realizado una historia oral de los cambios que ha experimentado el negocio del periodismo en los últimos treinta años. Escrito por John Huey, Martin Nisenholtz y Paul Sagan, creo que es uno de los proyectos más interesantes que se han hecho sobre el cambio de paradigma de la industria periodística hacia internet, y todos los altos y bajos que ha habido en ese camino. Después de haberlo leído, aquí tenéis mi reseña del mismo.

La caída en desgracia de la industria del periodismo no es un tema nuevo (desde luego no para los lectores del blog) y otros textos, como Periodismo Post-Industrial, también han analizado el cambio de paradigma hacia lo digital y la disrupción generada por las Tecnologías de la Información y la Comunicación en los medios de comunicación. La diferencia fundamental entre Riptide y otros estudios es que se basa en más de 60 entrevistas a personalidades de todos los ámbitos de la comunicación y la tecnología; en dichas entrevistas se recogen todos los hitos de la caída de la industria del periodismo, creando una línea de tiempo desde los principios de internet hasta la actualidad.

Aunque en el periodismo siempre ha habido mentes innovadoras y visionarios que podían imaginar el futuro, es evidente que no se les ha hecho caso, cumpliendo la denominada Ley de Amara (por Roy Amara): Tendemos a sobreestimar el efecto de una tecnología en el corto plazo y subestimar su efecto en el largo plazo. La historia reciente de la industria periodística en todo el mundo es buena prueba de ello.

Durante el siglo XX, cada nuevo medio de comunicación de masas aprendió a coexistir con el anterior. La radio convivió con los periódicos y la televisión con la radio; cada medio tenía su mercado y su target claramente diferenciado. La llegada de internet como plataforma transmedia que absorbe a todas las demás ha roto ese equilibrio y de todos los medios, ha sido la prensa escrita el más afectado. Riptide es un paseo histórico por ese fenómeno, comenzando con los primeros experimentos con teletexto y el nacimiento de AOL, con el que muchos estadounidenses comenzaron a navegar por internet. En aquella época, uno de los mayores retos para las compañías ya establecidas que querían entrar en la red no era encontrar modelos de negocio exitosos, sino establecer una cultura online dentro de ellas.

Al tiempo que AOL comenzaba a introducirse en todos los hogares, Tim Berners-Lee desarrollaba los protocolos de la World Wide Web, creando en la práctica internet como la conocemos hoy. El primer sitio web fue puesto en línea en 1991 y un par de años después nacieron los primeros navegadores, como Mosaic o Netscape, que hicieron internet accesible para todos, introduciéndola en la cultura popular y el comercio masivo. El concepto de una red libre y sin limitaciones era algo nuevo y aparentemente incompatible con el negocio de la prensa escrita. Los periódicos, a pesar de ser muy rentables, estaban llenos de limitaciones: las limitaciones en la fabricación y distribución, las limitaciones de espacio para contar historias o las limitaciones que imponían los anunciantes para colocar sus anuncios. Internet ofrecía todas las ventajas y ninguna de las limitaciones, o al menos, eso parecía. En todas las compañías de medios, surgieron los primeros entusiastas que saltaron a las aguas de la red con entusiasmo. El futuro estaba al alcance de la mano, y fue cuando muchos medios cometieron su pecado original en la red.

EL PECADO ORIGINAL

En esa época fue cuando comenzó a verterse el contenido de los medios en la red de forma gratuita, lo que para muchos es el origen de todos los males que aquejan hoy a la industria periodística. Todo comenzó con la creación de Yahoo News, que usaba los teletipos de Reuters para ofrecer noticias gratis a sus visitantes; en aquel momento, nadie se planteó cobrar por los contenidos, lo que quería Yahoo era aumentar su audiencia lo más rápidamente posible. El resto de medios le siguió, gracias a la expansión del lenguaje HMTL, que permitía hacer nuevas páginas dinámicas e interactivas en mucho menos tiempo de lo que hasta entonces era posible. De repente, gracias a internet los editores no tenían que pasar por AOL o Compuserve y podían, en cierto sentido, “poseer” a sus lectores y generar ingresos publicitarios directamente. Y todos ellos ofrecieron sus contenidos gratuitos para conseguir la mayor cantidad de visitantes y, a través de ellos, los mayores ingresos publicitarios.

