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Lecturas 2.0 esenciales: The long tail, de Chris Anderson

Comienzo con este post una serie de reseñas sobre diferentes libros que considero esenciales para el futuro periodista, cuyos trabajos serán publicados más en soportes digitales que en soportes físicos y que tendrá que conocer y explotar las posibilidades de la web social. Por eso, y para simplificar, los he denominado lecturas 2.0, que comenzamos con un libro básico para comprender la era de la información y el transito de una economía de átomos a una economía de bits: The long tail, de Chris Anderson.

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Qué es la larga cola

En la última década, hemos pasado a ser una sociedad superconectada gracias a las nuevas tecnologías de la información y la consecuencia quizá más importante ha sido la posibilidad, antes inexistente, de acceder sin filtros y sin límites a productos culturales y a todo tipo de contenidos.  Antes, la economía se basaba en los grandes éxitos, los más vendidos, siempre situados en la cabeza de la lista con ventas millonarias, pero ahora podemos ir más allá de la cabeza, bajando hasta encontrar lo que deseemos dentro de la larga cola de la oferta, que se extiende hasta el infinito sin llegar a cero. Esa larga cola de productos, que ahora puede llegar a sus públicos objetivos, crea un gran mercado que antes no existía. Un número muy, muy grande (los productos de la larga cola) multiplicado por un número relativamente pequeño (las ventas de cada producto) sigue siendo un número muy, muy grande.

Una representación típica de la larga cola

Para que el fenómeno de la larga cola se produzca, Anderson cita tres fuerzas que la hacen posible. La primera es la democratización de las herramientas de producción. Ahora cualquiera puede escribir, hacer fotografías, crear películas, todos nos hemos hecho productores gracias a los ordenadores personales. La segunda fuerza es la democratización de la distribución. Si los ordenadores han hecho productores a todos, internet ha hecho a todo el mundo un distribuidor de contenidos. Finalmente, la tercera fuerza es la conexión entre oferta y demanda, bien sea a través de los resultados de Google, las recomendaciones de iTunes, las reseñas en blogs o el simple boca a boca.

Estas tres fuerzas han hecho posible que nos encontremos ahora (especialmente en bienes culturales) en una economía de la abundancia. Hay más música, películas o libros que nunca antes, y al estar disponibles para todos, empezamos a descubrir que hay cosas más allá de los grandes éxitos. Los nichos más minoritarios de repente ya no lo son tanto y la suma de las pequeñas ventas de todos esos productos se convierte en una parte nada despreciable del total. Una vez que desaparecen los cuellos de botella de la distribución, los bienes minoritarios son tan atractivos y rentables como el mayor blockbuster.

De todos estos temas, y muchos más, habla Chris Anderson en The Long Tail. Aunque se va notando ya la edad del libro, sigue siendo una de las mejores lecturas para entender la diversificación de la cultura y cómo se traduce en muchos ámbitos de nuestra sociedad. Conceptos como el cambio de roles en la industria cultural, donde las barreras entre productores y consumidores están desapareciendo, o la importancia de los agregadores y los filtros para poder encontrar contenidos dentro de la larga cola son sólo algunas de las muchas ideas del libro.

Para los periodistas, The Long Tail nos sirve para entender por qué se está fragmentando el mercado periodístico y por que las audiencias son cada vez menores. Sólo conociendo las razones de este fenómeno, pueden las empresas periodísticas comenzar a adaptarse a las nuevas realidades que trae consigo, y que básicamente se resumen en que de intentar atraer al mayor número de personas posible con tu producto, ahora tienes que desarrollar el mayor número de productos posible para atraer al mayor número de personas posible. Es la única manera de satisfacer las necesidades de la larga cola de consumidores.

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La Ley Sinde, una Ley inútil desde su concepción

Hoy se aprobará en el Senado la Ley Sinde. Si en diciembre nos felicitábamos del fracaso en su trámite en el Congreso hoy tenemos que lamentarnos de su aprobación. El texto que se va a aprobar (que puedes consultar aquí) no arregla ninguna de las carencias del anterior, incluso las ahonda al ampliar las funciones de la Sección Segunda:

La Sección podrá adoptar las medidas para que se interrumpa la prestación de un servicio de la sociedad de la información que vulnere derechos de propiedad intelectual o para retirar los contenidos que vulneren los citados derechos siempre que el prestador, directa o indirectamente, actúe con ánimo de lucro o haya causado o sea susceptible de causar un daño patrimonial.

