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Lecturas 2.0 esenciales: Newsonomics, de Ken Doctor

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He leído varios libros sobre el futuro del periodismo ante los retos de internet y creo que ninguno me ha gustado tanto como el que os voy a comentar hoy: Newsonomics: Twelve new trends that will shape the news you get, (Newsonomics: Doce nuevas tendencias que moldearán las noticias que recibes) de Ken Doctor. El término newsonomics es una palabra inventada por Doctor que  podríamos traducir como noticionomía, o lo que es lo mismo, el conjunto de leyes que  rigen el mundo de las noticias y el periodismo. Así, de todas las lecturas 2.0 que he abordado en el blog, es la primera que considero imprescindible para todo periodista, veterano o novel, en ejercicio o fuera de la profesión.

Este libro apunta doce claves que dominarán el periodismo en la próxima década, que para Doctor, será la de las noticias digitales. Después de que la primera década del siglo XXI haya traído profundas transformaciones al negocio del periodismo, será la década que ahora comienza cuando todas las empresas periodísticas pasen a ser principalmente digitales, manteniendo algún resto de su pasado analógico como testimonio o producto de lujo.

Cuando uno termina de leer Newsonomics, le queda claro que estamos más cerca del final del principio que del principio del final del negocio del periodismo. Hay un futuro brillante en el horizonte, del cual he hablado ya alguna vez, pero hasta que lo alcancemos nos queda un camino duro y lleno de sinsabores. Los medios y la audiencia han de preparase para ese camino, adaptándose a la nueva realidad que ha traído internet y la sobreabundancia de información.

Tanto a los lectores como a los periodistas, la red y los avances tecnológicos ofrecen nuevas herramientas para producir y distribuir contenidos, y para acceder a ellos en cualquier lugar y momento, con la mayor variedad de fuentes imaginable. Hay una cantidad casi infinita de información disponible para todos y la pregunta que se hacen todos los directores de periódico del mundo permanece: ¿Quién pagará por las noticias?

Esa y muchas otras preguntas son abordadas por Doctor en su libro, que no se limita a describir a los vencedores y vencidos de la batalla por la supervivencia, sino que elabora una serie de reglas para el nuevo panorama mediático de esta década. Esas doce tendencias o leyes que desarrolla me han parecido tan interesantes y meditadas que voy a hacer una serie sobre las mismas, explicándolas una a una. Por ello, os emplazo al próximo viernes, cuando examinemos la primera ley: En una era de contenido darwiniano, somos nuestros propios editores.

Lecturas 2.0 esenciales: Public Parts, de Jeff Jarvis

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El libro Public Parts de Jeff Jarvis es el primer estudio medianamente serio que he leído sobre lo privado (privacy) y lo público (publicness) en la era digital, y cómo lo uno no excluye a lo otro, sino que son interdependientes. Es imposible definir lo privado sin examinar lo público y viceversa. Jarvis explica que ya estamos viviendo nuestras vidas de forma cada vez más pública, compartiendo nuestros pensamientos, fotografías, vídeos, lugares, compras, recomendaciones y mucho más en Facebook, Twitter, Flickr, Youtube, Foursquare y otras plataformas creadas por empresas que basan su razón de ser en compartir. Por eso, el debate sobre qué es privado y qué es público será uno de los más importantes de los próximos años.

La tecnología ha cambiado nuestra forma de ser, y como nos encontramos en esta época de cambio de paradigma, hay mucha resistencia al cambio y miedo a lo desconocido. ¿Qué cosas necesitamos mantener privadas y por qué? ¿Cuáles son las raíces de nuestro temor a perder la privacidad? ¿Cómo relacionamos las diferentes visiones de la privacidad que cada persona tiene? Son preguntas que todos debemos empezar a tener en cuenta. Al igual que en la vida real, en internet cada persona debe poner sus propios límites a lo que quiere compartir con los demás, pero también tiene que sopesar las oportunidades que se pueden perder si no se es público, como recuperar amistades o hacer nuevas relaciones y contactos profesionales.

