EScomunicación

Textos y reflexiones sobre periodismo, tecnología y la relación entre ambos

Archive for febrero, 2012

SOPA, PIPA o Ley Sinde: El contraataque de la industria del contenido

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Para todos aquellos que no saben por qué la Ley Sinde es una ley inútil que no busca el beneficio de la sociedad en su conjunto, o no saben qué significa SOPA y PIPA y el impacto global que pueden tener en internet, el gran Clay Shirky nos lo explica. Ahora podréis entender por qué se revuelve la industria del contenido ante el cambio de paradigma.

Clay Shirky: ¿Por qué SOPA es una mala idea?

Publicado por Miguel Ángel Alonso Pulido

10 de febrero de 2012 a las 1:34 pm

8 de febrero, Día de la Independencia del Ciberespacio

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Declaración de Independencia del Ciberespacio
Gobiernos del Mundo Industrial, cansados gigantes de acero y carne, vengo del Ciberespacio, el nuevo hogar de la Mente. En nombre del futuro, os pido a vosotros, el pasado, que nos dejéis solos. No sois bienvenidos entre nosotros. No ejercéis ninguna soberanía sobre el lugar donde nos reunimos.
No hemos elegido ningún gobierno, ni pretendemos tenerlo, y no me dirijo a vosotros con más autoridad que aquella con que la libertad misma se expresa. Declaro el espacio social global que estamos construyendo independiente por naturaleza de las tiranías que buscáis imponernos. No tenéis ningún derecho moral a gobernarnos ni poseéis métodos para hacernos cumplir vuestra ley que debamos temer verdaderamente.
Los gobiernos derivan sus justos poderes del consentimiento de los gobernados. Ni habéis pedido ni habéis recibido el nuestro. No os hemos invitado. No nos conocéis, ni conocéis nuestro mundo. El Ciberespacio no se halla dentro de vuestras fronteras. No penséis que podéis construirlo, como si fuese una obra pública. No podéis. Es un acto natural que crece de, y a través de,  nuestras acciones colectivas.
No os habéis unido a nuestra gran conversación colectiva, ni habéis creado la riqueza de nuestros mercados. No conocéis nuestra cultura, nuestra ética, o los códigos no escritos que ya proporcionan a nuestra sociedad más orden del que podría obtenerse por cualquiera de vuestras imposiciones.
Proclamáis que hay problemas entre nosotros que necesitáis resolver. Usáis esto como excusa para invadir nuestros límites. Muchos de estos problemas no existen. Donde haya verdaderos conflictos, donde haya errores, los identificaremos y resolvereremos por nuestros propios medios. Estamos creando nuestro propio Contrato Social. Esta autoridad se creará según las condiciones de nuestro mundo, no del vuestro. Nuestro mundo es diferente.
El Ciberespacio está formado de transacciones, relaciones, y del puro pensamiento, que se extiende como una onda estacionaria en la telaraña de nuestras comunicaciones. El nuestro es un mundo que está a la vez en todas partes y en ninguna parte, pero no está donde viven los cuerpos.
Estamos creando un mundo en el que todos pueden entrar, sin privilegios o prejuicios debidos a la raza, el poder económico, la fuerza militar, o el lugar de nacimiento.
Estamos creando un mundo donde cualquiera, en cualquier sitio, puede expresar sus creencias, sin importar lo extrañas que sean, sin miedo a ser coaccionado al silencio o el conformismo.
Vuestros conceptos legales sobre propiedad, expresión, identidad, movimiento y contexto no se aplican a nosotros. Se basan en la materia y aquí no hay materia.
Nuestras identidades no tienen cuerpo así que, a diferencia de vosotros, no podemos obtener el orden por coacción física. Creemos que nuestra autoridad emanará de la moral, de un inteligente interés propio, y del bien común. Nuestras identidades pueden distribuirse a través de muchas de vuestras jurisdicciones. La única ley que todas nuestras culturas constituyentes reconocerían es la Regla De Oro. Esperamos poder construir nuestras soluciones particulares sobre esa base. Pero no podemos aceptar las soluciones que estáis intentando imponer.
En los Estados Unidos, hoy habéis creado una ley, el Acta de Reforma de las Telecomunicaciones, que repudia vuestra propia Constitución e insulta los sueños de Jefferson, Washington, Mill, Madison, DeToqueville y Brandeis. Ahora, esos sueños deben renacer en nosotros.
Os aterrorizan vuestros propios hijos, ya que ellos son nativos en un mundo donde vosotros siempre seréis inmigrantes. Como les teméis, encomendáis a vuestra burocracia las responsabilidades paternas que sois demasiado cobardes para afrontar. En nuestro mundo, todos los sentimientos y expresiones de humanidad, de las más viles a las más angelicales, son parte de un todo único, la conversación global de bits. No podemos separar el aire que asfixia de aquél sobre el que las alas baten.
En China, Alemania, Francia, Rusia, Singapur, Italia y los Estados Unidos estáis intentando rechazar el virus de la libertad erigiendo puestos de guardia en las fronteras del Ciberespacio. Puede que impidan el contagio durante un tiempo, pero no funcionarán en un mundo que pronto será cubierto por los medios que transmiten bits.
Vuestras cada vez más obsoletas industrias de la información se perpetuarían a sí mismas proponiendo leyes, en América y en cualquier parte, que reclamen su posesión de la palabra por todo el mundo. Estas leyes declararían que las ideas son otro producto industrial, menos noble que el hierro oxidado. En nuestro mundo, sea lo que sea lo que la mente humana pueda crear puede ser reproducido y distribuido infinitamente sin ningún coste. El trasvase global de pensamiento ya no necesita vuestras fábricas para ser realizado.
Estas medidas cada vez más hostiles y colonialistas nos colocan en la misma situación que pasados amantes de la libertad y la autodeterminación, que tuvieron que luchar contra la autoridad de un poder lejano e ignorante. Debemos declarar nuestros “yos” virtuales inmunes a vuestra soberanía, aunque continuemos consintiendo vuestro poder sobre nuestros cuerpos. Nos extenderemos a través del Planeta para que nadie pueda encarcelar nuestros pensamientos.
Crearemos una civilización de la Mente en el Ciberespacio. Que sea más humana y hermosa que el mundo que vuestros gobiernos han creado antes.
Davos, Suiza. 8 de febrero de 1996