Las negritas son mías, por cierto. Con esa redacción, se causa una inseguridad jurídica tal, que dudo hasta de si es legal; incluso esta misma página podría ser cerrada si la Sección así lo considerase. Con todo, soy tontamente optimista y quiero pensar que en su trámite definitivo en el Congreso, o en la redacción del Reglamento que la desarrolle, se pueda arreglar de alguna manera aunque ya sé que eso es soñar despierto.

En el fondo de la Ley, yace el eterno debate de la piratería en la Red, las descargas, los derechos de autor… un debate del que ya empiezo a estar cansado. El mundo ha cambiado, cómo consumimos productos culturales ha cambiado/está cambiando y quien no quiera verlo está ciego. En primero de periodismo tuve una asignatura de introducción a la economía, y una de las primeras cosas que nos enseñaron es que los bienes son escasos, y por eso tienen valor. ¿Qué valor puede tener entonces una copia digital, que genera abundancia y cuyo coste es prácticamente cero? En el ámbito cultural y otros muchos, hemos pasado de una economía de átomos a una economía de bits, pero ni nuestra mentalidad ni nuestra legislación ha cambiado para adaptarse a esa realidad, y por eso medidas como la Ley Sinde son inútiles desde su mismo concepto. Pero el cambio está en marcha…

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Videojuegos gratuitos: el modelo Freemium

Llevo ya unos cuantos días reenganchado al Lord of the Rings Online, también conocido como LOTRO, explorando de nuevo los parajes de la Tierra Media y retomando un juego que abandoné a primeros de año. ¿Por qué he vuelto? Porque ha pasado a ser gratuito, siguiendo a otros juegos de su género (MMORPG), y confirmando una tendencia para juegos y aplicaciones, el modelo freemium, que será uno de los más importantes en el futuro, y voy a explicar por qué.

Imagen real ingame de un servidor oteando Tyl Ruinen

La industria del videojuego es una de las más prósperas en todo el mundo y los segmentos que más están creciendo son online ambos, los juegos casuales con publicidad y los juegos de rol masivos multijugador gratuitos. En ambos casos, el acceso al videojuego es sin coste alguno (en todo caso, el tiempo que tardes en registrarte, descargar el cliente e instalar el juego) y ofrecen una serie de servicios básicos a cambio de nada. ¿Cómo pueden ser rentables entonces? Mediante microtransacciones, pequeños pagos puntuales por ciertos elementos de juego, desde mejoras cosméticas hasta paquetes de misiones o zonas exclusivas.

Esta modalidad se denomina freemium, al combinar lo mejor de un modelo gratuito (free) y otro de pago por contenidos (premium). En el mundo de los videojuegos, ha servido para rescatar algunos MMORPG que no han alcanzado la rentabilidad siendo de pago, como Dungeons and Dragons Online o, en el caso de LOTRO, para ampliar su población de jugadores después de tres años y vivir una “segunda juventud”. Otros juegos como Champions Online también han anunciado que pasarán a ser gratuitos, y otros como Guild Wars apostaron por este modelo directamente desde su concepción.

En cuanto a los juegos casual, Farmville es el rey indiscutible, tal y como hablamos hace unos meses, aunque hay otros competidores como Mafia Wars, Texas Hold’em Poker o Nightclub City. Todos estos juegos están integrados en Facebook y utilizan también el sistema de microtransacciones para sacar beneficio de sus millones de jugadores, a los que animan a implicar a sus amigos en el juego, aprovechando las conexiones de la red social.

En todos estos casos, el porcentaje de jugadores que realmente gasta dinero en los juegos es mínimo, pero es más que suficiente para que sean rentables, por el volumen de personas que participa en ellos. Si sólo paga un 1% de los jugadores, no es lo mismo que sean 100.000 que 1.000.000; interesa llegar al máximo posible de personas para que ese 1% sea lo mayor posible, y ahí es donde entra la gratuidad. Siendo gratis, ¿a quién no le gustaría visitar la Tierra Media?

