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Lecturas 2.0 esenciales: El último que apague la luz, de Lluís Bassets

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Cuando supe que el director adjunto de El País Lluís Bassets había publicado un libro titulado El último que apague la luz: Sobre la extinción del periodismo, lo compré en Amazon en ese mismo momento. Un periodista de la talla y de la experiencia de Bassets, que está viviendo en primera persona la desaparición de la prensa escrita y el cambio de paradigma en que nos encontramos, tiene por fuerza que tener ideas muy claras y una visión interesante sobre el futuro del periodismo. Y puedo decir que no me ha defraudado en absoluto.

El último que apague la luz se compone de cinco grandes capítulos o meditaciones en los que Bassets habla del pasado, presente y futuro de la profesión periodística, con especial atención en los periódicos, como no podía ser de otra forma. Y lo hace de una manera más pesimista de lo que me pensaba, dando por hecho la desaparición de la prensa escrita. “Nada hay tan deprimente como la noticia de que ya no volveremos a dar noticias”, afirma.

LA CONQUISTA DE LA LIBERTAD

En la primera parte, Bassets rememora la última época del franquismo y la transición para contarnos cómo se consiguieron las libertades de las que llevamos disfrutando en España desde hace décadas. Con tintes autobiográficos, nos relata cómo la Ley Fraga supuso un balón de oxígeno para “un sector comatoso” y permitió la aparición de numerosas iniciativas, la puesta en marcha de otras y la preparación de toda una clase profesional para la democracia.

Con la muerte de Franco, se intensificó la conquista de nuevos márgenes y espacios de expresión y las elecciones generales del 77 fueron las primeras en las que los medios jugaron, con amplios márgenes de libertad, un papel relevante. La prensa y la radio proporcionaron la legitimidad imprescindible a la democracia que estaba naciendo. Así, cuando se redactó la Constitución, no hubo ninguna dificultad especial para incorporar en el articulo 20 no sólo las libertades de expresión e información sino reivindicaciones más periodisticas, como la claúsula de concencia y el secreto profesional.

Durante la década de los 80, la sociedad española se saltaba toda una etapa de fuerte alfabetización y de masiva lectura de prensa para pasar directamente a la cultura audiovisual, con la llegada de las televisiones autonómicas primero, y de las televisiones privadas después. Los años pasaron y los medios de comunicación se fueron concentrado en grandes grupos de comunicación, cada vez más politizados. Y de esta forma, el periodismo y los medios que participaron en el impulso reformista de la transiación son ahora victimas y a la vez responsables de la falta de impulso democrático de nuestras sociedades en otro momento de transición tecnológica y crisis económica.

PERIODISTAS Y BLOGUEROS

En la segunda meditación, Bassets analiza el cambio de paradigma al que se enfrenta el periodismo, una revolución en la comunicación que confunde todas las fronteras y límites entre tres colectivos antes claramente diferenciados: periodistas, lectores y protagonistas. Los ritmos pautados en que el ciudadano recibía la información, con diarios matutinos y vespertinos e informativos de radio y televisión a horas concretas, han sido sustituidos por la información continua y la conexión permanente.

La crisis ha hecho que cada vez haya menos dinero en las viejas empresas de medios para invertir en contenidos: los ingresos disminuyen en todos los frentes y el negocio se hace más inviable a cada cuenta de resultados. Y así, tenemos la paradoja de que estamos más cerca que nunca del paraíso de la información en cuanto a acceso y disponibilidad de medios para informarse, pero queda limitado o incluso entre grandes interrogantes por el desplome del precio de la información y la correspondiente expansión de la cultura de la gratuidad, que sitúa al borde de la extinción a los medios de comunicación tradicionales.

Pero a pesar de eso, vivirá el periodismo y vivirán los periodistas. Quizás serán menos que ahora, pero volverán a ser muchos más en el futuro, hasta alcanzar potencialmente a todos los ciudadanos con derechos activos y pasivos a gozar de la libertad de expresión. Mariano José de Larra se veía a sí mismo “periodista por mí y ante mí”. Eso mismo pueden decir los blogueros y es por eso que la naturaleza de periodista no te la dará ya el sitio donde trabajes, sino tu trabajo.

ESTA CRISIS ES NUESTRA

El tercer capítulo está dedicado a la doble crisis de la prensa, la que sufre como efecto de la crisis general y la propia, una crisis interna de los medios, la prensa y el periodismo. Esa crisis propia afectará a todos los medios de comunicación, aunque de distinta forma y con ritmos muy distintos. Es una crisis profunda, transformacional, puesto que la integración multimedia en plataformas digitales accesibles a través de ordenadores, lectores o móviles es el horizonte tecnológico de todos los medios y será la base de los futuros modelos de negocios que sustituyan a las actuales empresas de prensa y de medios audiovisuales.

Bassets recuerda la predicción hecha por Philip Meyer en su libro The Vanishing Newspaper, que situaba en 2043 la fecha en la que saldrá el último periódico impreso. Hoy, es bien claro que se trataba de un cálculo optimista y que hay que adelantar esta fecha como mínimo en dos décadas. Para los periódicos, la doble crisis les ha castigado de forma triple: la crisis económica hace que caigan las ventas y los ingresos publicitarios, caiga el valor de los activos y de las acciones y crezca el nivel y el coste del endeudamiento; la crisis propia hace que prolifere el periodismo fácil y sensacionalista para atraer desesperadamente a la audiencia, que los periódicos pierdan su credibilidad y su crédito ante la sociedad, y que la audiencia descubra que ya no necesita el periódico del día para estar bien informado.