Seguimos con aniversarios. Hoy se cumplen 16 años de la Declaración de la Independencia del Ciberespacio escrita por John Perry Barlow, un texto que en la actualidad sigue más vigente que nunca.

Publicado por Miguel Ángel Alonso Pulido

8 de febrero de 2012 a las 9:05 am

Categorias: internet

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Dos años de EScomunicación

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Y pasito a pasito, post a post, EScomunicación cumple hoy dos años. Parece que fue ayer cuando empecé a escribir en Blogger y ya han pasado dos años completos. Lo que más lamento es no tener una captura de pantalla de aquella época, ni siquiera en la wayback machine queda un registro de entonces, y es una pena. Hoy, aquel dominio lo tiene otro bloguero pero en la pequeña historia de esta página, siempre será el principio de todo. De allí pasé a mi dominio homónimo, donde ahora tengo alojada mi tarjeta de visita, algo mucho más apropiado que no un blog de comunicación, que para eso es mi propio nombre.com.

Hace poco menos de un año, se produjo la transición de Blogger a WordPress y de dominio.com a dominio.es. Y esa ya fue la transición definitiva. Con mi propio dominio, una herramienta de edición tan poderosa como WordPress y cada vez más ganas de seguir hablando y escribiendo sobre comunicación (aunque a veces cueste), solo me queda agradecer a todos los lectores y lectoras del blog, a los paracaidistas de Google y a los visitantes habituales (ya saben quiénes son). A todos vosotros muchas gracias y espero que me aguantéis durante muchos años. Salu2!

Publicado por Miguel Ángel Alonso Pulido

7 de febrero de 2012 a las 9:15 am

Categorias: Blog

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Lecturas 2.0 esenciales: Public Parts, de Jeff Jarvis

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Haz clic para acceder a la versión inglesa en Amazon.es. No hay versión en castellano por el momento.

El libro Public Parts de Jeff Jarvis es el primer estudio medianamente serio que he leído sobre lo privado (privacy) y lo público (publicness) en la era digital, y cómo lo uno no excluye a lo otro, sino que son interdependientes. Es imposible definir lo privado sin examinar lo público y viceversa. Jarvis explica que ya estamos viviendo nuestras vidas de forma cada vez más pública, compartiendo nuestros pensamientos, fotografías, vídeos, lugares, compras, recomendaciones y mucho más en Facebook, Twitter, Flickr, Youtube, Foursquare y otras plataformas creadas por empresas que basan su razón de ser en compartir. Por eso, el debate sobre qué es privado y qué es público será uno de los más importantes de los próximos años.