No sólo las personas deben hacerse estas preguntas. Los gobiernos también han de decidir sobre lo privado y lo público. Jarvis afirma, y yo coincido con él, que los gobiernos deben ser públicos por defecto y privados sólo por necesidad. Hay muchas razones para que haya información restringida bien sea por seguridad, por investigaciones criminales o por cuestiones diplomáticas. Todo lo demás tiene que ser público, es nuestra información. Pero los gobiernos no actúan así, y por eso surgen nuevas especies como Wikileaks, contra los que el status quo puede luchar, pero no prevalecer. Clasificar más información como secreta no es la respuesta, porque cuánto más secretos ocultas, menos confiable eres para decidir qué es secreto. La transparencia en la vida pública es la mejor estrategia.

Al igual que los gobiernos, también las empresas deben valorar los beneficios que les supondría ser más públicas.  Imagina una empresa que escuchase a sus clientes y que colaborase con ellos para que le ayudaran a diseñar los productos. Esa colaboración en el diseño daría a la empresa un producto con una demanda certificada, lo que estabilizaría las ventas y eliminaría los riesgos que siempre supone lanzar un nuevo producto. Además, la imagen de la marca cambiaría, transformando a la empresa en la compañía que convierte a sus clientes en socios. ¿Como consumidor, quien no elegiría a una empresa así? En un mundo enlazado y una economía basada en relaciones, el aislamiento sale muy caro.

Newspapers B&W (3)

Public Parts para los periodistas

En lo que al periodismo se refiere, Jarvis (que es profesor de periodismo en la City University de Nueva York) habla de la diferencia entre el trabajo periodístico como producto finito y el trabajo periodístico como proceso inacabado. Si anteriormente todos los productos periodísticos tenían un principio y un fin en el espacio y en el tiempo, hoy eso ya no es así. La noticia digital nunca muere, es un proceso continuo con múltiples autores en el que los periodistas no son ya los dueños únicos de la información.  El periodismo del futuro estará en una continua fase beta, mejorándose y reinventándose a cada momento.

La profesión periodística se enfrenta a un proceso de transformación, dentro de una crisis económica que coincide con el paso de una economía industrial a una economía digital en la que la información es la nueva moneda. Y ante estos cambios, sólo hay dos posibilidades: resistirse, lo cual es inútil, o intentar entenderlos y aprovechar las oportunidades que representan. Las empresas periodísticas harían bien en construir su futuro digital antes que proteger su pasado impreso. 

El problema para las empresas periodísticas es que la vieja arquitectura de sus mercados ha sido barrida por la red y la transparencia que exige. Los medios solían construirse sobre marcas. Para conseguir contenidos, accedíamos a esa marca y comprábamos su publicación o veíamos su programa. Eso daba el control al propietario del medio, pero ahora esa relación se ha invertido.

Ahora todo empieza en el consumidor, que se hace una pregunta. Y ante la sobreabundancia de información en que vivimos, la industria de la búsqueda, personificada en Google, es la que encuentra las respuestas. Si tu contenido está ahí con la respuesta (que puede ser el resultado de un partido o la última noticia sobre sobre un suceso), estupendo. Si no lo está, es como si no existieras.

Después llegó una fuerza más poderosa que las herramientas de búsqueda: nosotros. Nuestros enlaces a través de Twitter, Facebook, blogs y otras herramientas sociales desafían el poder del propio Google. El contenido no es la clave, la distribución tampoco. Las relaciones son la clave, y esas relaciones y cómo se construyen, cuáles son públicas y cuáles son privadas, serán lo que determine nuestro futuro.

En resumen, el libro de Jarvis es una mirada muy necesaria a las nuevas realidades que provoca el cambio tecnológico, planteando muchas preguntas y respondiendo algunas de ellas. Quiero terminar este post con una cita del mismo, que creo lo resume perfectamente (la negrita es mía).

Internet, ordenadores exponencialmente más rápidos, almacenamiento de datos cada vez más barato, bases de datos mayores y más eficientes, tecnología móvil, cámaras en cada esquina y cada mano y en el cielo, notación geográfica de la información, redes sociales y plataformas omnipresentes de publicación hacen posibles formas completamente nuevas de recopilar y compartir información. Y pueden ocurrir cosas malas. Es sabio y prudencial considerar esa posibilidad y prevenirse contra los peligros, como proclama el ejército de partidarios de la privacidad. Pero esas nuevas tecnologías también representan nuevas oportunidades, que podríamos perder si estamos demasiado ocupados construyéndonos un bunker.  

