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Textos y reflexiones sobre periodismo, tecnología y la relación entre ambos

Archive for marzo, 2012

3 soluciones para almacenar tus archivos en la nube

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Los servicios gratuitos de alojamiento de archivos han cambiado totalmente la forma en que almacenamos nuestra información. Si antes grabábamos DVD’s (y antes de eso CD’s), ahora  guardamos nuestros archivos en discos duros multimedia en nuestro hogar y, para aquellos que necesitamos acceder en cualquier lugar, utilizamos la nube. Son servicios freemium que te permiten guardar tus fotos, documentos o vídeos en sus servidores y acceder a ellos desde cualquier dispositivo. Juegan además con la ventaja de poder compartir fácilmente esos contenidos, permitiéndome mandar el enlace a tus contactos para que se descarguen las cientos de fotos hechas en la última cena o ese vídeo de 400 megas con los mejores momentos de tus vacaciones.

Hay muchas compañías dedicadas a ofrecer discos duros virtuales, incluso Google tiene pensado desembarcar en este mercado. A continuación, os ofrezco tres soluciones para almacenar vuestros archivos en la nube, que son las que utilizo yo para guardar fotos, copias de seguridad y todo tipo de información. Como suele decirse, no son todas las que son, pero sí son todas las que estan.

Dropbox

Dropbox es posiblemente el servicio más popular de disco duro virtual, con más de 50 millones de usuarios en todo el mundo y cientos de millones de archivos subidos a sus servidores diariamente. Además de ser pioneros, cuenta con el aliciente social de animar a sus usuarios a invitar a sus amigos para conseguir más espacio. Ofrece 2 gigas gratuitos ampliables cada vez que un amigo tuyo se suscribe gracias a ti, hasta un total de 8 gb. Yo tengo 4,5 ya y subiendo.

Hidrive

Hidrive es un servicio prácticamente idéntico a Dropbox, con la diferencia de que te ofrece 5 gb inicialmente para, gracias a los amigos que se apunten gracias a ti, llegar hasta 10 GB en su versión gratuita. A su favor, tiene una interfaz muy limpia y clara, además de la posibilidad de configurar varios usuarios para una sola cuenta, algo a considerar si se le va a dar uso a nivel empresarial.

Box

Y finalmente tenemos Box. Esta compañía ofrece 5 gb de manera gratuita, pero cada cierto tiempo tienen promociones como ésta a la que me acogí, consiguiendo nada menos que 50 gb de almacenamiento gratuito. Ni que decir tiene que con tantos gigas libres, Box ha pasado a ser mi cajón de sastre, donde guardo todo tipo de material por si acaso. Las copias de seguridad del blog las alojo aquí también, además de usar la aplicación de android para subir fotos y otros materiales desde mi smartphone.

Y por supuesto para cuando se va la luz o no hay conexión a internet, siempre nos queda el método tradicional

Publicado por Miguel Ángel Alonso Pulido

30 de marzo de 2012 a las 8:46 am

Las falacias de los defensores de la propiedad intelectual

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El pasado sábado, el siempre excelente blog Nada es gratis publicaba este escrito de Jesús Fernández-Villaverde, y no puedo menos que aceptar el desafío de su último párrafo, y copiarlo para compartirlo con los lectores de EScomunicación. Aquí lo tenéis. Es largo pero merece mucho la pena (las negritas son mías).

Copyright sign made of jigsaw puzzle pieces separated

La verdad es que los pesados de los “derechos de autor” me tocan las narices cada vez más, por decirlo así de sencillo y de claro. No se que me molesta más: si su farisea moralina o su falta de conocimientos de economía.