La tecnología ha cambiado nuestra forma de ser, y como nos encontramos en esta época de cambio de paradigma, hay mucha resistencia al cambio y miedo a lo desconocido. ¿Qué cosas necesitamos mantener privadas y por qué? ¿Cuáles son las raíces de nuestro temor a perder la privacidad? ¿Cómo relacionamos las diferentes visiones de la privacidad que cada persona tiene? Son preguntas que todos debemos empezar a tener en cuenta. Al igual que en la vida real, en internet cada persona debe poner sus propios límites a lo que quiere compartir con los demás, pero también tiene que sopesar las oportunidades que se pueden perder si no se es público, como recuperar amistades o hacer nuevas relaciones y contactos profesionales.

No sólo las personas deben hacerse estas preguntas. Los gobiernos también han de decidir sobre lo privado y lo público. Jarvis afirma, y yo coincido con él, que los gobiernos deben ser públicos por defecto y privados sólo por necesidad. Hay muchas razones para que haya información restringida bien sea por seguridad, por investigaciones criminales o por cuestiones diplomáticas. Todo lo demás tiene que ser público, es nuestra información. Pero los gobiernos no actúan así, y por eso surgen nuevas especies como Wikileaks, contra los que el status quo puede luchar, pero no prevalecer. Clasificar más información como secreta no es la respuesta, porque cuánto más secretos ocultas, menos confiable eres para decidir qué es secreto. La transparencia en la vida pública es la mejor estrategia.

Al igual que los gobiernos, también las empresas deben valorar los beneficios que les supondría ser más públicas.  Imagina una empresa que escuchase a sus clientes y que colaborase con ellos para que le ayudaran a diseñar los productos. Esa colaboración en el diseño daría a la empresa un producto con una demanda certificada, lo que estabilizaría las ventas y eliminaría los riesgos que siempre supone lanzar un nuevo producto. Además, la imagen de la marca cambiaría, transformando a la empresa en la compañía que convierte a sus clientes en socios. ¿Como consumidor, quien no elegiría a una empresa así? En un mundo enlazado y una economía basada en relaciones, el aislamiento sale muy caro.

Newspapers B&W (3)

Public Parts para los periodistas

En lo que al periodismo se refiere, Jarvis (que es profesor de periodismo en la City University de Nueva York) habla de la diferencia entre el trabajo periodístico como producto finito y el trabajo periodístico como proceso inacabado. Si anteriormente todos los productos periodísticos tenían un principio y un fin en el espacio y en el tiempo, hoy eso ya no es así. La noticia digital nunca muere, es un proceso continuo con múltiples autores en el que los periodistas no son ya los dueños únicos de la información.  El periodismo del futuro estará en una continua fase beta, mejorándose y reinventándose a cada momento.

La profesión periodística se enfrenta a un proceso de transformación, dentro de una crisis económica que coincide con el paso de una economía industrial a una economía digital en la que la información es la nueva moneda. Y ante estos cambios, sólo hay dos posibilidades: resistirse, lo cual es inútil, o intentar entenderlos y aprovechar las oportunidades que representan. Las empresas periodísticas harían bien en construir su futuro digital antes que proteger su pasado impreso. 

El problema para las empresas periodísticas es que la vieja arquitectura de sus mercados ha sido barrida por la red y la transparencia que exige. Los medios solían construirse sobre marcas. Para conseguir contenidos, accedíamos a esa marca y comprábamos su publicación o veíamos su programa. Eso daba el control al propietario del medio, pero ahora esa relación se ha invertido.

Ahora todo empieza en el consumidor, que se hace una pregunta. Y ante la sobreabundancia de información en que vivimos, la industria de la búsqueda, personificada en Google, es la que encuentra las respuestas. Si tu contenido está ahí con la respuesta (que puede ser el resultado de un partido o la última noticia sobre sobre un suceso), estupendo. Si no lo está, es como si no existieras.

Después llegó una fuerza más poderosa que las herramientas de búsqueda: nosotros. Nuestros enlaces a través de Twitter, Facebook, blogs y otras herramientas sociales desafían el poder del propio Google. El contenido no es la clave, la distribución tampoco. Las relaciones son la clave, y esas relaciones y cómo se construyen, cuáles son públicas y cuáles son privadas, serán lo que determine nuestro futuro.

En resumen, el libro de Jarvis es una mirada muy necesaria a las nuevas realidades que provoca el cambio tecnológico, planteando muchas preguntas y respondiendo algunas de ellas. Quiero terminar este post con una cita del mismo, que creo lo resume perfectamente (la negrita es mía).