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5 ideas para que no cierre tu medio de comunicación

En cualquier empresa medianamente seria, cuando las cifras de ventas y la facturación bajan, se realiza una auditoría interna para averiguar por qué se producen estos descensos, se examina el proceso productivo y los canales de distribución para modernizarlos si es necesario o se hace un estudio de mercado con el que encontrar por qué no se consume nuestro producto tanto como antes. No tengo un MBA, pero me parecen pasos razonables, al fin y al cabo interesa más la supervivencia de la empresa a largo plazo que el beneficio a corto plazo, ¿no?Pero eso sólo pasa en las empresas serias.Las empresas españolas que se dedican a los medios de comunicación se enfrentan a un panorama convulso, con un descenso sin precedentes en ventas y publicidad, y tienen que buscar cómo sobrevivir en un mercado cada vez más fragmentado. Por supuesto, la solución es despedir a tus trabajadores más experimentados y veteranos, y aumentar la carga de trabajo de los que quedan para que escriban también en la web y/o participen en el resto de medios de tu grupo. Spain is different, no queda duda.

Al final, todo se reduce a una cuestión muy simple: salvar las cuentas de resultados o salvar al medio de comunicación. Si tan sólo nos preocupan los beneficios, basta con ir recortando gastos hasta que hayamos exprimido por completo la empresa, momento en el que sabremos que hay que volar hacia confortables planes de retiro. Pero si hay que salvar al medio de comunicación, hay que pensar con la cabeza, no con una calculadora.

  1. A la hora de afrontar un ajuste de plantilla, no puedes imponerlo desde arriba, eso sólo minará la confianza del resto de trabajadores en la empresa y mermará el valor del medio. Es un tópico pero es cierto, es mejor negociar, puede que hasta evites tener que cerrar la empresa.
  2. Cuando hay que recortar gastos, hay que hacerlo en las cosas que realmente puedes recortar. Si antes tenías todo tu proceso productivo bajo una misma marca, ahora tendrás que externalizar para reducir costes y, desde luego, no echas a tus trabajadores senior, que tanto te ha costado formar y que conocen la empresa y el mundillo como la palma de su mano.
  3. Inviertes en formación continua. De la misma forma que no puedes echar a un trabajador que te responde y hace su trabajo, el trabajador tiene que entender que es necesario que se convierta en un todo-terreno preparado para proveer de contenido a cualquiera de las empresas del grupo. Pero para eso hay que enseñarle antes.
  4. Un mercado más fragmentado es un mercado en el que hay más opciones, y tienes que conseguir que el público opte por ti. Algo falla si tu medio no vende tanto como antes, y tienes que escuchar a tu público para saber por qué han decidido optar por otro medio. Tienes que abrirte a tu público y no me refiero a ampliar la sección de cartas al director.
  5. Tienes que estar preparado para innovar, y la innovación no es un interruptor que hoy lo accionas y mañana ya estás innovando. Es una mentalidad que adoptas para ofrecer algo nuevo, diferente a lo que ofrecen los demás, y puede ser desde la creación de una comunidad para fidelizar a tu público a hacer caso omiso de listas de consejos como ésta y concentrarte en hacer mejor lo que ya sabes hacer bien.

Y esto son sólo cinco ideas. ¿Qué idea tienes tú?

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Por qué la formación continua debería importarte

El mundo de la comunicación está experimentado una serie de cambios cuyo futuro nadie se atreve a predecir. La crisis económica global unida a los cambios en los hábitos de consumo de información que ha traído la nueva era digital hacen que nos encontremos casi ante una “nueva frontera”, un territorio inexplorado en el que puede pasar cualquier cosa. Y de hecho, va a ser así, es tontería negarlo.

Para los que nos dedicamos a la comunicación, es un momento crítico. Las empresas intentan mantener sus márgenes de beneficios, a pesar de la caída de audiencia e inversión publicitaria y la manera más fácil es recortar plantilla tirando de los redactores con más tiempo en la empresa, que salen más caros que contratar tres becarios que hagan su trabajo. Hay muchos casos y las cifras de paro entre la profesión periodística son terroríficas.

Es una injusticia, sí, pero también es un aviso para navegantes. Hoy día, una persona en los 40 está obligada a aprender y adaptarse a las nuevas tecnologías o el valor que aporte a su empresa será tan poco que, más tarde o más temprano, ésta prescindirá de sus servicios. Y aquellos que se van a incorporar al mercado laboral también tienen que aprender y adaptarse, o no serán capaces de destacar entre la multitud y acceder a un puesto de trabajo.