Ayer Samuel Bentolila ponía un link a la columna en FT donde se hablaba de mi post con Luis sobre la consolidación fiscal y explicaba que si no salía, se pusiera el título del artículo en Google y que se iba a él. Alguien nos entró a protestar con el argumento que con ello fomentábamos la piratería intelectual. Cuando le respondimos que esto era una bobada, porque FT te deja mirar un número de artículos gratis al mes sin tener que pagar, primero nos dijo que a FT eso no le hacia gracia ya que quiere que uno se registre primero (lo cual es irrelevante; un lector, PVN, lo explica muy bien en otro comentario que además clarifica que nuestro protestón no sabe lo que es un caché) y segundo entró en una diatriba de cómo el sistema actual era fantástico, con afirmaciones tan peregrinas como “El sistema de derechos de autor en Occidente es hasta la fecha la mejor forma conocida de garantizar el crecimiento y la innovación.” Si uno se va a la página web de la asociación con la que firmaba el comentario (aparentemente no le apetecía dar su nombre verdadero, será que está protegido por algún copyright) se ven, además, las típicas acusaciones sobre robos y demás

Bueno, pues esto no es verdad, es solo una pila de falacias de un grupo de presión que quiere limitar el crecimiento económico.

Empecemos por el principio: ¿es violar la propiedad intelectual robar como roba un pirata? No. Esto es muy obvio una vez que se piensa un poco. Los economistas solemos distinguir entre los bienes rivales y los bienes no rivales. La diferencia se fundamenta en si el uso del bien por un agente económico impide a otro agente usarlo al mismo tiempo: si la respuesta es que sí, es un bien rival, si la respuesta es no, no lo es. Pensemos en una camisa: si yo me pongo una camisa, a la misma vez usted, querido lector, no se la puede poner (al menos que queramos hacer una escena de película de los hermanos Marx). En comparación, si yo estoy utilizando el teorema fundamental del cálculo, no impido a nadie que también lo use. Los 7000 millones de seres humanos podemos estar empleándolo a la misma vez y no pasa nada. Por ello, cuando yo le quito una camisa a mi vecino, le impido que la pueda seguir empleando. Cuando yo le copio a mi vecino su libro de macroeconomía, no impido que él lo pueda seguir usando. Por tanto, el bien bajo propiedad intelectual no me lo estoy apropiando.

Lo que sí que puedo estar causando es un perjuicio económico. Si el dueño del libro es su autor y yo lo copio, él sigue siendo el propietario del libro pero, por ejemplo, no me lo puede vender. Este daño no es un robo, es, como su propio nombre indica, un posible ingreso que se ha perdido.

Me dirá usted, entonces, que en realidad no hay tanta diferencia: que un robo supone la pérdida de un bien y la copia de un libro supone un lucro cesante. Sí y no. Sí, porque en ambos casos el agente sufre una pérdida. No, porque en el segundo caso lo que realiza es una perdida de potenciales ingresos futuros que nuestro sistema jurídico respeta en muchos casos. La mejor prueba de ello es la limitación temporal en los derechos de propiedad: la camisa es mía y lo será siempre. Si tengo descendientes, se la podrán ir pasando el uno al otro hasta el final de los tiempos cuando se caiga a cachos. En cambio, el derecho de propiedad intelectual expirará en un momento u otro. Es decir: que el derecho ya reconoce de manera bastante clara que estamos hablando de cosas muy distintas.

Pero pongamos otro ejemplo para ir más allá. Imaginémonos que yo, en vez de copiar el libro de macroeconomía de mi vecino, escribo uno mejor y le robo el mercado. El daño se lo causo igual: le quito los ingresos futuros. Esto es perfectamente legal. Sin embargo, si yo creo una nueva camisa, no impido a mi vecino que siga disfrutando de su camisa original sin problema.

La única conclusión lógica a la que se puede llegar, por tanto, es que el copiar una obra intelectual es un acto que no limita el disfrute de la cosa por su propietario pero que causa un daño económico en una tercera persona y que el derecho ha decidido limitar en ciertos casos. Robo, no es robo de nada. Daño al autor: sí, si efectivamente se pierde el flujo de ingresos.

