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Lecturas 2.0 esenciales: Post-Industrial Journalism: Adapting to the present

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El Centro Tow de Periodismo Digital publicó a finales del año pasado el estudio Post-Industrial Journalism: Adapting to the present (Periodismo Post-Industrial: Adaptándose al presente), de C.W. Anderson, Emily Bell y Clay Shirky. Ya hablé de él en este post y ahora que he terminado de leerlo es el momento de hacer una reseña en condiciones.

 

 

Qué es el periodismo post-industrial

 

Antes, había una industria del periodismo, que se basaba en los mismos aspectos que la mayoría de industrias: un número relativamente pequeño y coherente de negocios creando su producto con métodos similares frente a la incapacidad de nadie fuera de ese grupo para crear un producto igual que sea competitivo. Todas esas condiciones han saltado por los aires, por eso hablamos de periodismo post-industrial.

 

El periodismo post-industrial es aquel que ya no está condicionado por la proximidad a la maquinaria de producción. Las redacciones de los periódicos estaban cerca de las imprentas por motivos puramente prácticos, para que quien escribía los textos estuviera cerca de la máquina que tenía que imprimirlos. Hoy, gracias a la revolución de la tecnología, esto ya no es necesario.

 

En el periodismo post-industrial, las organizaciones periodísticas actuales van a seguir perdiendo dinero y cuota de mercado y si quieren mantenerse o incluso incrementar su relevancia, tienen que sacar provecho de los nuevos métodos de trabajo y procesos productivos que conlleva la red. Esto supone replantear todos los aspectos organizativos del proceso de creación de la noticia y cambiarlos prácticamente por completo. Este cambio será duro y afecta a todo aquel implicado en la creación y distribución de noticias. Pero si no se cambia, el único camino que le queda a las empresas periodísticas es hacer menos con menos. No hay solución para esta crisis que pueda mantener los viejos modelos.

 

 

El periodismo importa

 

El periodismo informa a los ciudadanos, ayuda a dar forma a la opinión pública, expone la corrupción y hace que políticos y empresas rindan cuentas ante la sociedad. El periodismo tiene un papel irreemplazable en la economía de mercado y las politicas democráticas. Como mantiene la FAPE, sin periodismo no hay democracia. Hay que proteger y mantener al periodismo pero, por las razones que hemos visto, no será sin cambios. No hay manera de preservar la práctica periodística tal y como se ha venido haciendo en los últimos 50 años. Simplemente, no es posible.

 

Hay muchos tipos de periodismo y no todos merecen la misma consideración. Pero lo que distingue al periodismo de cualquier otra actividad comercial son las hard news, las noticias de alcance, aquellas que Lord Northcliffe definía como “lo que alguien, en algún sitio, no quiere ver impreso”. Ese tipo de noticias son la que justifican todos los intentos por ayudar a que los medios puedan sobrevivir en la era del periodismo post-industrial.

 

Y no hay un manual claro para sobrevivir. Cualquier forma de mantener los costes por debajo de los beneficios es correcta, sea en una organización grande o pequeña, generalista o especializada, con o sin ánimo de lucro. Lo único que hay claro es que el modelo que ha funcionado durante décadas para la mayoría de organizaciones periodísticas – entidades comerciales que amortizan los gastos de redacción con el dinero de la publicidad – está en serios problemas.

 

 

Internet rompe con la subvención publicitaria

 

Una obviedad que nunca se destaca mucho es que los anunciantes no tienen ningún interés especial en subvencionar organizaciones periodísticas. El nexo entre el sueldo de los periodistas y los beneficios publicitarios siempre fue una consecuencia de la habilidad de las organizaciones para conseguir beneficios tras amortizar los costes, generalmente muy altos. En el siglo pasado se decía que un periódico que funcionara bien era una máquina de imprimir dinero. Hoy, ya no es así.

 

La red ha cambiado por completo las reglas de juego. Cuando alguien quiere leer noticias puede hacerlo en la pantalla de su móvil, tablet u ordenador, o puede imprimir lo que quiere leer antes que pagar por ese texto impreso. Y cada vez más, cuando alguien quiere escuchar un audio o ver un vídeo, utiliza la infraestructura por la que paga conscientemente (internet) antes que aquella por lo que no paga de manera tangible (el espectro radiofónico o televisivo).

 

Es posible que todavía haya maneras de maximizar o incluso aumentar el beneficio de la publicidad en las organizaciones periodísticas tradicionales, pero es dudoso que alguien encuentre una fórmula que pueda ser válida y, al mismo tiempo, no imitable en la red. Todos los hechos llevan a la conclusión de que el poder de las organizaciones periodísticas sobre los anunciantes va desapareciendo; desde que la red existe, se está produciendo un giro en el valor de la publicidad, cuyo valor neto en la red es mayor para el anunciante que para el medio, cuando antes era al revés. Y cuando las reglas de juego cambian así, no vale la misma forma de jugar que has usado siempre.

 

 

Reestructurarse es una obligación

 

Todo ello lleva a dos conclusiones. Primero, las noticias tienen que ser más baratas de producir, y segundo, esa reducción del coste debe acompañarse de una reestructuración de los procesos y organizaciones periodísticas. Muchos medios se llenan la boca con el mantra de “hacer más con menos” pero no tienen en cuenta que la parte de “con menos” es algo a lo que se van a ver forzados más tarde o más temprano. Por ello, ha que potenciar lo antes posible la parte de “hacer más” aprovechando las nuevas formas que ofrece la red de hacer periodismo.

 

Estos cambios son traumáticos, nadie lo duda, y van a modificar radicalmente la vida y hábitos de trabajo de todos los actores envueltos en la creación y distribución de noticias. Pero si no se acometen esos cambios, la reducción de dinero para la producción de periodismo por la caída de la publicidad se traducirá en que hay que “hacer menos con menos”. No hay solución para la actual crisis del periodismo que permita preservar los viejos modelos. Simplemente, no la hay.

 

Esto es sólo un breve resumen de algunas de las tesis de este estudio, que me ha parecido de los mejores que he leído sobre el estado actual de la industria periodística y las posibilidades de futuro que tiene ante sí. Considero que es una lectura muy esclarecedora y que puede servir a muchos compañeros de profesión que todavía piensan que existen varitas mágicas. Las organizaciones periodísticas de esta década serán muy diferentes a las de épocas anteriores y aunque las bases de la profesión periodística sean las mismas, los periodistas no pueden ignorar que ya no trabajan en organizaciones sólidas e inmutables a los avatares externos.

 

 

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