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El suicidio de la industria editorial

The Book IV

En mi opinión, el artículo publicado el pasado domingo en El País, “Guerra abierta por el precio del libro”, es la primera andanada del año de los intermediarios de la industria editorial para seguir manteniendo el statu quo. Conscientes de que el aumento en la venta de lectores electrónicos (tablets, kindles y resto de dispositivos) amenaza su modelo de negocio decimonónico, contraatacan despreciando (“el kindle es bastante malo, como todas las cosas baratas”) o directamente infravalorando la realidad (“Es más la publicidad que se da al tema de los dispositivos que lo de verdad suponen las descargas”).

Ante argumentos tan falaces, no merece la pena ni rebatirlos. Seguramente para los autores de esas dos frases, los éxitos de Juan Gómez-Jurado o Fernando Trujillo no merecen la pena. Da igual que uno sea el autor más vendido de Amazon.es o que el otro haya vendido 4.500 ejemplares en un mes. Como son baratas, por deducción sus novelas son “bastante malas”.

Pero claro, ¿qué podemos esperar de una industria que no es capaz de poner precios decentes? Las editoriales pequeñas sí parece que se están dando cuenta y ponen precios razonables, pero las grandes no se dan cuenta que las reglas han cambiado y que no pueden poner el precio que quieran. ¿Cómo pueden pretender que alguien pague casi 17 euros por el ebook de La caída de los gigantes de Ken Follett (precio en Casa del Libro, Fnac y Amazon) cuando lo tiene en bolsillo por menos de 13 (Casa del Libro, Fnac y Amazon)?

Y de esta manera tan simple, la industria editorial española se está suicidando.

Actualización 24 de enero: Si ha seguido cualquiera de los enlaces, veras que el precio de La caída de los gigantes ha bajado hasta menos de nueve euros (Lástima no haber hecho una captura de pantalla de los precios anteriores).  Nueve euros aún sigue siendo quizás algo caro, pero es más barato que en bolsillo y, al menos, es el reconocimiento de la industria editorial de su propio suicidio.

La erosión de la pirámide de los contenidos

El siempre recomendable Seth Godin publicó hace unos días un interesante post titulado The erosion of the paid media pyramid, que me pareció particularmente interesante, y quería compartirlo con los lectores del blog. En él, Godin analiza la pirámide de valor de los contenidos según su precio:

Así, nos encontramos en la base con los contenidos gratuitos, que normalmente sirven para llamar la atención sobre el producto y conseguir futuras ventas. Son los trailers de las películas, los capítulos de muestra, los singles promocionales o la actuación en televisión.

Los contenidos de masas son los contenidos, hasta ahora, más reconocibles, y por los que el público paga. La entrada al cine, el libro, el CD… Durante todo el siglo XX y parte del XXI, los contenidos de masas han sido el motor de la cultura popular y de toda la industria cultural.

Los contenidos exclusivos son aquellos contenidos mas difíciles de conseguir y, por tanto, más caros. Son las ediciones de coleccionista, los CD de lujo, las impresiones limitadas…  Y finalmente, tenemos los contenidos únicos, aquellos realmente caros y extraordinarios, como puede ser un concierto privado, un cuadro único, un libro dedicado por el autor…

¿Qué ocurre con esta pirámide? Que las cosas han cambiado y mucho. Hoy, cualquier persona puede publicar y todos podemos ser creadores. No se necesita una discográfica para sacar un disco ni una editorial para sacar un libro. Como consecuencia, la oferta de contenidos se ha multiplicado exponencialmente y la competencia entre los creadores ha aumentado en igual medida.

Por ello, la atención es el factor más importante a la hora de distribuir tu contenido. La posibilidad de que te compren sólo existe si te conocen. Si a esto le sumamos que el coste de hacer copias de tu contenido (la clave para fijar el precio de los contenidos de masas) se ha reducido prácticamente a cero, no ha de extrañarnos que la pirámide de los contenidos se haya convertido en esto:

La pirámide se erosiona y los contenidos de masas son cada vez menores, porque cada vez menos gente está dispuesta a pagar por ellos cuando hay más contenidos gratuitos. Este fenómeno es el que ha llevado a extremos como el canon digital o la ley Sinde, intentos inútiles de mantener modelos de negocio obsoletos en vez de evolucionar y adaptarse al mercado.