¿Por qué protege el derecho la propiedad intelectual? Porque es necesario dar incentivos ex ante a los creadores de obras intelectuales. Estas se caracterizan por generar, casi en su totalidad, solo costes fijos, mientras que los costes marginales son casi cero. Pensemos en una película: el coste de la misma es filmarla (coste fijo), el coste de vender un DVD más de la misma es casi trivial. Si estuviésemos en un sistema donde copiar DVDs fuera gratuito, el precio de los mismos convergería rápidamente a su coste marginal (cero) y por ello, en principio (las cosas en realidad son más sutiles, por eso digo en principio) el creador nunca podría recuperar sus costes fijos, con lo cual no habría creación intelectual. El remedio que tenemos en occidente es dar un “monopolio” temporal al creador de la obra (o el que tenga el derecho en ese momento) por el cual si alguien vende DVDs de la misma película, se le aparecerá la Guardia Civil a hacerle cambiar de opinión. El monopolista entonces impondrá un precio superior al coste marginal, lo que genera una distorsión ex post.

Es decir: que el otorgar derechos de propiedad intelectual es únicamente un sistema de incentivos y por tanto carece de ninguna valoración moral, ni positiva ni negativa. Nadie tiene “derecho” innato y natural a la propiedad intelectual (sí que creo que tiene derecho al reconocimiento de ser el autor, pero nada más). La propiedad intelectual es simplemente un mecanismo de la sociedad para solucionar un problema. Es como poner una cañería en la casa de uno: por algún sitio tiene que ir el agua.

Y de la misma manera que uno puede diseñar distintas cañerías, existen diversas maneras de suministrar los incentivos adecuados. En particular, tenemos que recordar que el monopolio al que nos referíamos genera una distorsión ex post para generar los incentivos ex ante. Por tanto es sensato pensar en la posibilidad de mecanismos alternativos.

El primero es el mecenazgo, público o privado. Buena parte de lo mejor de la innovación en la historia de occidente ha venido del mismo, incluido la inmensa mayoría de la ciencia básica y de la tecnología moderna. Este post está escrito gracias la arquitectura básica de internet, Unix, C++ y Latex, todos ellos productos de este mecenazgo. La financiación (pseudo) pública nos ha dado Unix; la búsqueda de beneficios, Windows Vista.

El segundo son los premios. A lo largo de la historia los gobiernos han otorgado premios a aquellas personas que generaban una nueva idea (por ejemplo, un reloj particularmente exacto para la navegación). Muchos economistas como Michael Kremer han propuesto recuperar esta tradición y que los gobiernos anuncien, por ejemplo, un premio a la primera compañía que encuentre una vacuna efectiva contra ciertas enfermedades tropicales.

El tercero es el facilitar mecanismos de cooperación múltiple. Wikipedia es el mejor ejemplo posible: en vez de gastarnos un dinero tonto en una enciclopedia privada, tenemos ahora una pública que es varios órdenes de magnitud mejor.

El cuarto son todos los mecanismos de innovación competitiva que han permitido, por ejemplo, el crecimiento de Walmart. Buena parte de los procesos de negocios no están protegidos y pueden ser copiados libremente y sin embargo las empresas continuamente crean nuevos procesos.

Finalmente, y manteniéndonos dentro del sistema actual, se pueden cortar muchos de los excesos que el mismo tiene. Que un libro siga estando protegido 70 años después de la muerte del autor me parece sencillamente absurdo. Cualquier flujo de ingresos futuros descontados tan lejos en el tiempo a un tipo de interés sensato (pongamos el 4% anual) es trivial. La presunción es, en consecuencia, que estamos protegiendo en exceso a la propiedad intelectual. Quien tenga opinión contraria debe de suministrar evidencia: la carga de la prueba recae en aquellos que quieren el monopolio, no en lo que los queremos eliminar.