La historia de la empresa que no supo adaptarse: Kodak y sus lecciones para la prensa escrita

No more fairy tales

Érase una vez, hace mucho tiempo, una empresa que era la más importante de su sector. Tenía miles de empleados y oficinas en los países más importantes del mundo y sus productos eran usados por millones de personas en todas las partes del planeta. La vida era buena y feliz para la empresa, pero un día ocurrió una cosa: La tecnología cambió la forma en que sus clientes usaban sus productos. Ya no gastaban su dinero en productos físicos, sino que empezaron a usar ordenadores para archivar esa información. Los productos físicos eran sustituidos poco a poco por productos virtuales. Y la empresa, que había construido su modelo de negocio en la venta de sus productos físicos, comenzó a tener pérdidas.

Primero, achacó las pérdidas a una moda pasajera. Después, pensó que era una tendencia minoritaria. Finalmente, se rindió a la evidencia. Los avances de la tecnología habían hecho que sus productos, el corazón y razón de ser de su empresa, fueran obsoletos. Pero la empresa no supo reconocer su error y, en vez de buscar maneras de sumarse a la nueva realidad, en la que los productos virtuales eran mucho más numerosos y baratos que los físicos, intentó por todos los medios mantener las cosas como estaban. Campañas de publicidad, nuevos productos físicos que intentaban hacer sombra a los virtuales, incluso presionaron a los gobiernos para que legislaran a su favor. Todo sin resultado, hasta que la empresa dejó de ser importante y sus productos ya no los compró nadie…

Este pequeño cuento puede aplicarse a muchas empresas e industrias incapaces de asimilar el cambio de paradigma que estamos viviendo. El caso de Kodak es quizás el ejemplo más claro y sangrante de cómo una empresa de productos físicos ha sido incapaz de adaptarse a la era de los productos virtuales. En lugar de ver la fotografía digital como el futuro, lo vieron primero como una amenaza y luego como un negocio secundario dentro de su todopoderosa maquinaria, dedicada a la fabricación de rollos de película. Lo que fue el puntal de una industria que movía millones se convirtió con el tiempo en un lastre, a medida que los consumidores y profesionales abrazaron la fotografía digital. Y no hace falta ni nombrar el impacto que supusieron los móviles con cámara integrada.

Lo digital está sustituyendo a lo físico y no sólo en el mundo de la fotografía. El error de Kodak fue identificarse con los rollos de película y no con las fotografías. En lugar de capitalizar el concepto del momento Kodak, se dedicó a ser el primer fabricante de película del mundo, un negocio que se volvió obsoleto y ha arrastrado a la compañía a la bancarrota. Y esto mismo está ocurriendo con los medios de comunicación, particularmente el sector de la prensa.

En lugar de buscar nuevos modos de conseguir beneficios en internet, están buscando métodos para seguir exprimiendo el periódico físico que, cada vez es más evidente, está a punto de desaparecer. Dentro de la profesión nadie quiere creerlo, todos siguen “disfrutando del olor del periódico en la mañana”… pero luego consultamos todas las noticias en la web. Las ventas y la difusión bajan y los diferentes cabeceras lo tienen cada vez más difícil para sobrevivir, pero nadie se atreve a certificar la muerte del negocio de la prensa tal y como lo hemos conocido.

Si a cualquiera le hubieran preguntado en 1990 si podría imaginarse un mundo sin Kodak la respuesta sería que no. Hoy no es necesario que lo imaginemos, casi estamos viviendo en él. Si ahora me preguntan si imagino un mundo sin periódicos, diré igualmente que no. Sobrevivirán como un apéndice de la industria digital del periodismo. El papel es un soporte ideal, barato y perdurable, pero ya no puede ser el soporte principal de la información.