Internet, ordenadores exponencialmente más rápidos, almacenamiento de datos cada vez más barato, bases de datos mayores y más eficientes, tecnología móvil, cámaras en cada esquina y cada mano y en el cielo, notación geográfica de la información, redes sociales y plataformas omnipresentes de publicación hacen posibles formas completamente nuevas de recopilar y compartir información. Y pueden ocurrir cosas malas. Es sabio y prudencial considerar esa posibilidad y prevenirse contra los peligros, como proclama el ejército de partidarios de la privacidad. Pero esas nuevas tecnologías también representan nuevas oportunidades, que podríamos perder si estamos demasiado ocupados construyéndonos un bunker.  

La historia de la empresa que no supo adaptarse: Kodak y sus lecciones para la prensa escrita

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No more fairy tales

Érase una vez, hace mucho tiempo, una empresa que era la más importante de su sector. Tenía miles de empleados y oficinas en los países más importantes del mundo y sus productos eran usados por millones de personas en todas las partes del planeta. La vida era buena y feliz para la empresa, pero un día ocurrió una cosa: La tecnología cambió la forma en que sus clientes usaban sus productos. Ya no gastaban su dinero en productos físicos, sino que empezaron a usar ordenadores para archivar esa información. Los productos físicos eran sustituidos poco a poco por productos virtuales. Y la empresa, que había construido su modelo de negocio en la venta de sus productos físicos, comenzó a tener pérdidas.

Primero, achacó las pérdidas a una moda pasajera. Después, pensó que era una tendencia minoritaria. Finalmente, se rindió a la evidencia. Los avances de la tecnología habían hecho que sus productos, el corazón y razón de ser de su empresa, fueran obsoletos. Pero la empresa no supo reconocer su error y, en vez de buscar maneras de sumarse a la nueva realidad, en la que los productos virtuales eran mucho más numerosos y baratos que los físicos, intentó por todos los medios mantener las cosas como estaban. Campañas de publicidad, nuevos productos físicos que intentaban hacer sombra a los virtuales, incluso presionaron a los gobiernos para que legislaran a su favor. Todo sin resultado, hasta que la empresa dejó de ser importante y sus productos ya no los compró nadie…

Este pequeño cuento puede aplicarse a muchas empresas e industrias incapaces de asimilar el cambio de paradigma que estamos viviendo. El caso de Kodak es quizás el ejemplo más claro y sangrante de cómo una empresa de productos físicos ha sido incapaz de adaptarse a la era de los productos virtuales. En lugar de ver la fotografía digital como el futuro, lo vieron primero como una amenaza y luego como un negocio secundario dentro de su todopoderosa maquinaria, dedicada a la fabricación de rollos de película. Lo que fue el puntal de una industria que movía millones se convirtió con el tiempo en un lastre, a medida que los consumidores y profesionales abrazaron la fotografía digital. Y no hace falta ni nombrar el impacto que supusieron los móviles con cámara integrada.

Lo digital está sustituyendo a lo físico y no sólo en el mundo de la fotografía. El error de Kodak fue identificarse con los rollos de película y no con las fotografías. En lugar de capitalizar el concepto del momento Kodak, se dedicó a ser el primer fabricante de película del mundo, un negocio que se volvió obsoleto y ha arrastrado a la compañía a la bancarrota. Y esto mismo está ocurriendo con los medios de comunicación, particularmente el sector de la prensa.

En lugar de buscar nuevos modos de conseguir beneficios en internet, están buscando métodos para seguir exprimiendo el periódico físico que, cada vez es más evidente, está a punto de desaparecer. Dentro de la profesión nadie quiere creerlo, todos siguen “disfrutando del olor del periódico en la mañana”… pero luego consultamos todas las noticias en la web. Las ventas y la difusión bajan y los diferentes cabeceras lo tienen cada vez más difícil para sobrevivir, pero nadie se atreve a certificar la muerte del negocio de la prensa tal y como lo hemos conocido.

Si a cualquiera le hubieran preguntado en 1990 si podría imaginarse un mundo sin Kodak la respuesta sería que no. Hoy no es necesario que lo imaginemos, casi estamos viviendo en él. Si ahora me preguntan si imagino un mundo sin periódicos, diré igualmente que no. Sobrevivirán como un apéndice de la industria digital del periodismo. El papel es un soporte ideal, barato y perdurable, pero ya no puede ser el soporte principal de la información.

Publicado por Miguel Ángel Alonso Pulido

1 de febrero de 2012 a las 8:44 am