De hecho, todas esas maniobras están evitando que se fijen en el segmento que crece, el de aquellos consumidores de contenidos (los auténticos fans, los seguidores) que sí están dispuestos a subir en la pirámide y quieren contenidos exclusivos. ¿Serán suficientes para compensar el dinero perdido en los productos de masas? Por supuesto que no, pero nadie dijo nunca que la vida sea justa.

Amazon.es, el futuro del comercio electrónico

Con la llegada de Amazon a España, nos encontramos por fin ante el momento esperado por muchos, el desembarco de la empresa líder en comercio electrónico, la gran esperanza blanca para levantar el sector en nuestro país.Y aunque su producto estrella, el Kindle, no llegará hasta la campaña navideña, juegan con la baza de su experiencia durante más de quince años y la diferenciación que les da un excelente servicio de logística.

Creo que muchas empresas en España no son aún conscientes de lo que supone la implantación de Amazon España. Aunque el comercio electrónico en España no hace más que crecer, todavía no ha llegado al gran público, el que sigue temiendo introducir el número de su tarjeta de crédito en un formulario. Creo que Amazon va a suponer el espaldarazo definitivo a la compra por internet en España. Su facilidad de uso y su gigantesco catálogo – aunque en España todavía no llegue, en ese aspecto, ni de lejos al nivel de otras filiales de la compañía – van a hacer que cada vez más gente se anime a comprar por internet.

Para ello, cuenta con un grupo de conversos, todos aquellos que hemos comprado en Amazon en algún momento. Yo confieso que soy un gran comprador de Amazon desde que, hace poco más de un año, adquirí el Kindle DX. Además del lector y su cubierta, he adquirido más de 30 libros electrónicos de todo tipo, disfrutando de la rapidez y comodidad de la compra en un clic y el envío instantáneo al Kindle.

Y es con el Kindle con el que Amazon ha cuadrado el círculo. Un lector de ebooks que es de los mejores del mercado y, al mismo tiempo, gracias a la conexión gratuita, un portal directo a la tienda de libros de la compañía. No es de extrañar que sea el producto más vendido de todo Amazon, aunque puede que sea destronado pronto por el Kindle Fire, la tablet que previsiblemente se presentará mañana a los medios.

A pesar de que ni el Kindle ni el Kindle Fire estén aún disponibles en España, estoy seguro que aquel que compre en Amazon repetirá y ello servirá para impulsar el comercio electrónico en nuestro país que, por otra parte, necesitaba una empresa que se tomará los envíos en serio. De hecho, el servicio Amazon Premium, que da gastos de envío gratis por una módica cantidad anual, es tan interesante que yo ya me he hecho con él, pues planeo hacer bastantes compras, así que si alguien quiere regalarme algo, aquí está mi lista de deseos (guiño, guiño).

4 ideas sobre la reforma de la Constitución

Hoy se ha aprobado en el Congreso de los Diputados la reforma de la Constitución española, la primera desde 1992, pero la polémica por esta reforma no ha cesado desde que se propuso, saltando de internet a la calle, con posiciones a favor y en contra tanto del fondo como la forma de la modificación de nuestra Carta Magna.