El futuro del periodismo pasa por volver a las raíces del periodismo

Desde hace tiempo, vengo manteniendo que el periodismo no está en peligro, son las empresas periodísticas las que lo están. Por eso me sorprende ver peticiones de ayuda gubernamental, que temo serán para mantener las cosas como están en vez de apostar por el cambio. La profesión atraviesa un momento convulso, motivado tanto por la crisis económica como por el cambio de paradigma de los átomos a los bits. La solución a la crisis del sector no está en las subvenciones, está en inventar nuevos modos y maneras para los medios de comunicación y para eso los periodistas tenemos que cambiar nuestra mentalidad.

En la facultad de Ciencias de la Información, se me enseñó que mi papel es informar el público, lo que implica que el público está desinformado. Como somos nosotros los que le contamos al público las cosas que no sabe, los periodistas nos hemos puesto por encima del público y nos hemos separado de él, acogiéndonos a nuestro estatus de informadores (teóricamente) objetivos y sin opinión, más puros y mejores que los políticos que cubrimos y los ciudadanos a los que servimos.

Creo que hay que cambiar, comenzando por cómo se desarrolla el trabajo periodístico. Ante la sobreabundancia de información en la que vivimos, ¿qué necesidad hay de destinar recursos y pelear por ser el primero en dar la noticia, cuando hoy esa diferencia se mide en minutos o incluso segundos? Una cosa es un scoop o exclusiva, para el cual sí hay que esforzarse, y otra querer ser el primero en sacar la composición del Gobierno cuando la anuncia Rajoy, algo para lo que no tiene sentido gastar energía, nadie recordará que fuiste el primero.

Ya lo dijo Seth Godin: No necesitamos que los periodistas profesionales nos retuiteen las noticias, así lo único que se consigue es dividir la tarta de la atención del público en porciones cada vez más pequeñas. Tampoco necesitamos que todos los medios nos cuenten la misma noticia, eso sólo vale para que veamos con más claridad la ideología de cada medio.

El reto más importante del periodismo profesional en el futuro es conseguir escribir no sobre el último trending topic, sino sobre aquello que no se ha escrito aún, poniendo el foco donde antes había sombras y contando algo nuevo. Para eso has de escuchar a tu público y escribir pensando en él, que al fin y al cabo es tu jefe directo, el que te permite seguir siendo periodista. Y sin tener miedo a copias, descargas o pirateos. Como ha escrito hace poco Jonathan Coulton, “haz un buen producto y después permite que la gente pueda comprarlo de forma fácil. Ahí tienes el plan anti-piratería definitivo”. El futuro del periodismo pasa por volver a las raíces del periodismo. 

 

Por qué sobran periodistas

Hace una semana, las declaraciones del director de ABC Bieito Rubido levantaron una gran polémica en la profesión periodística. Particularmente su afirmación de que “sobramos la mitad de los periódicos, de las emisoras de radio, de las cadenas de televisión, y aunque sea muy duro, sobramos la mitad de los periodistas“.  Es normal y entendible que esta afirmación tan rotunda haya levantado ampollas, pero oye, es que Rubido tiene razón.

Y tiene toda la razón porque estamos asistiendo a un cambio fundamental en el valor de la información, aquello que los periodistas trabajan y elaboran para el público, y es que su precio es cero. Se puede discutir sobre si esto es justo o no, pero la sobreabundancia de información en la que vivimos hoy en día es real y hace que el precio de la información tienda a cero. Y no es por la mala labor de los periodistas, porque de hecho estamos ante las generaciones de periodistas mejor preparadas de la historia. Pero muchos de ellos se han convertido en mano de obra no cualificada, siguiendo la definición de Seth Godin. Si no puedes aportar nada especial, seguramente sobras.

No hay que rasgarse las vestiduras ni proclamar el fin de los tiempos. Lo he dicho más de una vez, el periodismo no está en peligro, son las empresas periodísticas las que lo estan si no cambian su modelo de negocio, porque todo lo que gira alrededor de ese negocio ha cambiado, y no son cambios menores. Lo que no se puede es querer mantener un modelo de negocio de mediados del siglo XX, el de los mass media, en pleno siglo XXI, con audiencias cada vez más fragmentadas e ingresos por publicidad a la baja.