Dado que existen alternativas, la necesidad de reconfigurar nuestro sistema de propiedad intelectual es más importante que nunca. En un mundo digital los límites a la creatividad y a la experimentación, son tan difusos que, coartarla como intenta hacer buena parte de la industria con cosas como SOPA es una profunda equivocación. Vivimos en un momento en el que deberíamos de pecar de poca protección, no de protección excesiva. Daron Acemoglu lo explica mucho mejor que yo:

Para que no los sepan Daron es uno de los líderes actuales de la profesión económica. No se me ocurre nadie en su generación que haya contribuido más en temas de crecimiento económico o de la innovación.

Pero los ejemplos de gente que se ha sentado a pensar en este tema y han llegado a la conclusión de que nuestro sistema actual no tiene ni pies ni cabeza serían interminables así que solo voy a citar uno cercano a este blog: Michele Boldrin, que junto con David Levine, han escrito un magnífico libro al respecto. Lo mejorcito de la profesión, por tanto, es profundamente escéptica sobre el sistema de protección actual.

Son los defensores del sistema actual los que están en minoría en el mundo académico. Se aferran a una concepción anticuada de la innovación y lo que es peor, ni saben historia económica ni entienden los problemas de incentivos existentes. Y encima aderezan esa ignorancia con “moralina” de serie americana barata: “que si esto es robar”, “que si es piratería”, blah, blah. Zarandajas.

Así que querido lector: si usted es de los que les molesta el sistema actual y quiere luchar para cambiarlo, por favor adelante. Callemos con nuestros argumentos a una industria que quiere destruir nuestro futuro de innovación y crecimiento.

Pd. Y prediquemos con el ejemplo: copie este post masivamente, cuanto más mejor.

 

Publicado por Miguel Ángel Alonso Pulido

28 de marzo de 2012 a las 9:10 am

El viejo orden cambió, supéralo

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Continuamos con las tendencias sobre el futuro de las noticias examinadas por Ken Doctor en Newsonomics y hoy nos paramos en la que quizás sea la más cruda de todas. Para la prensa imprensa, el viejo mundo de las noticias se fue y hay que superarlo, queramos o no.

 

 

Una cosa es segura. El cambio tecnológico y la transformación digital era algo demasiado extraño para que las empresas periodísticas pudieran asimilarlo y actuar en consecuencia. Por eso, habiendo fallado en reformarse y reestructurarse cuando tenían tiempo y dinero para hacerlo, han ayudado a sembrar las semillas de su actual proceso de autodestrucción.

Es duro, pero hasta que no aceptemos que el viejo mundo se fue, no podremos avanzar y comenzar el difícil trabajo que es construir el nuevo mundo de las noticias, en el que el papel no es ni puede ser el principal soporte de la información. Los periódicos son un anacronismo, un producto caro y nada ecológico que nos ofrece las noticias de ayer.  Antes, tenían su razón de ser, pero las posibilidades que nos da hoy la sociedad de la información han convertido a la prensa escrita en algo obsoleto, al menos en su versión diaria.

A todo esto hay que sumar una revolución de la publicidad. Los anunciantes se están desplazando a la web y la porción de los medios impresos en la tarta publicitaria disminuye sin cesar. En general, internet funciona mejor que los medios tradicionales para muchos anunciantes, porque hace más y más fácilmente.

Además, está el hecho incontrovertible de que cuando tu competencia no cobra, es difícil hacer que los consumidores paguen por tu producto. Hay bastante contenido gratuito y de la calidad suficiente para que la mayoría de los lectores queden satisfechos.  Esto no quiere decir que el periodismo de calidad esté también condenado a desaparecer, porque no se puede asociar el continente al contenido. Seguirá habiendo periodismo de calidad en las webs, en las radios, en las televisiones y en los medios impresos que sobrevivan.

En resumen, la mayoría de empresas periodísticas han fallado en adaptarse y comprender que deben basarse en generar noticias e información, no en imprimir periódicos. Para eso están las imprentas.

 

Y en la próxima entrega: El arte de usar el contenido de otros.