  • Una cosa sí está clara. Desde el punto de vista de la comunicación, esta reforma ha sido un desastre. Ha faltado pedagogia, ha faltado debate, ha faltado explicar a la opinión pública las razones para reformar la Constitución, que son muchas y muy graves, pero que se pueden resumir en una: la cosa no va mal para España, va peor. Que nadie se llame a engaño, Zapatero no impulsaría esta reforma si la situación no fuese desesperada. A una situación de paro catastrófica se le ha unido una crisis bursátil sin precedentes que nos ha puesto con el agua al cuello y sólo con medidas de este calado podíamos confiar en invertir esa tendencia. Pero este gobierno no se caracteriza por saber manejar situaciones adversas, no lo hizo con la crisis y no lo ha hecho con esta situación de emergencia. Aún así, explicando mejor las cosas quizás no habría habido tanta protesta.
  • Con todo, y admitiendo que el proceso ha sido un desastre, tampoco hay lugar para las críticas desaforadas y los rasgamientos de vestiduras que llevamos viendo desde la semana pasada. Antes del 23 de agosto, dudo mucho que todos los que están protestando ahora supieran siquiera lo que dice el artículo 135, que no es necesario un referéndum para cambiarlo o que sólo 34 de los 169 artículos de la Constitución necesitan ser refrendados para su reforma. Es cierto que eso no impide consultar a la ciudadanía de alguna manera, pero por una vez que hay un acuerdo entre los dos grandes partidos para hacer algo necesario y hacerlo rápido, creo que es más para celebrar que para criticar.
  • El gran argumento que se utiliza contra esta reforma es que los mercados no pueden mandar sobre nuestra economía ni dictar nuestras leyes. En una economía mundial, negar la influencia de los mercados es inútil, de la misma forma que es imposible que ningún país pueda ser una autarquía y depender sólo de sí mismo. Ni siquiera la primera potencia del mundo es inmune a los mercados. Por supuesto que no es plato de buen gusto, pero si los mercados no se fían de España será por algo, y algo habrá que hacer para arreglarlo. Y si son ataques especulativos, ya están instituciones como el Banco Central Europeo para intentar corregir y atajar esos ataques (con todas sus limitaciones). Lo que no se puede pretender es ir por libre.
  • Pero tampoco la clase política puede ignorar lo que muchos ciudadanos demandan. El 15-M demostró y sigue demostrando que la sociedad ya no está dormida y que está muy pendiente de lo que hace la clase política. Ante una modificación de la norma fundamental de nuestro Derecho, esa misma sociedad quiere ser escuchada y tener sino voto, al menos voz. Y lo que estamos viviendo ahora es sólo el principio, porque de aquí a las elecciones del 20-N, la sociedad española se va a hacer oír y todos los partidos, especialmente los mayoritarios, deben tomar nota. Las cosas han cambiado, no sólo en la economía, también en la sociedad y por eso me atrevo a vaticinar que la participación en los comicios de noviembre va a ser histórica y que el reparto de votos va a sorprender a más de uno. Siempre, claro está, que todos los indignados demuestren su indignación como ha de hacerse en democracia, que es votando. Por que sólo votando podemos cambiar las cosas.

Lecturas 2.0 esenciales: The long tail, de Chris Anderson

Comienzo con este post una serie de reseñas sobre diferentes libros que considero esenciales para el futuro periodista, cuyos trabajos serán publicados más en soportes digitales que en soportes físicos y que tendrá que conocer y explotar las posibilidades de la web social. Por eso, y para simplificar, los he denominado lecturas 2.0, que comenzamos con un libro básico para comprender la era de la información y el transito de una economía de átomos a una economía de bits: The long tail, de Chris Anderson.

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Qué es la larga cola

En la última década, hemos pasado a ser una sociedad superconectada gracias a las nuevas tecnologías de la información y la consecuencia quizá más importante ha sido la posibilidad, antes inexistente, de acceder sin filtros y sin límites a productos culturales y a todo tipo de contenidos.  Antes, la economía se basaba en los grandes éxitos, los más vendidos, siempre situados en la cabeza de la lista con ventas millonarias, pero ahora podemos ir más allá de la cabeza, bajando hasta encontrar lo que deseemos dentro de la larga cola de la oferta, que se extiende hasta el infinito sin llegar a cero. Esa larga cola de productos, que ahora puede llegar a sus públicos objetivos, crea un gran mercado que antes no existía. Un número muy, muy grande (los productos de la larga cola) multiplicado por un número relativamente pequeño (las ventas de cada producto) sigue siendo un número muy, muy grande.