En aquellos mediados de los 90, la mayoría de los grandes medios de comunicación establecieron sus páginas web y pronto se hizo evidente una tendencia: las grandes empresas de medios no apreciaron el valor de los ingenieros en lo que esencialmente fue una revolución tecnológica y, como consecuencia, la innovación era prácticamente inexistente. Sin ingenieros que entendieran las particularidades de la industria periodística, ésta no podía innovar y ofrecer nuevos productos, así que en cuanto otras compañías más innovadoras comenzaron a hacerlo, la industria periodística pasó a un segundo plano. Clayton Christensen lo resumió en el dilema de los innovadores: incluso la empresa más brillante vacila ante la innovación, porque en un primer momento esa innovación parece inferior al actual producto, pero a medida que la innovación mejora y gana cuota de mercado, ese producto original pierde valor y puede desaparecer. Eso es lo que ha ocurrido con internet y la prensa escrita.

Nadie ejemplifica mejor ese proceso que Google. Lo que comenzó como un mero buscador más logró, gracias a la eficacia de su algoritmo de búsqueda, ascender a los primeros puestos en su categoría; con los Adwords y la posibilidad de insertar anuncios adecuados a las búsquedas que uno realiza, Google se ha transformado en una nueva empresa de medios, y ha sido gracias al mismo elemento que hizo tan rentable a las antiguas empresas de medios: el dinero proveniente de la publicidad. Cuando los ingresos publicitarios de Google superan los de la industria periodística en su conjunto, no es de extrañar que los medios vean peligrar su antaño estable negocio; y es que, como negocio, la industria periodística ha girado siempre en torno a la publicidad, pero pocos en los medios lo han visto desde esa perspectiva, y es una de las causas por las que los medios están como están.

EL DESPLOME DE LA PUBLICIDAD

La publicidad cayó, como todo lo demás, a causa de la crisis financiera de 2008, pero al contrario de lo que ocurrió en la recesión de Estados Unidos de 2003-2004, donde la publicidad en internet también se desplomó, en esta ocasión se mantuvo e incluso creció, frente a la publicidad en prensa escrita que no ha hecho más que caer desde esa fecha. De ahí que los medios de comunicación, particularmente los periódicos, estén inmersos en un proceso de recortes, expedientes de regulación de empleo o incluso ventas a magnates de la red.

El nacimiento de los blogs permitió que algunos periodistas pioneros pudieran librarse de ese destino. Gracias a la tecnología de WordPress, Blogger y tantas otras plataformas, cualquiera podía publicar fácil y rápidamente sus contenidos en la web y los periodistas comenzaron a usarlo para acceder a los lectores sin la intermediación de las empresas de medios y algunos de ellos, como Andrew Sullivan u Om Malik se han convertido en marcas en sí mismos. Esto es así porque la red ha permitido que los costes de empezar un nuevo proyecto periodístico hayan bajado; la barrera está en un punto tan bajo que cada vez hay más medios nativos de internet, y la prensa como medio de comunicación de masas está en declive. Medios como The Economist o el New York Times pueden sobrevivir, pero el resto está abocado a reconvertirse por completo y redefinir su esquema.

Los periodistas se han caracterizado siempre por su habilidad para hacer análisis en profundidad y ricos en contenido pero se priorizaba el ser el más rápido, el primero, el que suelta el scoop. Ahora, esa prioridad no tiene ningún sentido, porque las TIC han hecho que todos tengamos las mismas posibilidades de ser los primeros; pero no todos podemos ofrecer análisis contrastados y bien investigados de la realidad, ahí es donde el periodismo tiene su baza para reinventarse en esta nueva era.

Esto es solo un pequeño resumen de lo que nos podemos encontrar en Riptide; a la espera de una versión en castellano, podéis descargarlo en inglés en este enlace, o a través de la biblioteca virtual de EScomunicación. Os animo a ello, pues, a pesar de estar excesivamente centrado en Estados Unidos, Riptide es una lectura esencial para comprender cómo ha llegado la industria de los medios de comunicación a la situación en que se encuentra.

 

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Publicado por Miguel Ángel Alonso Pulido

4 de Octubre de 2013 a las 9:09 pm