Wikileaks, una nueva especie en el ecosistema informativo

Desde hace unos cuantos días, hasta el menos enterado de los mortales conoce qué es Wikileaks y quién es Julian Assange. La revelación de más de 250.000 cables diplomáticos de Estados Unidos, apoyada y distribuida a través de cinco de los periódicos más influyentes del mundo, ha conseguido que hasta en las tertulias de bar se hable ahora del cablegate, de la denuncia por violación contra Assange y de las maniobras para impedir que Wikileaks siga operando.

Wikileaks es una muestra más del cambio que han producido internet en nuestra sociedad. En este caso, es la aparición de una especie nueva que ha aparecido en el ecosistema informativo y que es difícil de definir. No es un medio de comunicación, aunque haya periodistas trabajando en él. No es un ONG, aunque comparte características como el no tener ánimo de lucro o sustentarse por donaciones. Lo único que sí es, es un altavoz, cada vez más importante y con más potencia.

No nos engañemos, la detención de Lassange es accesoria. Wikileaks continuará sin él (de hecho, su sucesor puede dar mucha más caña) e incluso aunque desapareciera, surgirían muchos más sitios similares. El temor que genera Wikileaks en los gobiernos no es a causa de que pueda llegar a millones de personas, lo temen porque hasta ahora todo lo que ha sacado es verdad, han sido informaciones veraces que no se han podido desmentir ni probar que pusieran en peligro la seguridad internacional.

Las nuevas tecnologías han hecho posible que la información fluya como nunca antes. Cualquier intento de controlar el acceso a la información está condenado al fracaso, porque cualquier persona puede convertirse en un nuevo Wikileaks y comenzar todo de nuevo. No es que hayan cambiado las reglas de juego, que también, es que el mismo tablero ha sido sustituido por otro en el que todos podemos ver las fichas de los demás, y aquellos que esconden sus fichas pasan automáticamente a ser marginados del juego.

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