Las empresas de medios se han protegido en las ultimas décadas en la dinámica del too big to fail (demasiado grande para dejarlo caer), pero nada es demasiado grande ante un cambio de paradigma como el que estamos viviendo. El fondo de la crisis está en la radicalidad del cambio tecnológico y social que está conduciendo a un erosión de la intermediación, al acceso gratuito a los contenidos y a la ruptura de todos los monopolios de producción y distribución. Será difícil que en el nuevo siglo existan empresas periodísticas que alcancen las cotas de exceleción profesional, prestigio politico y social, y altos niveles de ingresos que han caracterizado a las grandes editoras del último siglo y medio. Pero seguirá pesando su historia y ese extraño ideal de unas instituciones de naturaleza doble, que viven tanto de sus beneficios como de su influencia.

CHASCO Y FIASCO DE WIKILEAKS

Wikileaks y otras páginas e iniciativas similares son una nueva especie en el ecosistema informativo, que ha nacido gracias a que cualquier ciudadano tiene la posibilidad de acceder personalmente a unos nuevos instrumentos de poder y tiene a su disposición los instrumentos tecnólogicos y la preparación para convertirse en comunicador y hacer perfectamente prescindible el oficio retribuido y diferenciado del periodista. La profesión se diluye y la capacidad de contar la realidad ya no es una exclusiva de una profesión o de un grupo humano, sino que se extiende al menos virtualmente a todos.

Así y todo, Wikileaks no ha cambiado la historia de la humanidad. Las relaciones internacionales quedaron intactas, no cambiaron ni siquiera los comportamientos diplomáticos. Ni tan solo la forma de trabajar de los periódicos tradicionales. Fue un extraordinario ejercicio periodístico y un colosal chasco comunicativo, reducido al final a la aventura personal, mezcla de coraje y de megalomanía, de Julian Assange, el hacker que llegó a codearse con los periodistas más poderosos del mundo antes de caer por su mala cabeza en las redes de la Justicia británica.

ANTES DE LA EXTINCIÓN

La meditación final de Bassets es la más clara y pesimista, partiendo con la frase brutal de Juan Luis Cebrián en su entrevista a Jot Down: “Estamos muertos pero todavia no lo sabemos”. No es muy difícil demostrar que el periodismo tal y como lo hemos conocido ha pasado a la historia, ni siquiera es díficil justificar la dureza de la metáfora de Cebrián. Y todo por la aparición de internet, un objeto nuevo e invasivo en el paisaje de los medios, una tecnología disruptiva que trastoca y cambia todos los esquemas tradicionales.

Internet no es un medio, es un entorno tecnológico en el que convergen todos los medios existentes. No los sustituye, sino que los destruye como negocio y los absorbe e integra como medios en un entorno único. Para los periódicos, internet es un instrumento de excelencia y su tumba, una oportunidad y una ruina, su salvación y su némesis. Mejora y liquida el oficio simultáneamente, algo insólito en la historia de la tecnología.

Se han roto dos de los pilares del sistema de medios. Hemos pasado de conexiones singulares a la información durante el día a la conexión permanente. Ya no esperamos conectarnos con el mundo al leer el periódico, al contrario, estamos todo el tiempo enchufados. Y si la pauta temporal desaparece, también está quedando obsoleto el cierre o deadline, ese concepto inscrito a fuego en cada periodista. No hay acumulación diaria de acontecimientos para su destilación cada 24 horas, sino un flujo continuo que exige realizar continuamente todas las operaciones antaño sometidas al ritmo diario.

La teoría de la noticia queda subvertida. En la red, la información está lista en cuando se considera que tiene suficiente cuerpo como para ver la luz, y esto sucede en estado muy germinal, cuando todavía no es noticia y no se ha comprobado del todo. Porque el público quiere acceder a todo y enseguida, sin nadie que ejerza una autoridad intermediaria de filtro y de ratificación. El rumor no era noticia en la era periodística. En la era del periodismo post-industrial es noticia todo lo que colgamos en la red y alguien considera que es noticia. No hay noticias sino versiones sucesivas e instantáneas de una información que van tomando cuerpo y solapándose hasta conformar la noticia que se instalará en la actualidad como tal.

UNA LECTURA ESENCIAL

Si has llegado hasta aquí, comprenderás por qué considero El último que apague la luz una lectura esencial, tanto que he escrito el post más largo de la historia del blog para hacer esta reseña. Junto a Periodismo Post-industrial (que reseñé aquí), creo que es el libro que más claro aborda el futuro del periodismo y la prensa escrita, reconociendo los problemas, apuntando los orígenes, las causas y analizando las consecuencias, aunque sin llegar a proponer soluciones, más allá de reivindicar el auténtico periodismo, el de toda la vida. Como ya he apuntado alguna vez, el futuro del periodismo pasa por volver a las raíces del periodismo, y libros como El último que apague la luz son los que nos indican el camino para ello. 

 

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