Una representación típica de la larga cola

Para que el fenómeno de la larga cola se produzca, Anderson cita tres fuerzas que la hacen posible. La primera es la democratización de las herramientas de producción. Ahora cualquiera puede escribir, hacer fotografías, crear películas, todos nos hemos hecho productores gracias a los ordenadores personales. La segunda fuerza es la democratización de la distribución. Si los ordenadores han hecho productores a todos, internet ha hecho a todo el mundo un distribuidor de contenidos. Finalmente, la tercera fuerza es la conexión entre oferta y demanda, bien sea a través de los resultados de Google, las recomendaciones de iTunes, las reseñas en blogs o el simple boca a boca.

Estas tres fuerzas han hecho posible que nos encontremos ahora (especialmente en bienes culturales) en una economía de la abundancia. Hay más música, películas o libros que nunca antes, y al estar disponibles para todos, empezamos a descubrir que hay cosas más allá de los grandes éxitos. Los nichos más minoritarios de repente ya no lo son tanto y la suma de las pequeñas ventas de todos esos productos se convierte en una parte nada despreciable del total. Una vez que desaparecen los cuellos de botella de la distribución, los bienes minoritarios son tan atractivos y rentables como el mayor blockbuster.

De todos estos temas, y muchos más, habla Chris Anderson en The Long Tail. Aunque se va notando ya la edad del libro, sigue siendo una de las mejores lecturas para entender la diversificación de la cultura y cómo se traduce en muchos ámbitos de nuestra sociedad. Conceptos como el cambio de roles en la industria cultural, donde las barreras entre productores y consumidores están desapareciendo, o la importancia de los agregadores y los filtros para poder encontrar contenidos dentro de la larga cola son sólo algunas de las muchas ideas del libro.

Para los periodistas, The Long Tail nos sirve para entender por qué se está fragmentando el mercado periodístico y por que las audiencias son cada vez menores. Sólo conociendo las razones de este fenómeno, pueden las empresas periodísticas comenzar a adaptarse a las nuevas realidades que trae consigo, y que básicamente se resumen en que de intentar atraer al mayor número de personas posible con tu producto, ahora tienes que desarrollar el mayor número de productos posible para atraer al mayor número de personas posible. Es la única manera de satisfacer las necesidades de la larga cola de consumidores.

La Ley Sinde, una Ley inútil desde su concepción

Hoy se aprobará en el Senado la Ley Sinde. Si en diciembre nos felicitábamos del fracaso en su trámite en el Congreso hoy tenemos que lamentarnos de su aprobación. El texto que se va a aprobar (que puedes consultar aquí) no arregla ninguna de las carencias del anterior, incluso las ahonda al ampliar las funciones de la Sección Segunda:

La Sección podrá adoptar las medidas para que se interrumpa la prestación de un servicio de la sociedad de la información que vulnere derechos de propiedad intelectual o para retirar los contenidos que vulneren los citados derechos siempre que el prestador, directa o indirectamente, actúe con ánimo de lucro o haya causado o sea susceptible de causar un daño patrimonial.

Las negritas son mías, por cierto. Con esa redacción, se causa una inseguridad jurídica tal, que dudo hasta de si es legal; incluso esta misma página podría ser cerrada si la Sección así lo considerase. Con todo, soy tontamente optimista y quiero pensar que en su trámite definitivo en el Congreso, o en la redacción del Reglamento que la desarrolle, se pueda arreglar de alguna manera aunque ya sé que eso es soñar despierto.

En el fondo de la Ley, yace el eterno debate de la piratería en la Red, las descargas, los derechos de autor… un debate del que ya empiezo a estar cansado. El mundo ha cambiado, cómo consumimos productos culturales ha cambiado/está cambiando y quien no quiera verlo está ciego. En primero de periodismo tuve una asignatura de introducción a la economía, y una de las primeras cosas que nos enseñaron es que los bienes son escasos, y por eso tienen valor. ¿Qué valor puede tener entonces una copia digital, que genera abundancia y cuyo coste es prácticamente cero? En el ámbito cultural y otros muchos, hemos pasado de una economía de átomos a una economía de bits, pero ni nuestra mentalidad ni nuestra legislación ha cambiado para adaptarse a esa realidad, y por eso medidas como la Ley Sinde son inútiles desde su mismo concepto. Pero el cambio está en marcha…