Más en la serie de Newsonomics:

 

Publicado por Miguel Ángel Alonso Pulido

26 de marzo de 2012 a las 8:33 am

La abundancia para los clientes es escasez para las empresas

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Grifo

He hablado en varias ocasiones en el blog de la sobreabundancia de información en la que vivimos. En su mayor parte, está generando efectos positivos para la sociedad pero no hay que olvidar las otras consecuencias. Esa abundancia se traduce en escasez para las empresas de la información. Me explico:

  • Las empresas periodísticas disfrutaban de un monopolio virtual sobre la información. Ahora lo han perdido y la abundancia de lectores/oyentes/televidentes de que disfrutaban se ha tornado escasez.
  • Si antes las empresas de información controlaban el flujo de la misma, decidiendo qué veía la luz y qué no, ahora la información es libre, no hay gatekeepers que puedan pararla.
  • En lugar de reconocer el problema, que es que la audiencia que se marchó no va a volver, estas empresas intentan aplicar viejas soluciones (promociones, recortes, más publicidad) para nuevos problemas (fragmentación, pérdida de credibilidad, crisis publicitaria).
  • Antes, las empresas podían definir los precios de la información: este libro cuesta tanto y este periódico cuesta tanto porque yo lo digo. La nueva situación económica descoloca a las grandes empresas periodísticas, acostumbradas a márgenes de beneficios altos, demasiado para lo que el mercado realmente demanda.

La industria musical ha gastado millones en luchar contra el cambio de paradigma. La industria editorial está yendo por el mismo camino. ¿Qué hará la industria de la información?

 

Publicado por Miguel Ángel Alonso Pulido

23 de marzo de 2012 a las 8:41 am

Se puede ganar mucho dinero sin cobrar nada

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Hasta hace bien poco, lo habitual era que todo tiene un precio y que todo puede comprarse. Hoy, y cada vez en más sectores, es más fácil ofrecer tu servicio de forma gratuita para obtener beneficios mucho mayores de los que conseguirías cobrando.

Seguramente tengas un correo en Gmail, Hotmail o Yahoo tanto para tus necesidades personales como profesionales y no has pagado por él. Cada vez que utilizas Google para buscar información, no aparece en tu tarjeta de crédito. No hay ningún contador que te cobre por las veces que usas Twitter. Cuando entras en Facebook no tienes que abonar ninguna cuota. Consultar Wikipedia no te cuesta nada. WordPress no te pasa la factura a fin de mes. Flickr no te cobra por almacenar tus fotos y Dropbox tampoco por guardar tus archivos.

Se puede ganar mucho dinero sin cobrar nada.

 

Publicado por Miguel Ángel Alonso Pulido

21 de marzo de 2012 a las 9:27 am

Redefinir y reinventar lo local en el periodismo

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Continuamos con la serie dedicada a Newsonomics de Ken Doctor y las doce tendencias para el futuro del periodismo. En esta tercera entrega, examinaremos el auge de lo local en el periodismo. Aunque el fenómeno de los periódicos locales es más propio de los Estados Unidos, por su gran extensión, el caso de España podría ser comparable, con tres o cuatro diarios fuertes a nivel nacional, y el resto periódicos regionales.

En el caso de los diarios estadounidenses, los diarios locales han sufrido lo peor de la crisis, con grandes cabeceras metropolitanas como The Dallas Morning News o The Miami Herald sufriendo caídas de circulación de dos cifras. Algunos diarios afrontan ese descenso eliminando días de publicación en papel, consiguiendo la paradoja de diarios que no son diarios o son incluso semanales. Otros, en cambio, abandonan por completo el papel para centrarse en su versión online.

Las grandes empresas periodísticas dedicadas a lo local, en su mayoría periódicos, no solo están reinventándose, sino que están adelgazando su plantilla en un cambio que será permanente. Las empresas periodísticas pequeñas están encontrando nuevas formas para crecer, gracias al interés del público y las nuevas oportunidades para la financiación.  El punto de equilibrio en el que se encuentren estas dos tendencias está todavía por verse.