Por eso, la formación continua es algo que tiene que importarte, tengas la edad que tengas. Esto parece de sentido común, pero en el mundillo de la comunicación y del periodismo hay mucho divismo. El primer paso es tener humildad para reconocer que siempre hay alguien que sabe más que tú y del que puedes aprender y, a partir de ahí, hay que preocuparse por aumentar tus conocimientos. Libros, cursos, seminarios, todo vale para continuar formándote, ni siquiera hace falta que consigas un diploma. En mi caso, el mismo hecho de adquirir mi dominio y haber implementado la versión 1.5 de EScomunicación que ahora estás leyendo, ya me ha permitido aprender cosas nuevas, que quizás pueda aplicar en un futuro en mi profesión. La formación continua no es asistir a cursos y doctorarse (aunque eso también ayuda), es estar dispuesto a aprender cada día y tener una mentalidad abierta para expandir y mejorar tus aptitudes laborales. Especialmente en el mundillo de la comunicación, el futuro pertenecerá a los que estén preparados y ya no puedes permitirte no estarlo.

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La brecha tecnológica y generacional

Me pasa mi colega Juan la siguiente noticia del diario Público: Las redes sociales no convencen a los españoles. Tras leerla, busco el teletipo original de Europa Press y el Eurobarómetro al que hace referencia y compruebo que, una vez más, un titular polémico y muy interpretable vende más que un titular puramente informativo.

Por lo que se ve, que un 28% de los españoles participe en las redes sociales no debe ser algo digno de destacar. Según el Instituto Nacional de Estadística, somos casi 47 millones de españoles, con lo que el 28% equivale a 13.160.000 personas. Más de 13 millones de personas haciendo uso de las redes sociales es mucha gente conectada, un mercado muy grande para cualquier empresa y cinco veces más que la población de Letonia, el país de la UE con más participación en redes sociales segun el Eurobarómetro.

Y eso por no hablar de otra cifra del estudio, la del 47% de penetración de Internet en nuestro país. Cada cual verá el vaso a su manera, medio lleno o medio vacío, pero nadie puede negar que tener más de 22 millones de personas conectadas en España, a pesar de tener tarifas más caras que la media de Europa, es un paso muy grande para nosotros. O también podemos citar otro estudio del Observatorio Nacional de las Telecomunicaciones y la Sociedad de la Información, que da la cifra de 27 millones de internautas, todavía más gente conectada.Pero hay una cifra en el Eurobarómetro que no aparece en el teletipo de Europa ni, por tanto, en la noticia de Público que lo reproduce, y que me preocupa.

Age seems to be the biggest socio-demographic factor distinguishing those who use social networking websites. Among those who use social networking websites every day, 15-24 years olds and students are most prevalent, whilst among those who would never use a social networking website the most prevalent are over 40 year olds and the retired.

Si ya existe una brecha tecnológica y generacional entre quienes usan Internet y quienes no, esta nueva brecha que se abre entre los que están en las redes sociales y los que no piensan usarlas la va a hacer aún mayor. Tenemos a una generación de trabajadores jóvenes que, con suerte, han encontrado un puesto de trabajo y que ven como a sus tareas habituales se le suman una serie de obligaciones online (y no me refiero sólo a gestión de redes sociales) sin que se reconozca en su sueldo, frente a las generaciones anteriores, que tienen mejores sueldos (en general) pero están totalmente incapacitadas, y hasta orgullosas de ello, para realizar cualquier trabajo online.

Esta brecha digital sí va a ser un problema real en los próximos años, a medida que la red se haga cada vez más omnipresente en nuestras actividades y en la economía, y cambie, en mayor o menor medida, nuestras costumbres y usos sociales. Se podrá pensar que soy un visionario, que he leído mucha ciencia ficción, que exagero, pero la realidad irrefutable es que no hay marcha atrás en el cambio, en ningún cambio. La gente no va a dejar de conectarse a Internet ni de usar redes sociales y la inexorable Ley de Moore hará posible que cada vez haya más dispositivos conectados a través de los cuales podamos interactuar. Más allá de estudios y encuestas sobre los que se puede discutir hasta el fin de los tiempos, hay que preguntarse si estamos preparados para ese cambio.