Pero esto es para las empresas periodísticas. Precisamente por la sobreabundancia de información, hay más oportunidades que nunca para los periodistas. Pero esas oportunidades no caen del cielo, hay que trabajárselas. Hay que crear una marca personal, hay que aportar algo extra para poder destacar entre la multitud y hay que trabajar mucho. Y hay que trabajar mucho porque, aunque los periodistas siguen siendo los profesionales mejor capacitados para contextualizar, priorizar y elaborar la información, ya no tienen el monopolio de la misma. Si lo que haces lo puede hacer cualquiera, entonces seguramente sobras. 

La campaña de los smartphones y los iPads

Tanto en esta campaña como en la de 2008 fui uno de los encargados de viajar en la caravana electoral con los periodistas de los diferentes medios, una labor dura, con muchos madrugones y pendiente de mil cosas a la vez. Pero hay algo en lo que hemos mejorado en estos tres años y es en los avances tecnológicos, tanto que podemos denominar a la de 2011 la campaña de los smartphones y los iPads.

La caravana electoral en plena faena

Si en 2008 podías contar los smartphones con los dedos de una mano, en 2011 todos los periodistas y componentes de la caravana contaban con un smartphone. Blackberrys, iPhones y diferentes modelos Android eran la herramienta de trabajo portátil que todos hemos usado en los quince días de campaña. Desde el uso intensivo de Twitter por parte de los redactores hasta el envío de correos electrónicos en cualquier momento y lugar, gracias a los smartphones hemos podido liberarnos de tener que usar constantemente los ordenadores portátiles para estas tareas.

Por ejemplo, el disponer de smartphones ha evitado una de las tareas tradicionalmente más tediosas de las caravanas. A cada periodista se le facilita el programa del día siguiente, con los trayectos que se van a realizar y los horarios e intervinientes en los diferentes mitines del día. En 2008, esa información se entregaba en papel, lo que implicaba buscar donde imprimirla, hacer las copias pertinentes y cargar con ellas hasta el momento de entregarlas a los periodistas. En 2011, eso ha desaparecido, se manda por correo a todos los componentes de la caravana y cada uno de ellos puede verlo en su teléfono (aunque luego no lo consultaran y nos preguntasen a nosotros).

Siguiendo con mi experiencia particular, también he podido atender llamadas por el teléfono del trabajo mientras con el personal enviaba mails con diversa información tanto a los miembros de la caravana como a otros periodistas fuera de la misma, solucionando en pocos minutos lo que antes habría supuesto mucho más tiempo. A esto hay que sumar el poder acceder al correo electrónico en todo momento, para consultar convocatorias, cotejar datos o comprobar el correcto envío de los mails. Es la primera vez que he sentido que llevaba la oficina en el bolsillo, toda una ganancia en rapidez, tiempo y problemas solventados en menos que canta un gallo.

Pero no sólo los teléfonos inteligentes han cambiado el modo en que se trabaja en una caravana electoral, los iPads también han empezado a hacerse notar. Varios periodistas (y una compañera de la caravana) se llevaron sus iPads, que utilizaron durante la campaña como complemento a sus ordenadores portatiles y smartphones, incluso para tomar fotografías. En dos casos, el redactor del periódico más vendido y la redactora de una televisión privada, el iPad era su dispositivo informático único, desde el que trabajaban, tomaban notas y escribían sus crónicas, todo un avance si lo comparamos con los portátiles de hace tres años en cuanto a ligereza, portabilidad y potencia. Este año han sido sólo dos, pero en las próximas serán mayoría, o quizás todos, quienes trabajen desde su iPad u otro tipo de tablet.

Lo hablé con algunos de los componentes de la caravana: Todo este despliegue de tecnología exige más que nunca sitios con cobertura 3G o redes wifi potentes capaz de soportar múltiples conexiones. No estamos hablando de mandar un simple mail, sino de poder acceder a la maqueta del periódico, conectarse a la red de la empresa para enviar teletipos o mandar piezas completas de vídeo. En 2015, sin ninguna duda, dentro de los costes de la caravana electoral habrá que incluir el de la red necesaria para que los periodistas hagan su trabajo y que no ocurra, como pasó más de una vez, que haya que salir al exterior buscando cobertura, que se convertía en la pequeña aventura analógica en la campaña más digital hasta el momento.