Todo esto lleva a la tercera tendencia de las Newsonomics: Redefinir y reinventar lo local. Redefinir porque el término local abarca más cosas que una simple circunscripción geográfica. Y reinventar porque hay que adaptar el periodismo local para responder a las clásicas 6 W del periodismo desde la perspectiva del autor: quién hace el periodismo (recordemos que el periodista ya no tiene el monopolio de la noticia), cómo lo hace, cuándo lo hace, por qué lo hace, a quién lo hace y qué es lo que hace.

Hay que redefinir, porque local ya no es tan simple como una ciudad o una comunidad. La web nos permite ser tan local como deseemos, y la empresa periodística puede ampliar el alcance de sus noticias con la tecnología ofrecida por otros operadores como Google. Y de la misma forma, no necesitamos tener toda la información en una sola página y menos cuando no es local, porque podemos acudir a las fuentes directamente.

Todos estos cambios y el paso del papel a la web significa que, al final, las empresas periodísticas deben afrontar un cambio fundamental en su mentalidad, pasar de la cultura de crear un producto de consumo diario como es el periódico impreso a un modelo de redacción 24/7, que es lo que demanda la web y los nuevos usuarios. Y esa es una transición obligada, tal y como examinaremos en la siguiente tendencia: El viejo mundo de las noticias se fue, supéralo.

Más en la serie de Newsonomics:

 

Publicado por Miguel Ángel Alonso Pulido

16 de marzo de 2012 a las 9:26 am

¿Cuánto cuesta un periódico?

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El precio de un periódico es algo que ahora mismo está en tela de juicio. Por un lado, tiene que ser un precio asequible y popular pero, por otro, tiene que adecuarse a las necesidades crecientes de un producto que es muy caro de hacer y cada vez compra menos gente. Por ello, el aumento de precio de El País desde el pasado lunes es un paso adelante en el proceso de hacer a los periódicos un producto de lujo para minorías.

Puede parecer paradójico, pero es así. Los periódicos impresos se están convirtiendo en un artículo de lujo. Es un producto muy caro de hacer y distribuir, que requiere de grandes infraestructuras y cuyo precio todavía no reflejaba completamente esa realidad. La crisis económica mundial, unida al impacto de la red en el consumo de información, ha hecho que estas carencias salgan a la luz, a menudo con consecuencias trágicas.

El coste de un periódico es mucho mayor del que la mayoría de la gente está dispuesta a pagar. Piénsalo, ¿estarías dispuesto a pagar dos euros por un diario con las noticia de ayer? El modelo de periódico tal y como lo conocemos nació a finales del siglo XIX, cuando el papel era el método más fácil y asequible de llegar al mayor número de personas y no había manera de contar las noticias según pasaban. Hoy eso ya no es así y el modelo del periódico no está muerto, tan solo está mal enterrado.

Pero que no me acusen de querer matar al periodismo por decir que el periódico está muerto. Sostengo que el modelo del periódico está muerto, pero eso no significa que el periodismo también lo esté. Todo lo contrario, hay más oportunidades que nunca para los periodistas que estén dispuestos a asumir riesgos y crear nuevos modelos. El periodismo del siglo XXI todavía no ha nacido, y necesita buenos periodistas que ayuden en el parto.

Los periódicos no morirán. Seguirán publicándose, pero como he dicho antes, serán un producto de lujo con tiradas mucho menores que ahora y precios mucho mayores. Y la cabeza de lanza del periodismo serán los nuevos medios en internet que aún están por nacer. Medios que trabajarán con la base de que el precio de la información es cero y que aportarán más cosas que únicamente contarte lo que pasa. Medios que se financiarán con publicidad, con donaciones, con patrocinios, con suscripciones, ofreciendo cursos y seminarios, con las ventas de sus e-books, con todos esos métodos a la vez o con otros que ni siquiera imaginamos.

Ese es el futuro y no hojas de papel muerto.

 

Publicado por Miguel Ángel Alonso Pulido

14 de marzo de 2012 a las 9:26 am